"Lo estamos esperando": qué le pasó la semana pasada a Marcelo Pereyra, lustrador tucumano, y qué reveló este jueves la familia
La familia Pereyra está tomando mate este jueves a la tarde en su vivienda del barrio Rosa Mística, en la Olleros al 3000. Cada dos por tres, mira el teléfono. La tele está prendida pero con el volumen bajo: aquí, en esta casa, todos esperan que llamen para avisarles cómo está Marcelo Ricardo Pereyra, el lustrador de zapatos que el jueves pasado se cayó en las calles del centro y todavía no volvió a su casa. ¿Qué ocurrió? Una historia para leer y tener en cuenta. | Por Alfredo Aráoz
El afiche pegado en el centro tucumano con los datos de Marcelo Ricardo Pereyra, el detalle de la mano, el cajón de lustrar zapatos y escrito a mano el barrio que lo espera: Rosa Mística.
La familia Pereyra está tomando mate este jueves a la tarde en su vivienda del barrio Rosa Mística, en la Olleros al 3000. Cada dos por tres, mira el teléfono. La tele está prendida pero con el volumen bajo: aquí, en esta casa, todos esperan que llamen para avisarles cómo está Marcelo Ricardo Pereyra, el lustrador de zapatos que el jueves pasado se cayó en las calles del centro y todavía no volvió a su casa. ¿Qué pasó?
“Mi hermano Marcelo sale todos los días a lustrar porque no le gusta quedarse en la casa. Él sufrió una infancia difícil y tiene un problemita en la mano. La tiene torcidita, como para adentro. Siempre sufrió de algún que otro problema de salud y actualmente tiene ataques de epilepsia. Sufrió un ataque el jueves pasado, se cayó y la Policía lo llevó al Hospital Padilla. Pero cuando fuimos al Hospital Padilla, no estaba ahí”, le cuenta Oscar, hermano de Marcelo, a eltucumano esta tarde.
Marcelo Pereyra, después de lustrar los zapatos de algunos clientes el jueves pasado, se cayó y no volvió a su casa esa noche. Ya había sucedido tres veces una situación así, pero nunca tanto tiempo como esta vez, con el corazón en la boca y una decisión familiar: buscarlo por cielo y tierra.
“Se nos ocurrió hacer fotocopias con su cara, su nombre y su teléfono. Mi sobrina salió a hacer la pegatina por el centro con sus datos para que quien lo hubiera visto o tuviera algún de tipo de información se comunicara con nosotros. Imagínese la situación, señor Alfredo. Nadie acá en la casa sabía dónde estaba y no nos queríamos mover por si aparecía”, agrega Oscar, hermano de Marcelo.
“Mi hermano seguía sin aparecer y volvimos al Hospital Padilla. Pedimos que revisaran los datos en la computadora y ahí encontraron que mi hermano había trasladado a Burruyacu. A 100 kilómetros del Padilla. ¿Por qué ahí? Porque ahí se lleva a personas que no tienen familiares. Eso nos dijeron”, relata Oscar en una catarsis al teléfono durante este diálogo hasta que se le hace un nudo en la garganta y rompe en llanto.
“Yo estos días no pude salir a trabajar porque estoy quebrado. Tengo a mi señora no vidente. No puedo movilizarme a Burruyacu. No tengo los ingresos para ir a buscarlo. He tenido que sacar un préstamo de 40 mil pesos pero no llego. Estamos muy apretados con la plata. Y más que no puedo trabajar. ¿Me entiende, Alfredo? Sabemos que mi hermano está bien, cuidado, con suero y que mañana le dan el alta. Pero nos gustaría que lo trasladaran a la casa porque nosotros no tenemos los medios. Ya queremos que mi hermano esté con nosotros. Solo cuando lo veamos a mi hermano con nosotros vamos a quedarnos tranquilos”.

El afiche que pegó la familia de Marcelo en el centro tucumano y una hoja caída del otoño. El señor está en un hospital de Burruyacu y espera regresar a su hogar del barrio Rosa Mística este viernes.








