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Lucrecia Martel: "Nuestro fracaso como nación tiene que ver con no querer saber quiénes somos"

Entrevista

A días del estreno de Nuestra tierra, el documental filmado en Tucumán que retrata el crimen del comunero Javier Chocobar, la cineasta habló en exclusiva con el diario y reflexionó sobre la investigación del caso, la identidad nacional y el silenciamiento de los indígenas: “Del arte no sé nada, una película es un esfuerzo para establecer una conversación”. Por Exequiel Svetliza.

Lucrecia Martel, foto: Coni Rosman.





Acaso por esas paradojas del destino o por cierto afán metafórico de los acontecimientos, todo comenzó un 12 de octubre; el día en que se conmemora el Día del Respeto a la Diversidad Cultural, antes conocido como Día de la raza. La efeméride que recuerda el momento histórico en que todo empezó a cambiar para las comunidades aborígenes que habitaban y todavía habitan el continente: 12 de octubre de 1492, cuando Cristóbal Colón pisó por primera vez este suelo; el comienzo de la conquista, de la colonización, del posterior genocidio. Otro 12 de octubre, esta vez de 2009, en un paraje tucumano del Valle de Choromoro llamado El Chorro, territorio habitado por la comunidad originaria de Los Chuschagasta, parte del pueblo Diaguita. Tres hombres: el terrateniente Darío Amín y dos ex policías, Humberto "El Niño" Gómez y Eduardo José Valdivieso, ingresaron a la comunidad y dispararon contra tres de sus miembros: Javier Chocobar, Emilio Mamaní y Andrés Javier Mamaní. Emilio y Javier terminaron heridos por las balas, mientras que el comunero de 68 años Javier Chocobar murió desangrado en el lugar. La discusión previa y el crimen quedaron registrados por una cámara que llevaban los agresores. Esa es la historia que cuenta la cineasta Lucrecia Martel en “Nuestra tierra”, el documental que se estrenará este 5 de marzo en los cines del país. Esa historia y la de Los Chuschagasta. Esa historia que también es la historia de una Nación fundada en el despojo y su afán de silenciar a los habitantes ancestrales del territorio. 

Martel filmó el juicio por el asesinato de Chocobar que se desarrolló nueve años después del crimen, visitó el territorio ocupado por el pueblo Diaguita, habló con los miembros de la comunidad, registró las fotos y los escasos documentos que quedan de la historia Los Chuschagasta y dio cuenta de la disputa histórica por el territorio; un relato tensionado por la indiferencia estatal ante el reclamo permanente de las poblaciones originarias y por una narrativa historiográfica y mediática -entre los entrevistados está Carlos Páez de la Torre (h)- que operó legitimando la expoliación de las tierras de las comunidades indígenas. “Nuestra tierra” es el resultado de ese largo proceso de investigación; un trabajo de orfebrería documental donde confluyen voces y rostros que parecen condenados al destierro, no solo del suelo, sino también de la memoria. 

Fotograma del documental "Nuestra tierra".

El viernes, en el preestreno de la película en Tucumán, los referentes de distintas comunidades indígenas que habitan en Tucumán presentes en la sala volvieron a insistir con el reclamo territorial y la necesidad de ser escuchados por el Estado provincial; justamente un Estado que se jacta de hacer del dialoguismo su práxis política. “Creo que la película va a ser una oportunidad para sentarse a llevar un diálogo como corresponde con el Estado provincial. Dios quiera que esto pueda ser posible dentro de poco tiempo”, reflexionó Azucena Cata, cacique de la comunidad de Los Chuschagasta. 

“Si uno sigue la historia de la colonia hasta el pasaje al Estado nacional, lo único que aglutina a la argentinidad es el desprecio por el indio. Nada nos constituyó como Nación salvo el enorme desprecio por el indio”, reflexiona Lucrecia Martel en “Un destino común”, el libro de publicación reciente que reúne en forma de ensayos sus conferencias e intervenciones públicas. En la presentación del vienes, la directora puso a disposición del Gobierno provincial toda la documentación recabada a lo largo del proceso de investigación para la película e interpeló al gobernador Osvaldo Jaldo: "Este es un gran año para tomar una gran decisión, restituir las tierras a la comunidad Chuschagasta y ojalá a todas las comunidades de Tucumán que están reclamando hace décadas esto. Y decirle que lo que necesite de información, la evidencia histórica que necesite para tomar esa decisión, está disponible cuando quiera". 

Acerca de la problemática histórica de los pueblos originarios, de la identidad nacional, del fracaso continúo de un país que no se hace cargo de su pasado y del cine como un lenguaje para tender puentes con los demás habló Martel en esta charla exclusiva con eltucumano.com.


-¿Cómo surgió el interés por el crimen de Javier Chocobar y por la historia de la comunidad de los Chuschagasta?

Lucrecia Martel: Habían transcurrido unos seis meses del crimen cuando vi el video en YouTube. Recordé que ya lo había visto en televisión. Aclaro esto, porque es algo sobre lo que hay que pensar, la dificultad de realmente ver una noticia. Javier Chocobar fue asesinado el 12 de octubre del 2009. El asesino de Chocobar grabó unos minutos previos al crimen de Javier. Son tres tomas que suman 4 minutos.

En nuestro país han sucedido muchos crímenes contra las comunidades indígenas. Es la palabra de unos contra otros. La palabra de las comunidades siempre es puesta en duda. Porque la existencia misma de los indígenas está en duda para el resto de los argentinos. Aunque hay muchos ataques a comunidades registrados en video, ni las imágenes ni los sonidos han logrado que la opinión pública se incline en su favor. Un país fundado en la usurpación de tierras tiembla cuando aparecen los indios. Son señales de que hay algo en nuestra historia que se ha callado. La propiedad privada, piedra fundamental de la república, revela su ilegitimidad crónica. Es injusto para las comunidades y es injusto para los propietarios que adquirieron sus propiedades sin patrañas.

El asesino de Chocobar sostenía la cámara con una correa al cuello, y llevaba un revolver escondido en el cinturón. Para cualquier persona de cine esas son circunstancias muy llamativas. Entonces empecé a investigar con la ayuda de muchas personas que creen que no podemos seguir sin entender quiénes somos.


-¿Cuáles fueron las principales dificultades y los mayores desafíos del largo proceso de investigación?

Lucrecia Martel: Con la comunidad tengo un vínculo de muchos años. Quería que confiaran en mí, pero eso no se logra fácilmente, porque la decepción es la experiencia más frecuente con los visitantes de la ciudad.

La consigna para las distintas personas que me acompañaron a la comunidad era escanear todos los documentos que nos brindaran. Los documentos y las fotos. Grabábamos conversaciones sobre cada foto. Después por meses no volvíamos. Clasificábamos y organizábamos toda la información, y cuando regresábamos entregábamos lo que habíamos investigado y los archivos digitales de todos los documentos y las fotos. Mientras tanto la investigación continuaba. Revisamos todo lo que pudimos en relación con la comunidad. Tuvimos que esforzarnos muchísimo, no hacer promesas que no pudiéramos cumplir. Conté con la colaboración de personas de gran solidez espiritual e intelectual. Eso hizo todo más fácil.


-Aun cuando el crimen de Chocobar quedó registrado en video, las víctimas debieron esperar casi 10 años para la realización del juicio y 16 años para que exista una condena firme de los responsables ¿Qué mirada y qué verdad considerás puede aportar el cine en ese largo y tortuoso proceso de restitución de justicia? ¿Cómo convive el arte con la denuncia en este caso?

Lucrecia Martel: Eso es lo que ojalá pudiéramos aprender de las comunidades. Es muy difícil ser una comunidad. Todas nuestras formas políticas ensayadas han conspirado contra las comunidades indígenas. Y sin embargo siguen. Sobreponiéndose a todo el ruido externo e interno, siguen avanzando. Es admirable.

Del arte no sé nada. Una película es un esfuerzo para establecer una conversación. Es el trabajo de inventar un lenguaje que te permita ver de nuevo, escuchar de nuevo. Alterar la percepción. Es muy difícil, yo lo logré por segundos en algunas películas. En esta fui más ambiciosa.


-En Nuestra tierra hay un gran trabajo documental con el registro oral. ¿Cómo se vinculan y tensan las relaciones entre el archivo, el documento, la perspectiva historiográfica y la oralidad a la hora de reconstruir la historia de los Chuschagasta?

Lucrecia Martel: Toda comunidad, todo barrio, toda familia tiene que procurar su propio archivo fotográfico, de audio, de video, de papeles para no irse al infierno de la historia que es la negación.

No estaban. No existen. Cuando se hace esa operación el cuerpo de las personas es más frágil, es volátil, tiene que migrar. Por eso es tan importante que el trabajo de los investigadores sea fácil de leer, llegue a la gente, a las familias. No saber es la puerta para dejar de existir. La academia es responsable también del fracaso de un país que salta de crisis en crisis.

Fotograma del documental "Nuestra tierra".

-¿Cuál considerás que es actualmente el lugar de las comunidades originarias en el relato de la Nación y cuál es el rol del Estado en la construcción de ese relato?

Lucrecia Martel: El lugar de las comunidades hay que preguntárselo a las comunidades. Alguien que no tiene lugar sobre el planeta difícilmente tenga lugar en la historia. El Estado tiene que animarse a continuar con el diagnóstico que proponía la ley 26160 (Ley de Emergencia Territorial Indígena, sancionada en 2006 y derogada en 2024). Esa ley era para entender lo que estaba pasando. Enterarnos de los problemas de territorio que tienen las comunidades, conocerlos un poco. Desde 1810 estamos dando vueltas, mintiéndonos de todas las maneras posibles. No hay un ciudadano argentino que ignore que antes de que lleguen sus abuelos en barcos, había gente acá. Es una vergüenza arrastrar este problema. Y nuestro continuo fracaso como nación tiene mucho que ver con esto, no querer saber quiénes somos. Necesitamos instituciones que sobrevivan a los experimentos económicos.


-En el documental, uno de los miembros de la comunidad Chuschagasta asegura que todo diálogo con el hombre blanco y con las instituciones estatales implica ceder parte de la tierra. ¿Crees que es posible el diálogo con un gobierno de características autoritarias y fascistas como el actual gobierno nacional? ¿Qué cedemos cuando asumimos esa postura dialoguista?

Lucrecia Martel: El Gobierno tiene que expresarse sobre este tema. Ser valiente, escuchar a las comunidades, porque la propiedad privada no impide a ningún humano comprender la necesidad de otras personas a la propiedad comunitaria. No quieren vivir del Estado, quieren vivir de su tierra, de su trabajo. No pierdo las esperanzas de que alguien en este gobierno vea la oportunidad histórica, porque hasta ahora nadie lo ha hecho, nadie ha ido al fondo de la cuestión. Delfín Gerónimo, referente de la comunidad Quilmes, me decía: "Necesitamos mejorar nuestro ganado, tener vías para comercializar nuestros productos". Este gobierno puede entender ese lenguaje. Existen modelos alternativos al mega agronegocio. Nunca vi un país rico sin pequeñas y medianas empresas. Alguien que sepa de economía, de verdad, puede ayudar.

Para que ese diálogo entre el gobierno, su pueblo y su historia sea fructífero, hay que ayudar. Evitar el dogmatismo. La visión doctrinaria llena de prejuicios la mente. Animarse a subir un cerro, a meterse en el monte y hablar con la gente.


Mirá el trailer de la película: