"Tafí Viejo nos cuenta a nosotros": Eduardo Pinto, director de la serie tucumana galardonada
El director de “Tafi Viejo, verdor sin tiempo”, la serie filmada en la provincia que se llevó tres premios Martín Fierro, defendió a la industria audiovisual y su capacidad de contar historias: “Tafí Viejo tiene la melancolía de la Argentina perdida”.
Foto: Verónica Bellomo para Página 12.
“Tafí Viejo nos cuenta a nosotros”, sintetiza Eduardo Pinto el estrecho vínculo entre la ficción audiovisual y la cultura local. En una entrevista del periodista Emanuel Respighi para Página 12, el director de “Tafi Viejo, verdor sin tiempo”, la serie filmada en Tucumán que se llevó tres premios Martín Fierro, defendió a la industria audiovisual y su capacidad de contar historias: “La gente quiere verse en una serie o película, quiere ver a su barrio, a su ciudad, a su provincia, a sus problemas”.
“Necesitamos producir ficción, necesitamos contar nuestras historias, necesitamos que la Argentina recupere la producción audiovisual. Todo país tiene que crecer contando sus virtudes y conflictos”. La palabras de Eduardo Pinto durante la ceremonia de entrega de los premios Martín Fierro marcaron la actualidad de la industria audiovisual argentina. “Tenía que aprovechar ese minuto para decir algo e intentar traccionar la parálisis que vive hoy la industria audiovisual”, le cuenta Pinto a Página/12.
Tafi Viejo, verdor sin tiempo ganó tres Martín Fierro, al imponerse en las categorías mejor ficción del año, actor principal (Luciano Cáceres) y dirección (Pinto). La ficción, que emitió El Nueve en 2025 y que actualmente se puede ver por la plataforma Flow, es una producción independiente que se filmó íntegramente en Tucumán en 2024, más específicamente en Tafí Viejo, la ciudad que se ubica a 10 kilómetros de la capital provincial y que le da nombre a la serie. Una realización que rompió con el centralismo audiovisual porteñocéntrico, en una producción de TafíSueña y Corralón Films que contó con una particular forma de financiamiento: industriales, empresarios y comerciantes de Tafí Viejo aportaron dinero para que la ciudad y sus bellezas naturales sean la escenografía en la cual se desarrolla la trama.
“Tafí Viejo… es una serie que se emite en Flow, pero de producción independiente, y que creo que en este momento de crisis puede ser un modelo a replicar”, se entusiasma Pinto. “Javier Noguera, el productor, me llamó para hacer una serie sobre su ciudad, sin más que esa premisa. Entonces, pensamos que el dinero para producirla podía salir de los empresarios de la ciudad. Y así lo hizo: fue a todos los empresarios y comerciantes, que hicieron donaciones, y pudimos financiar la serie. Es un formato interesante para replicar, tal vez sumándole los municipios o las provincias, para sortear la parálisis del INCAA, y a la vez fomentar producciones que muestren y cuenten sus provincias o ciudades”. A lo largo de las ocho semanas de rodaje durante 2024, la serie generó trabajo -entre directos e indirectos- para 300 personas en Tafí Viejo.
A esa novedosa forma de financiamiento, surgida al calor de la parálisis que el gobierno nacional hace del instituto de cine y de sus programas de fomento, Pinto -junto a los otros guionistas, Gabriel Macías y Natalia Torres- le añadieron una historia de amor como cualquier otra, pero diferente. Es que Tafí Viejo… cuenta el romance entre Ana (Laura Grandinetti), una chica de la alta sociedad tafiseña -vinculada a la producción de limón- con “ideas progres”, y Mauro (Emanuel Rodríguez), un joven de clase trabajadora -de familia ferroviaria- que no aguanta más su situación y solo quiere mandarse a mudar de esa ciudad que no le da ninguna oportunidad. Una historia de amor veinteañero, con un elenco en el que se destacan Cáceres, Luis Machín, Juan Palomino, Paloma Contreras, Lautaro Delgado y los tucumanos Liliana Juárez y Sergio Prina.
Lo interesante de la propuesta es que la versión tucumana de Romeo y Julieta adquiere un tamiz autóctono, en donde las costumbres, los modismos al hablar y hasta la vestimenta locales se entrecruzan con problemáticas bien argentinas como los problemas económicos, la precarización laboral, la falta de empleo joven y hasta las soluciones mágicas que representan las criptomonedas. Ese reconocimiento de los espectadores sobre lo que cuenta Tafí Viejo…, tal vez sea una de las atracciones para que el público se interese por ver la serie de seis episodios. Hay en la imagen, los tonos, las formas y los tiempos un claro contraste con las series producidas por las grandes plataformas de streaming.
“Quisimos contar una historia de amor, pero cruzada por nuestra cotidianidad y devenir histórico. En cierta manera, en Tafí Viejo… se cuenta la historia de esa ciudad pero también de la Argentina, ya que tuvo su desarrollo hace décadas alrededor de los talleres ferroviarios, que luego cerraron, y ahora basa su economía en la producción de limón. Por eso decidimos que el nombre de la ciudad sea el de la serie, como una marca de identidad cultural”, explica Pinto, que dirigió series como Selenkay (Disney), películas como Palermo Hollywood, Buen día, día y Caño dorado, además de haber estado detrás de videoclips de músicos y bandas como Catupecu Machu, Estelares, Fabiana Cantilo, Diego Torres, Axel, Luciano Pereyra o La Mosca.
-¿Te imaginabas ganar un Martín Fierro?
-La verdad que nunca me imaginé ganar un Martín Fierro. Gané un MTV Awards, gané en el Festival de Cine de Mar del Plata, pero nunca me había imaginado ser reconocido con un Martín Fierro. Pero también siento que me acerqué al cine mirando televisión, con Sábados de superacción o Función privada… Cuando era chico, todo lo audiovisual ingresó por la tele. O las ficciones de (Alejandro) Doria. Las primeras series y películas que vi, las vi en la tele, como le habrá pasado a muchos de mi generación. Y por suerte pudimos estrenar la serie no solo en Flow, sino también en El Nueve. Pero como hago cine independiente, ya me conformaba con la nominación.
-En el discurso te referiste a la necesidad de contar nuestras propias historias. ¿Por qué creés que es importante decirlo en este momento?
-El trabajo ya estaba hecho con la serie. Tafí Viejo… nos cuenta a nosotros, con lo que les pasa a esas familias y a esos personajes, con sus conflictos y sus formas, que son más o menos las que tenemos la mayoría de los argentinos. Incluso, esta idea tan en boga de que lo de afuera es mejor que lo nuestro y hay que irse del país... A la vez, tengo compañeros de trabajo que están manejando Uber. Directores de fotografía, directores, actores… Yo trabajé con (Eliseo) Subiela, (Juan José) Jusid, tuve relación con (Leonardo) Favio… Viví una época donde todo era esplendor y trabajo. Y hoy no se produce nada. Hoy estamos en la lona. El audiovisual es hoy el desierto, el apocalipsis. Entonces, hablando en un asado con mis amigos, pensé que, si llegábamos a ganar algo, tenía que aprovechar para pedir por más producción argentina.
-¿Por qué?
-Es fundamental volver a producir ficción argentina, esos programas que hacían (Alejandro) Doria, Jusid, hasta el mismo (Adrián) Suar, cada uno con sus formas. La ficción siempre algo le deja al espectador. La ficción televisiva es un espejo de época. En sus historias nos vemos a nosotros. Yo estoy absorbiendo lo que veo todo el tiempo, por eso Tafí Viejo… habla de las criptomonedas, tiene conflicto laboral: es todo lo que pasa alrededor nuestro. Las ficciones son historias de fantasía, pero con temáticas y elementos que suceden en la realidad. Y que además generan trabajo. Eso lo perdimos, no hay nada ahora. Por eso necesitamos volver a recuperar la pata industrial audiovisual.
-Que a su vez genera cultura e identidad nacional…
-Una serie nos da la posibilidad de poder vernos culturalmente, contar quiénes somos. Porque Tafí Viejo… es eso: cuenta la historia de amor entre una chica rica y un chico pobre. El chico pobre es de una familia de obreros del ferrocarril que ya no existe en la Argentina, y el chico quiere invertir en criptomonedas para salir adelante e irse del país… O sea, es casi un joven libertario. Y ella es una chica rica, con una familia acomodada de la industria citrícola, con convicciones que la colocan casi como una chica socialista. Son todos elementos de nuestra sociedad, de la realidad, puestos en una ficción para hablar de lo que nos pasa.
-¿Por qué creés que el gobierno nacional no promueve la producción de ficción nacional, limitándola al sector privado y en muchos casos de origen extranjero?
-El INCAA está paralizado, pero sigue recaudando el dinero por la venta de entradas de cine. Esa plata es nuestra. Es dinero para hacer películas, cortos, series… Cualquier país desarrollado del mundo tiene un presupuesto para la cultura, tiene un presupuesto para la salud, otro para la educación y otro para la ciencia. Estados Unidos, Francia, España… Estados Unidos tiene escuelas públicas y que son de primer nivel, y nadie lo dice. Uno va a España y te atendés en un hospital público, o a Portugal, vas y te atendés a un hospital a cambio de pagar un euro. En España, las diferentes regiones autónomas se pelean para que vayan a filmar a sus territorios, con todo tipo de promociones impositivas y económicas. ¡Porque sus ciudades y pueblos se venden a través de las ficciones! Lo mismo pasa con Tafí Viejo… que se ve en el mundo. Cualquier película que hacemos en la Argentina se ve en el mundo, y eso te genera un movimiento cultural y económico. Bueno, a estos tipos claramente no les interesa producir cultura. Lo que están buscando es achatar la sociedad, tenerla abajo, pisotearla. Claramente. No te dan educación porque le recortan brutalmente el presupuesto, lo mismo con la salud, con la cultura: es claro lo que buscan, no me vengan con ese verso. En cualquier país desarrollado del mundo, el presupuesto está puesto en cultura, en educación y en salud. Lo contrario es una postura de ignorante, que está destruyendo nuestra cultura y con la que no puedo sentirme identificado.
-Porque, además, grandes directores o figuras “comerciales” surgieron o se formaron gracias al apoyo que en su momento les dio el Incaa, porque estudiaron en la Enerc o porque trabajaron en las ficciones televisivas.
-No hay un debate del gobierno nacional sobre qué hacer con la industria audiovisual y con sus organismos de fomento. Lo único que buscan es romper. Por eso señalan sin pruebas a muchos representantes de la cultura de ser ladrones. Hago cine hace 20 años y lo que quiero es contar lo que pasa a alrededor, quiero contar nuestras problemáticas, nuestras bellezas. No lo hago por dinero, lo hago por amor, porque tengo necesidad de hacerlo.
-En Tafí Viejo… hay una gran construcción de los personajes, con tiempo para desarrollarlos, en medio de sus quehaceres cotidianos. Imposible que un argentino no se identifique.
-En Tafí Viejo… no hay personajes buenos y malos, todos son contradictorios. Tienen sus diferencias ideológicas, pero son muy queribles también. Nos ocupamos con los guionistas, con Natalia Torres y con Gaby Macías, de que fuesen todos humanos. Eso me parece que ayuda a que el espectador se pueda identificar. A mí (Leonardo) Favio me dijo una vez que al espectador cada uno o dos minutos le tenés que dar algo nuevo para tenerlo atrapado. Está la escena, la puesta en escena, el conflicto de la escena, pero después el personaje tiene que estar humanizado, tener contradicciones, ponerlo en un contexto laboral, geográfico y existencial... No es que porque sea libertario tiene que ser muy malo: piensa de otra forma. Y la serie tiene algo que es importante: tiene aire, tiene yunga, tiene naturaleza… Tiene un acento, hablan en tucumano, tiene una musicalidad particular, los personajes comen empanadas, se las rebuscan, tiene una villa obrera que está vacía, tiene un taller ferroviario que está abandonado, que ya no existe. Tafí Viejo… tiene la melancolía de aquella Argentina perdida. Y tiene a Fito Paéz haciendo “D.L.G.” (Día de los grones), esa baguala que habla del obrero… Y tiene todo el talento de un elenco que construyeron personajes reconocibles. Es una serie fresca, dinámica, latinoamericana.
-Sin la pasteurización que tienen, en algunos casos, las producciones de los grandes servicios de streaming. Las series coreanas, por ejemplo, no poseen esa característica y mantienen sus estilos. ¿Creés que más que buscar neutralidad y homogeneización hay que reforzar la identidad propia en la era de las plataformas?
-Exacto. Hay que volver a creer en nosotros. Los argentinos somos atractivos. Vas a afuera y el argentino es querido, es querible. Pareciera que se perdió la confianza en nuestra cultura. Contar una historia del conurbano es atractivo, además de antropológico, porque hay un registro más o menos real de lo que somos en un momento determinado. Está claro que el mercado audiovisual establece formas. Nadie está en contra de eso, pero que existan todo tipo de producciones y miradas. Yo he filmado para Disney, para MTV, está todo bien… Eso tiene que existir, pero que exista lo otro, que exista nuestro retrato. Que las series puedan contar lo que contaba el cine. La gente quiere verse en una serie o película, quiere ver a su barrio, a su ciudad, a su provincia, a sus problemas. Que el audiovisual argentino también pueda mostrar la sociedad y que nos sirva para poder debatir sobre lo que somos a partir de esa fantasía que nos ofrece la ficción.








