"Aprender a ver para honrar la vida": el conmovedor testimonio de una tucumana, a 20 años de sus trasplantes de córnea
En una entrevista con FM La Tucumana 95.9, Valeria Sardi relató cómo pasó de una ceguera casi total a recuperar la visión gracias a la donación de tejidos. Hoy, convertida en activista, busca concientizar sobre la importancia de manifestar la voluntad de ser donante para facilitar el proceso a las familias en momentos críticos.
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A pocos días de conmemorarse el Día Nacional de la Donación de Órganos y Tejidos el próximo 30 de mayo, Valeria Sardi visitó los estudios de FM La Tucumana 95.9 para compartir una historia que comenzó con un diagnóstico inesperado. A pesar de haber transitado su escolaridad con aparente normalidad, un control de rutina durante sus años universitarios cambió su perspectiva para siempre. "Nací con una enfermedad genética llamada queratocono, siendo la única portadora de mi familia", explicó sobre la patología que afectaba sus ojos.
El impacto del diagnóstico fue contundente cuando su médico, Roberto Cohen, le preguntó si realmente veía. "De un ojo tenía un 3% de visión... era casi ya discapacitada visual y del otro el 30%", recordó Valeria. Ante la falta de visión nítida, su cuerpo desarrolló mecanismos de compensación asombrosos: "Había desarrollado muchos los sentidos. Reconocía a las personas por los perfumes, por el tono de voz, por la forma del cuerpo... por la forma de caminar".
La intervención quirúrgica se volvió urgente cuando la deformación de su córnea alcanzó un punto crítico. "El primer trasplante... fue el que más necesitaba porque yo ya estaba a punto de quedarme ciega", relató sobre la operación realizada en 2003 con tejido proveniente de Estados Unidos. El segundo trasplante llegó en 2005, una espera necesaria debido a la complejidad de la rehabilitación: "¿Por qué el tiempo entre uno y otro? Porque mi cerebro tenía que aprender a ver y aprender a reconocer".
El proceso de recuperación fue lento y sacrificado, incluyendo un periodo de seis meses de reposo absoluto en cama. "Tuve 36 puntos de los cuales eran superficiales y después tenía profundos... me fueron cortando entre esos 2 años la cantidad de puntos que se iban secando", detalló sobre el postoperatorio. Sin embargo, el esfuerzo valió la pena al momento de retirar las vendas: "A las 24 horas que me sacaron las vendas, vi. Yo a él [su médico] no lo conocía. Solo suponía lo que más le veía porque tenía bigotes".
Hoy, Valeria utiliza su experiencia para promover la donación como un acto de amor supremo. "Como trasplantada yo me propuse devolver y honrar la vida", afirmó con convicción. En su labor de difusión, destaca el vínculo invisible pero poderoso entre receptores y donantes, especialmente tras conocer a madres de donantes del Hospital Padilla: "Somos la misma cara de la moneda: ellas que digan 'Sí doy la autorización para que los órganos de mi hijo vivan' y yo que necesitaba... es una emoción enorme ver las dos caras y la necesidad de que la vida siga".
Finalmente, Sardi hizo un llamado a la sociedad para registrar la voluntad de donar a través de la aplicación Mi Argentina o en el CUCAITUC, enfatizando que este gesto simplifica las decisiones familiares en situaciones de duelo. "No hay trasplantes si no hay donantes. Y si no hay donantes no tenemos la posibilidad de que las personas puedan concretar sus sueños", sentenció, concluyendo que "ahorremos ese paso [dejar que la familia decida] para que nuestra familia pueda decir 'Bueno, sí, donó'".








