"No uso teléfono": defensa y justicia de Juan Carlos Varas, El Doctor, el abanderado de los humildes
Gestor de trámites penales, hasta los abogados de Tribunales y Fiscalías le rinden pleitesía cuando entra con un expediente. "Yo asesoro a la gente que no sabe, le doy una mano y qué les voy a cobrar si es gente que no tiene". Un recorrido de película por los pasillos de la Justicia, Bussi, el Malevo Ferreyra, la quiniela y más. | Por Alfredo Aráoz
El Doctor.
"Caminando por las calles de mi hermoso Tucumán, me encontré con una morena que me hacía tiritar. Ay, le dije que era muy bella y si la podía acompañar Y con una linda sonrisa me contestaba: ‘Sí, papá’”.
Así suena Linda Morenita, un clásico de la música tucumana, pero cuando Mario Marcelo canta parece que le pone banda sonora a los pasos de este pequeño e inmenso hombre con la versión tucumana del corte de Carlitos Balá y un gestito de idea: “Hace 50 años que soy gestor de trámites penales. Ayudo a la gente que no sabe cómo actuar ante una citación o un llamado de la Justicia. No estudié, pero todos los abogados me dicen: ‘Buen día, Doctor’”.
Juan Carlos Varas se despierta al alba en el corazón de Villa y camina hasta el centro, su oficina al aire libre, su estudio jurídico en los bancos de la peatonal, su café con el Flaco Nene y los changos en Muñecas y San Martín, o un break con mandarinas al sol de Ramoncito, el verdulero de Brisa, donde Palomba y los muchachos le rinden pleitesía y repiten el saludo: “Buen día, Doctor”.
“Sí, ‘Doctor’ me dicen todos. En Tribunales, en los Fueros Penales. No me recibí de abogado pero por los altos conocimiento que yo he adquirido a través de los tiempos en los Tribunales así me trata todo el mundo. Y eso para mí es un orgullo. Ya me conocen todos. Me ven todos los días los abogados, todos me saludan: ‘Doctor, cómo le va, buen día’. Yo soy gestor de trámites penales. A mí me puede encargar todo que sea la parte penal”, dice El Doctor en diálogo por latucumana de mañana con Ana Pedraza y Alfredo Aráoz. Y da un ejemplo.
“Supongamos que Alfredo tiene un problema judicial, tiene una citación o algo. Yo no tengo título de abogado. Yo lo asesoro para que él entre adentro y declare y le digo dónde tiene que dirigirse. Esas cosas. Mucha gente humilde no sabe cómo manejarse y yo le doy una mano. Mi hermano me pregunta por qué no cobro. Pero qué les voy a cobrar si ya les cobró un abogado. Una consulta de palabra nomás cuesta 200 mil pesos para empezar a hablar”, detalla El Doctor quien se permite ponerle dos cucharadas de azúcar al café en la taza de latucumana porque está controlada la diabetes: “Lo importante es caminar. Si vos caminás, te curás de todo”.
“Además del centro y la zona de tribunales, en Sarmiento y Laprida es donde me muevo yo. Ahí se maneja la parte penal. Mucha gente no conoce muy bien todos los vericuetos legales, ni siquiera qué hacer si te llega una citación, cómo te tenés que presentar y no sabés dónde te tenés dirigir, qué es lo que va a declarar, si está imputado en algún delito de que lo acusan. Mucha gente se aprovecha de la ignorancia de la gente. Yo estudié mucho para ayudar al otro”, detalla El Doctor.
“Si usted tiene una citación, lo primero que tiene que hacer es presentarse. Pero usted me tiene que decir a mí de qué es la citación y cuáles son los cargos por qué lo citan, de qué delitos lo imputan o cuál son los problemas que usted ha tenido. Entonces, en base de eso, yo lo asesoro para que ustedes declaren, para que no quede, digamos, aprehendido, detenido. Después, claro, la decisión final queda ya a criterio de los jueces y los fiscales. Un asesoramiento. Lo que yo hago es un asesoramiento”.
Un abogado con lentes de sol dentro del bar ABC, toma un café sin tomar. Mira por el ventanal de 9 de Julio y General Paz potenciales clientes: madres desesperadas por su hijo, padres acorralados porque otro le cobra la pensión de la ANSES. Son tucumanos y tucumanas que llegan desde los 300 barrios tucumanos al estudio jurídico del Doctor, un naranjo de la Plaza Yrigoyen.
Con un bolsito de mano y una lapicera, El Doctor achina un poco más los ojos y sonríe con el vozarrón que retumba: “¡Acá hay una miseria que nunca se vivió! Ni los abogados tienen trabajo. Escasea todo. Ahí están los abogados en los bares, como dice Alfredo, pero sin una moneda. Entonces, agarran cualquier caso porque la gente ya no tiene plata para pagar un abogado. Hay 17 defensorías en Tucumán y todos ahora acuden a la defensora oficial porque no tienen plata para costearse un abogado. Salen caro las consultas y no llegan. La consulta verbal viene por un lado y si tienen que hacer algún escrito sale más caro. Un buen abogado está cobrando 200.000 pesos la consulta consulta así verbal y si es penal ya le cobra 350.000. Todo depende del abogado. Un ‘buen día, doctor’ puede costar 400 mil pesos, ¿qué le parece?”.
Ana y Alfredo se tientan cuando llega la pregunta que va cerrando esta entrevista al Doctor: “¿Hace cuánto que me dedico a esto? Hace 50 años. 50 años. 50 años. Sí. Y en este tiempoha ido cambiando mucho la Justicia. Hay un Estado de Derecho, ¿no es cierto? Hay una Justicia republicana constituida y hay una justicia de la democracia. Sin embargo, usted tiene que manejarse por el sistema digital y por los abogados. Hay abogado que no hacen bien la cosa, no le presentan los escritos, nada. Ahí aparezco yo”.
Testigo de los años más oscuros de Tucumán, El Doctor recuerda cómo vivió en primera persona el gobierno de Bussi y en carne propia la tortura del Malevo Ferreyra. “En la etapa de Bussi, yo me cansaba de presentar Hábeas Corpum. Me los recepionaban, le daban curso y todo. Y eso que era una dictadura dura, ¿no? Esa ha sido la peor dictadura que hemos vivido aquí. Pero cuando era interventor, no te entraba un papel ni por casualidad a los pasillos”.
-Una pregunta que se hace mucha gente, Doctor, ¿es por qué tarda la Justicia?
-Hay problemas en algunas fiscalías que están desbordadas de laburo. Tiene los plazos, pero se salen de esos plazos porque no llegan. Esos plazos son de unos 8 meses más o menos que ya tiene que estar con condena una persona. En 8 meses ya tiene que estar condenado y juzgado. Hay un tratado que se llama el Tratado de San José de Flores, más conocido por el pacto de Costa Rica que se implementa en el primer día del gobierno del Dr. Ricardo Alfonsín y entra en la práctica. La prisión preventiva no tenía que prolongarse más de 2 años y si se ese plazo se extiende automáticamente la persona tienen que quedar en libertad sin impedimento legal, sin fianzas, sin nada.
-Hay un hay un hecho que marca Tucumán y que habla mucho de la época también oscura de Tucumán que tiene que ver con el Malevo Ferreyra y un día que él salió del Palacio de Tribunales armado con una granada amenazando con detonarla si no lo dejaban en libertad. Contame qué recordas de ese día.
-Él no aceptaba la condena que le impuesto la justicia y agarró una granada en forma violenta. Se escapó con el apoyo del jefe de policía. Los mismos policías lo cuidaban en los tribunales, que estaban de su lado. El comisario Ferreira ya había hecho mucha muerte. Sí. Y nunca la ha pagado. Claro: la Justicia le tenía miedo al Malevo. El juez le tenía miedo al Malevo. Yo tenía un fiscal que se llamaba Carlos Soraire, que era amigo mío, y le tenía terror al Malevo. Y después había otro que era el médico forense, el doctor Cayetano Bellomío, que era un hombre peronista, viejo, a quien yo le decía en los Tribunales: ‘Doctor, no tiene que tener miedo. Usted es un hombre de la Justicia’. El doctor Cayetano Bellomio me decía: “¿Y a mí quién me da garantías. Yo tengo familia, yo tengo miedo’. Y así era: le tenían miedo los fiscales porque los amenazaba igual que a los abogados”.
Detrás de la sombra del sombrero panamá, de las patillas tupidas y canosas, de los bigotes atusados y negros, detrás del látigo con el que se manejaba como un sheriff del western que era el Tucumán de los 90, El Doctor Juna Carlos Varas saca a la luz otro nombre no tan conocido: “El Malevo era el más conocido pero había otro otro que era más inteligente que él: Se llamaba Hugo Guillermo Tamanini. Ese hombre era más inteligente para hacer las cosas, para matar gente, para secuestrar, para torturar. El Malevo era era un producto de brutalidad. No era un hombre culto y la misma falta cultura que él tenía lo ha llevado cometer esos errores que al último termino terminó con el Maleveo matándose por no asumir su responsabilidad”.
Como cierre, hay preguntas que surgen y que las responde El Doctor. Preguntas tales como dónde y cuándo ha aprendido tanto de Derecho y la respuesta es cuando fue un preso político alojado y torturado en Villa Urquiza. “Yo en la cárcel he estado con todos los dirigentes políticos como don Amado Juri o Carlos María Torres. Ahí también había un juez federal que se llamaba Jesús Santom y él me enseñaba el Derecho a mí y yo me defendía solo. Hasta que me enfrenté al doctor Horacio Poviña que era presidente de la Corte: le dije que no tenía plata pero que sabía defenderme solo. Así recuperé la libertad, pero la pasé mal adentro. Fui torturado por el Malevo. A veces lo sueño y le juego al 44. Ahora termina la entrenvista y me voy a la Quiniela. Espero no soñarlo al Malevo, pero si eso pasa cantado que le juego al 44: la cárcel. Mejor que salga el 13. Me gusta el 13. Con la Quiniela me salvo los días. Y si gano comparto algo con el Flaco y con los changos”.








