Una casa en Tucumán
Flora y fauna de Moreno 250, barrio Sur, Tucumán, la casa donde escribimos, la casa donde informamos, la casa donde escuchamos, la casa donde gritamos, la casa donde cantamos, la casa donde vivimos. Es una casa de Tucumán. No es una casa más. | Por Alfredo Aráoz
La casa. Foto: Cecilia Córdoba.
Hay una casa en Tucumán con ladrillos a la vista, persianas venecianas, trece puntas de lanza antes del ventanal y la puerta de roble principal. Es una casa grande que se abre con un manojo de llaves, tocando el timbre que suena más de lo habitual o dando dos aplausos secos como en el almacén.
Una vez que entramos a la casa, caminamos sobre el piso de losas y, al girar a la izquierda, lo primero que aparece es un mapa físico-político de la provincia de Tucumán, República Argentina. Aquí es donde queda la casa. Y como todas las casas, no es una casa más.
A los teclados que suenan este martes 24 de marzo los rodea un ventilador Liliana, una mesa ratona con el casco de la moto de una compañera, la televisión encendida sin volumen y un equipo de música Sony que, como lo viejo, funciona.
Siempre hay música y noticias en esta casa.
Por las mañanas, el dial del equipo de música está clavado en FM 95.9. Por las tardes suenan los últimos momentos, algún grito de gol, el compilado de DJ Goro Figueroa con Las Minifaldas, Vielmetti y Don Carlos hasta que, ya por las noches, asoma ella, asoma Mercedes Sosa y su razón para vivir en un vinilo cerca de él, de Atahualpa Yupanqui y la luna que sabe de nuestro largo caminar.
Contracanto, fechado y dedicado en 1974 por Miguel Ángel Estrella, asoma entre los anaqueles de la casa. Es la portada del álbum con las palmas de las manos abiertas sobre un fondo rojo. Detrás de la portada, con letra de maestra en birome azul, se leen las seis letras que dan nombre a la autora de la casa: Chuchi.
Lía Chambeaud no es una mujer más. Militante incansable por los Derechos Humanos y madre de esta casa desde hace unos años llamada eltucumano y latucumana, aquí la Memoria, la Verdad y la Justicia siempre fueron, son y serán pañuelo y bandera. A Chuchi abrazamos en este día y cada día.
No es un día más.
A veces, como en el reloj de pie de la redacción que un día vamos a arreglar, el tiempo se detiene por un instante para la reflexión y para seguir, para continuar por la casa, para jugar al metegol del patio o para sentarse a cambiar el mundo bajo el mural donde está lo que nos identifica.
Así llegamos a la cocina, así ponemos el agua para el mate, para el café, lo de siempre: en la calle y en vos, cuando de repente… un árbol plantado en el fondo de la casa corona este recorrido, mientras el gato de la vecina merodea por los techos, flora y fauna de Moreno 250, barrio Sur, Tucumán, la casa donde escribimos, la casa donde informamos, la casa donde escuchamos, la casa donde gritamos, la casa donde cantamos, la casa donde vivimos. Es una casa de Tucumán. No es una casa más.











