La verdad de la memoria, verdad y justicia
Viviendo en una era regida por el relativismo y la postverdad me resulta particularmente valioso invertir un día en la memoria, verdad y justicia. Más allá del proceso histórico que fundamenta la conmemoración del 24 de marzo, quiero ahondar en cómo esta triada conceptual es la “check list” indispensable para alcanzar la plenitud humana. Los que me vienen leyendo se habrán dado cuenta que tiendo a explayarme en extensos fundamentos históricos. Hoy el camino es otro, me enfocaré en lo verdaderamente útil. Síntesis presente.
Más allá de un feriado y finde largo, hoy elijo vivir en la memoria, verdad y justicia. Mañana también y cada día por motivos netamente utilitaristas. Me explico, lejos de las pesadas cargas del moralismo, mi decisión es sencillamente fruto de mi necesidad de paz mental y espiritual. Egoísmo explícito.
La justicia, un flujo kármico, me moviliza a retribuir el retorno que recibo de esta inversión, por lo que "debo" compartirles los fundamentos de mi resolución y sus beneficios. Para ello, voy a manifestar mi perspectiva de cada vértice del triángulo memoria, verdad y justicia. Como diría nuestra ministra de seguridad, Pato Bullrich, "ya lo vas a entender". Paciencia.
Para comenzar voy a reorganizar los elementos. Verdad, memoria y justicia. Lo primero e indispensable es la verdad, ya que sin ella la memoria y la justicia son reemplazadas por psicosis y crueldad respectivamente. Una cuestión bastante coincidente con los hechos históricos conmemorados ayer y su interpretación. Es todo lo que voy a decir sobre eso (por ahora).
Comencemos.
Veritas
La verdad si existe, es una sola, aunque inabarcable. Solo podemos alcanzar una perspectiva. Mirada que será más amplia si seguimos buscando y manifestando lo verdadero. Así de simple.
Para sumar verdad, primero hay que transformar la falta de la misma, convertir el signo negativo en positivo. Para abarcar más verdad primero es indispensable abandonar la mentira.
Personalmente, desde mi cuero de operador bursátil, considero una excelente inversión abandonar la mentira. Esto rompe las leyes de la economía ya que la inmovilización de capital es nula y, por lo tanto, el riesgo es inexistente, mientras que el retorno es instantáneo y técnicamente infinito. El primer paso para encarar una inversión es dejar de perder, cortar el endeudamiento, saldarlo y ahí sí acumular. El primer paso hacia la verdad es dejar de mentir.
En ese sentido, en el fondo todos sabemos que la mentira es siempre dañina, particularmente las que nos hacemos a nosotros mismos. La distorsión de nuestra autoimagen es el fruto de todos los males; sin una autoimagen coherente será imposible obtener una relación armónica con nuestro mundo interno y ni hablar con el mundo externo.
Siendo verdaderamente honestos con nosotros mismos, automáticamente se prescinde de mentir al otro. Un sinsentido que en realidad nos distorsiona más a nosotros mismos que a otra persona.
Mentir al otro es una inversión de energía y capital altamente costosa y tonta. Sencillamente mentir es un gasto muy desequilibrado con respecto al supuesto beneficio. Podrá tener algún retorno corto, aunque la aritmética a la larga o a la corta es de signo negativo. La balanza se desequilibra particularmente mintiendo por pavadas. “Llegué tarde porque pinché una rueda, bla bla”. Prueben con decir la verdad, van a ver el efecto sobre el otro. “Perdón, llegué tarde porque me dormí”. Sin detalles y es verdad. Van a ver como el otro sencillamente acepta lo que es verdad y se pasa a otro tema. Es un hack. Ojo, si usas el mismo truquito deja de funcionar porque deja de ser verdadero. El perdón del principio ya sería la mentira.
El punto es que, establecido esto, vivir en lo verdadero deja de ser un gran misterio, en el fondo siempre sabemos cuál es la verdad. Es lo primero que percibimos. Se puede catalogarlo como intuición, aunque creo que va más allá del instinto y sus falacias. Lo que pasa es que rápidamente tapamos eso primero que salta con maquillaje mental; principalmente por representar algo "inconveniente" para el cuento que cada uno vive.
En resumen, la verdad siempre está ahí, primero, sin análisis ni razonamiento. Está en cada uno querer aceptarla.
No filter
Eso sí, recomiendo discreción e intimidad por sobre el sincericidio en todo momento. Para empezar, la verdad sin empatía se convierte en crueldad, una injusticia.
Algo a destacar ya que hoy se pone como un gran valor vivir sin filtro, en el ser cruel y despiadado. Un filtro es un mecanismo que limpia, retiene impurezas en un flujo. Manifestar cada divergencia mental o emocional es dejar pasar las impurezas. Esto es liberar el flujo de la neurosis (distorsionar la realidad), psicosis (inventar una realidad) y hasta la psicopatía (ser una máquina cruel y destructiva por carecer de empatía). ¿Alguna coincidencia con 1970?
Ya en el presente, ¿se dieron cuenta cómo se recompensa esto de vivir sin filtro en la actualidad? El influencer, panelista, economista que menos filtra es el que más audiencia obtiene y hasta puede aspirar a la presidencia de su país.
Volviendo al eje, todo esto se puede sintetizar como el proceso de materializar las mentiras autoinflingidas y su nocividad inherente. Materializar y exteriorizar. Dañar deliberadamente (porque la verdad ya la sabemos) a uno mismo y al entorno.
Alguno me dirá, tal miente y llega a ser millonario, famoso o presidente. Yo respondo. ¿Alguno cree en verdad que esos tipos viven en la plenitud y riqueza humana? Se los ve mal. Se los ve en estados alterados, evidentemente sufriendo de paranoia, constantemente amenazas o chantajes. En muchos casos son directamente asesinados o mueren en condiciones deplorables en general como consecuencia de sus excesos. O directamente terminan en prisión o procesos jurídicos desgastantes e interminables. Ya hablaremos de la justicia.
Sintetizando lo establecido, la respuesta es equilibrio, coherencia y armonía. Ni sincericidio, ni crueldad, ni psicosis.
Vivir en la verdad con discreción, construyendo un sano círculo de intimidad y con un buen filtro que detenga en seco cualquier desvarío. Ser auténtico, genuino, es un estado de síntesis presente. Ser todo lo que nos pasa por la cabeza es ser nada, una inconsistencia. De la infinita paleta de posibilidades, elegir lo que queremos que nos represente, lo que en verdad queremos materializar.
Definir, delimitar, dar límite. No es todo relativo, no es verdadero autopercibirse cualquier cosa, no vale el "todo vale". Por contraste lógico y razonamiento básico de la economía (la gestión de la escasez), "si todo vale", nada vale.
En cambio, como en una composición musical, nos componemos. Se eligen notas, duraciones y SILENCIOS. La falta de límites, tocar todas las notas, es ruido. Un tema del que hablé en profundidad en mi última nota titulada la “La fe” en el apartado “Somos ruido”, donde explico en esencia el concepto de la verdad como un todo "inalcanzable".
En resumen, establezco que si todas las frecuencias sonoras suenan al mismo tiempo se genera ruido blanco, ese “shhhh”. Desde ese ruido, con ecualizadores (en definitiva un filtro) podemos moldear y sintetizar (delimitar frecuencias) cualquier tipo de timbre, cualquier sonido, desde un canto de un ave hasta un relámpago.
Siguiendo la analogía musical, cuando hablo de silencio, tampoco se trata de censurar lo que somos. Simplemente hay que aplicar planos, ser discreto, construir niveles de intimidad; una cuestión sagrada.
En fotografía la sobreexposición es quemar la foto, entra tanta luz que todos los colores en alta intensidad se traducen en blanco, una nada sin jerarquía, sin límite, otro "shhhh". Por eso se limita la exposición con el obturador o se aplican filtros. La subexposición es un tema también, si hay poca o nada de luz la foto es negra. El piano sin ser tocado es silencio. La falta de expresión también es vivir en la mentira, la verdad debe ser expresada en el plano adecuado. Equilibrio.
Es interesante la analogía de la fotografía ya que es el arte de tomar una impresión de la realidad. En ese sentido debemos aspirar a ser los mejores fotógrafos. Abrir el lente, hacer un buen encuadre, en foco, con la exposición correcta y con los filtros necesarios. Sonría.
Memoria
La memoria es sencillamente acceder a los fundamentos de la verdad presente. La verdad no caduca. La memoria constituye en efecto los ladrillos que construyen nuevas verdades.
Distorsionar o negar la verdad en tiempo pasado solo puede construir falacias y un estado psicótico. Acomodar los hechos para sostener artificialmente un relato o ideología es algo que está dilapidando al país y al mundo en realidad.
Recordemos quienes somos y de dónde venimos todos los días y solo así podremos sentar las bases de una vida en plenitud. Como personas, como colectivo, como nación, como seres humanos.
La memoria es poderosísima porque es el motor del aprendizaje. Recordar en la verdad es aprender. La justicia sin memoria, sin aprendizaje, sin perdón es simplemente crueldad, venganza, una descarga negativa nociva. Lógicamente sin aprendizaje, sin memoria, sin perdón esa injusticia jamás se cerrará y se manifestará una y otra vez, de distintas maneras hasta completar el aprendizaje, si es que se da.
Hoy, de nuevo, en Argentina son más de 30 mil los desaparecidos. Hablo de personas que literalmente murieron fruto del actual proceso de saqueo y recesión autoinflingida. ¿Hay alguna duda de esto?
Justicia
Algo que nos puede liberar de todo el peso es aprender lo que en verdad es la justicia. La justicia directamente es karma. Así de simple. Es incontrolable fuera de uno mismo.
Solo podemos manejar el propio. Si recibís, tenés que dar. Si das, vas a recibir.
No es algo bidireccional. Si alguien te da algo, vos podes "devolverlo" a otro. Si espontáneamente das, vas a recibir desde cualquier dirección. Esto es automático gente y lo expreso desde mi experiencia palpable.
Ni siquiera es un gran esfuerzo. No se trata de ser el tutor o padrino del otro, es simplemente dar un impulso positivo de cualquier magnitud. Está en el otro aprovecharlo. Si el otro sigue en la misma deja de ser un tema tuyo, estás libre de responsabilidad cuando diste un gesto genuino y oportuno. En realidad siempre estás libre de responsabilidad con el otro, la única responsabilidad es con uno mismo (ampliaremos luego).
El punto es que con esta concepción de la justicia, nos liberamos de la “contabilidad” de favores y nos mueve a una generosidad más genuina y menos transaccional. Nos liberamos del estado deuda desde o hacia nosotros mismos. Damos si esperar algo a cambio de ese otro, el balance puede venir de esa contraparte o de algún lado. Sin dudas vamos a recibir, si somos receptivos de los que se nos dá lógicamente.
La otra dimensión es la amplitud de ese dar y a quién dárselo. La contabilidad del karma no es acumulativa. Una acción buena oportuna puede frenar en seco todo un flujo negativo. Si andan cargados prueben de hacer algo bueno por el otro porque sí. Cambia la cabeza. “Ah, pero no tengo tiempo, bla bla bla”. Den lo que “no tienen” y el efecto kármico será exponencial.
Tampoco van a andar buscando como prostituir este sistema despilfarrando esa energía y recursos con cualquiera que se cruce. El falso altruismo es evadir las responsabilidades propias en el problema del otro.
Justicia, es “lo justo”, mientras que forzar no es justo, es un exceso de fuerza. Un gasto energético que sólo halla su raíz naturalmente en la mentira.
Se trata de fluir, dirigirse, recorrer, no forzar. Ya van a ver que el momento oportuno de dar aparece solo, simplemente hay que responder a ese llamado y les aseguro que no implicará gran esfuerzo.
Ni siquiera debe ser algo material, una palabra, un elogio puede ser el mundo para el otro. Inicien una interacción con la premisa, “¿qué le puedo ofrecer a esa persona?”, van a ver en lo fructífera que se convierte esa relación.
Y ni siquiera debe ser otra persona, en vez de matar una araña, tomate el laburo de sacarla afuera. Vas a ver como cambia la cosa. El karma es asimétrico, un leve esfuerzo tuyo puede ser el mundo para el otro. Ergo, ese esfuerzo leve, te puede traer un beneficio que sea el mundo para vos. Le salvas la vida a una araña, el mundo para ese ser vivo.
Con lo malo es el mismo mecanismo. Por ej, si mentís vas a recibir mentiras.
Más allá de eso, verán que el karma es una semejante arma de doble filo. Recibir y no dar ya es un tema. Imaginen quitar, dañar, abusar, etc. Matar. En vez de matar a ese algo que te molesta, cuidadosamente (que no te pique) lo sacás afuera. Perdonás la vida a ese ser vivo.
El bien hace bien
Como analista financiero les digo desde el cálculo frío que es un pésimo negocio hacer el mal gente. Lo más egoísta que se puede hacer es hacer el bien y perdonar a quienes te hagan el mal. El perdón, el principal motor del cristianismo que conquistó el mundo occidental, es un gesto egoísta. Perdonar es soltar una carga, liberar un espacio, dejar de gastar energía en algo nocivo. Perdonar ni siquiera debe ser algo explícito, no es indispensable llamar a esa persona y decirle te perdono que me cagaste en esto y lo otro. Puede ser un psicópata que aproveche esa comunicación para hacer más daño. La araña puede picar.
Cuidadosamente sacás la araña afuera y ya depende de ella su porvenir. Perdoná de palabra. Decí, fulano te perdono por esto y aquello. Perdonar no significa olvidar, tampoco disociar. Poner la basura bajo la alfombra. Es sacarla afuera, aprender y no acumularla. Por eso puse a la memoria antes de la justicia. Perdonar es un acto de neto de responsabilidad con uno mismo. Respondés a eso que sufriste.
Soy responsable
El karma, la verdadera justicia, se encarga de todo aunque eso no te tiene que importar. No importa lo que le pase a la otra persona que te hizo tal o cual cosa, lo importante sos vos. Ya se darán cuenta a esta altura que utilizo el egoísmo como figura retórica. El egoísmo no existe, solo el amor propio, requisito indispensable para amar al otro. En ese sentido, el altruismo tampoco existe. Uno mismo es también el entorno. Tenemos responsabilidad sobre lo que nos rodea, aunque esto es fruto directo de la responsabilidad sobre nosotros. Es imposible hacerse responsable de otra cosas desde la irresponsabilidad con uno mismo.
Les tiro un hack. Cuando estén en problemas o con mala vibra, repetí mentalmente y si se puede en voz alta. “Soy responsable”. “Soy responsable de tal cosa”. “Soy responsable de tal otra”. Van a ver como la carga desaparece.
Ojo, cumplir con las responsabilidades tampoco significa dar en el sentido kármico. Darle de comer a tu hijo, no es dar. Ofrecerle un pan a un indigente sí. ¿Se entiende?
En ese sentido estarán pensando en la responsabilidad sobre los hijos. Como padre doy una respuesta categórica. De nuevo, sin responsabilidad sobre uno mismo, ¿cómo ejercerla sobre el otro? Además el rol para con nuestros hijos es de liderazgo. El líder solo debe dar el ejemplo y el para qué, el otro es libre o no de seguir ese “mandato”. Que no es tal, van a ver que sin órdenes, transmitiendo una finalidad coherente y armónica, dando el ejemplo, es decir, poner la acción antes del dicho; la orden es innecesaria como tal. La clave es dar orden, no una orden.
La voluntad del otro percibe ese orden, lo verdadero, lo bueno para sí mismo y sigue ese impulso. La autoridad se construye en base a la responsabilidad. Ser responsable con vos mismo es serlo con tu hijo y entorno por transferencia. Ese otro forma parte de tu yo, sobre todo si hay amor de por medio.
Todo es relativo
Cierro la sesión "gurú" expresando que la relatividad es LA herramienta para potencia en la memoria, verdad y justicia.
Es SUMAR otras perspectivas para ampliar la percepción de esa verdad infinita. La relatividad es entonces EL método cartesiano de crecimiento potencialemente infinito.
En ese sentido, la empatía (ponerse en el lugar del otro) es la forma más poderosa de relatividad y, por tanto, de crecimiento. De ahí proviene el poder del amor. El verdadero poder.
A la tríada memoria, verdad y justicia le sumo otros tres conceptos complementarios: empatía, perdón y responsabilidad.
Arturo Alejandro Antonini
Analista político | Operador bursátil | Promotor cultural








