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Mujer, adolescente y positiva desde la panza

ENTREVISTA

Este 8 de marzo, el cartel es uno solo: Ni Una Menos. Para Camila Arce, la cosa no es cosa sencilla. Su lucha y la mirada de Bruno Bazán.

Camila Arce. Fotografía de Facebook.





Se acerca el Día de la Mujer Trabajadora. Con un paro y una gran movilización en puerta, la consigna y el pedido es, una vez más, Ni Una Menos. Las luchas de las mujeres son muchas, diversas y complejas. Y Camila es una muestra de esto.
Bruno Bazán es tucumano, es Licenciado en Filosofía, es Especialista en Género y Comunicación, pero sobre todo es activista en cuestiones de género, diversidad sexual y problemáticas en torno al VIH. Él entrevista a Camila.
Camila es porteña, tiene 21 años y es portadora de VIH como resultado de una transmisión vertical, es decir, heredado de su madre a través del vientre. Convive con él desde su nacimiento. ¿Cómo vive? Lo cuenta en esta entrevista.
Convivís con VIH como resultado de una transmisión vertical. ¿Cómo fue el proceso de reconocimiento con el virus? ¿A qué edad llenaste de sentido el término VIH?
En septiembre de 1999 falleció mi papá después de una corta internación porque estaba en la etapa SIDA. En ese entonces yo tenía 4 años. Mi mamá al principio no quiso contarme por qué había fallecido, pero después de muchas preguntas terminó confesándolo. Estaba preocupada, me dijo que yo tenía el virus y me dijo que si yo no tomaba la medicación podía terminar como él. 
De todas maneras, tengo memorias del VIH mucho antes de ese episodio. Recuerdo haber tomado medicamentos muy feos (Ritonavir, DDI y AZT) cuando tenía dos años y medio. No existían en ese entonces medicamentos pediátricos pero yo tenía las defensas muy bajas y apenas llegaron los cocteles a la Argentina tuve que arrancar el tratamiento. 
En ese momento le pregunté a mi mamá por qué tomaba medicación si no estaba enferma y me contestó “para no enfermarte”. En mi casa siempre se habló de todo: tratamos de hacer una vida común y corriente y en la primaria ya empecé a tomar un poco más de conciencia.
¿Tuviste educación sexual en la primaria y/o secundaria? ¿Recordás qué temas se trataban?
En la primaria lo único que recuerdo es haber hablado de enfermedades de transmisión sexual (ETS) en una clase de biología, todo desde el aspecto científico. Eso me enojó y la docente me “castigó” con un trabajo que hablara sobre VIH.
La secundaria no fue muy distinta: nos enseñaron el sistema reproductor femenino y masculino y las ETS como cosas que andan solas, no en las personas. Ahí me quejé, no me aguanté y le conté a una profesora que tenía VIH. Me pidió que preparara una clase y hablé sobre VIH en mujeres embarazadas pero la directora no me dejó llevar preservativos para mostrar, por las dudas los padres se enojaran.
Había mucha desinformación y mucha discriminación: mi mejor amigo, gay, fue víctima de una violencia extrema; lo mismo con una compañera que fue expulsada del colegio por tener sexo en el baño, en lugar de hablar del tema.
¿Cuándo decidiste sumarte a la Red Argentina de Jóvenes y Adolescentes (RAJAP)? ¿Qué cosas sentís que aportó a tu vida el hecho de compartir experiencias con otros jóvenes con VIH?
En 2011 fue la primera reunión, yo tenía 16 años y no éramos más de 60 chicos y chicas. La red me cambió la vida. Surgió de la necesidad de hablar, de contenernos, de ser parte, de no sentirnos solos. Tenemos en común mucho más que tener VIH: tenemos historias parecidas. 
Hay chicos y chicas que habían sido abandonados por sus familias por tener VIH, chicos que habían vivido internados, que no habían crecido mucho. A veces feo fotos del primer encuentro y veo que muchos ya no están porque fallecieron, eso es un golpe muy bajo para mí. 
Los encuentros que le siguieron fueron más fructífero: sobre todo pudimos hablar con jóvenes recién diagnosticados y hacerles entender que no se iban a morir al día siguiente. Contar mi historia fue fuerte y, creo, esperanzador. Hoy en día con una pastilla diaria estás bien. Yo tuve que tomar 18 por día con 7 años de edad y sobreviví. Todxs podemos. 
¿Cómo es la situación actual respecto de la posibilidad de transmisión vertical en Argentina?
Todavía no llegó a 0. Eso preocupa un montón. Seguimos avanzando pero todavía hay niñxs que nacen con el virus. No hay una política de Estado seria y comprometida, solo se habla de nosotrxs para decir que si las mujeres hacen el tratamiento adecuado, sus hijxs nacen sin VIG. ¿Y entonces? Siguen sin hablar de nosotros y nos llaman pediatras desesperados porque sus pacientes abandonan los tratamientos. Se tiene que entender que podemos vivir bien y hacer una vida como la de cualquier otro chico. 
¿Cuáles son las políticas públicas que podrían disminuir la transmisión y la muerte de niños, niñas y adolescentes?
La obligatoriedad del test de VIH a una mujer embarazada es un gran avance. Pero se complica cuando es una mujer que, por diferentes motivos, no llega al sistema de salud o llega tarde. El tema debe ser un tema de agenda, porque mientras el Estado está ausente nos seguimos muriendo. 
¿Creés que las redes sociales pueden servir para concientizar a las personas sobre el VIH? ¿Cómo te llevás con la exposición pública? ¿Sufriste reacciones negativas por tu activismo?
Gracias a las redes sociales los chicos y las chicas conocen e ingresan a la Red. Internet, por su parte, es un arma de doble filo: sobre el VIH hay de todo. Hay que orientar a la gente sobre qué leer y qué no. 
Yo me hice visible a los 16, después del primer encuentro de la RAJAP, y recién “salí del closet” cuando terminé la secundaria. Esto me costó un noviazgo. Hay gente que aún no me quiere y algunos familiares incluso me han deseado la muerte.
Pero hay otros que me agradecen por lo que hago y me piden que siga hablando. Yo me quedo con éstos. Si a mis pares les sirve lo que pueda hacer o decir, mi objetivo está cumplido.
¿Creés que todavía se sigue vinculando el VIH con la homosexualidad?
Sí, todavía se vincula con los homosexuales, los usuarios de sustancias psicoactivas y la prostitución. La gente que  prejuzga es la misma que no usa preservativos, se relaja, luego contrae VIH y no lo sabe. Simplemente cree que no le sucederá nunca, pero el VIH no discrimina.
De todos modos hay que decir que veo muchas nuevas infecciones en varones gays o HSH (Hombres que tienen Sexo con Hombres pero dicen ser heterosexuales), sobre todo en jóvenes. Es para tomarlo con pinzas: no significa que vamos a estigmatizar, pero es para alarmarse. 
Al parecer el VIH es una lucha que fue tomada por algunos espacios feministas: ¿están trabajando en trabar alianzas las mujeres y las femineidades travestis y trans? 
Es difícil generar alianzas porque lo que atravesamos socialmente es muy diferente entre chicas trans y chicas cis, inclusive para tratar el VIH. Sí estaría bueno unir alianzas en momentos en los que el patriarcado y el machismo nos oprimen. 
No creo que el VIH haya sido tomado por el feminismo. Siento mucha resistencia desde algunos grupos. Quizás frente a todos los problemas que hay, se subestima el VIH y el trabajo de las activistas. Pero todo está en construcción y depende de nosotras, las mujeres positivas, poner en la mesa todos estos temas.
El 8 de marzo se realiza el Paro Internacional de Mujeres. ¿Cómo ves la movida de Ni Una Menos? ¿Te sumás al paro y a la movilización? ¿Qué reivindicaciones llevarías?
Me sumo: creo que es muy importante que todas y todos dejemos lo que estamos haciendo y marchemos, cada unx desde su lugar. Llevo reivindicaciones que tienen que ver con la situación que atravesamos las mujeres a diario: la violencia, el maltrato, los femicidios, la opresión del sistema patriarcal. 
Las mujeres positivas somos aún más vulnerables a situaciones violentas, desagradables, terribles, no solo por parte de nuestras parejas sino también por el sistema de salud, los ginecólogos que nos echan la culpa por tener una ETS y los médicos que nos recomiendan ligarnos las trompas para no tener hijos. ¿Por qué? Porque somos mujeres  y tenemos el virus.
Pero no por eso voy a salir con carteles hablando de VIH, porque se perdería el contexto. Es momento de sumar a una sola lucha: terminar con la violencia de género. 

Se acerca el Día de la Mujer Trabajadora. Con un paro y una gran movilización en puerta, la consigna y el pedido es, una vez más, Ni Una Menos. Las luchas de las mujeres son muchas, diversas y complejas. Y Camila es una muestra de esto.

Bruno Bazán es tucumano, es Licenciado en Filosofía, es Especialista en Género y Comunicación, pero sobre todo es activista en cuestiones de género, diversidad sexual y problemáticas en torno al VIH. Él entrevista a Camila.

Camila Arce es rosarina, tiene 21 años y es portadora de VIH como resultado de una transmisión vertical, es decir, heredado de su madre a través del vientre. Convive con él desde su nacimiento. ¿Cómo vive? Lo cuenta en esta entrevista.

- Convivís con VIH como resultado de una transmisión vertical. ¿Cómo fue el proceso de reconocimiento con el virus? ¿A qué edad llenaste de sentido el término VIH?

- En septiembre de 1999 murió mi papá después de una corta internación porque estaba en la etapa SIDA. En ese entonces yo tenía 4 años. Mi mamá al principio no quiso contarme por qué había fallecido, pero después de muchas preguntas terminó confesándolo. Estaba preocupada, me dijo que yo tenía el virus y me dijo que si yo no tomaba la medicación podía terminar como él. 

De todas maneras, tengo memorias del VIH mucho antes de ese episodio. Recuerdo haber tomado medicamentos muy feos (Ritonavir, DDI y AZT) cuando tenía dos años y medio. No existían en ese entonces remedios pediátricos pero yo tenía las defensas muy bajas y apenas llegaron los cocteles a la Argentina tuve que arrancar el tratamiento. 

En ese momento le pregunté a mi mamá por qué tomaba medicación si no estaba enferma y me contestó “para no enfermarte”. En mi casa siempre se habló de todo, tratamos de hacer una vida común y corriente y en la primaria ya empecé a tomar un poco más de conciencia.

- ¿Tuviste educación sexual en la primaria y/o secundaria? ¿Recordás qué temas se trataban?

- En la primaria lo único que recuerdo es haber hablado de enfermedades de transmisión sexual (ETS) en una clase de biología, todo desde el aspecto científico. Eso me enojó y la docente me “castigó” con un trabajo sobre VIH.

La secundaria no fue muy distinta: nos enseñaron el sistema reproductor femenino y masculino y las ETS como cosas que andan solas, no en las personas. Ahí me quejé, no me aguanté y le conté a una profesora que tenía VIH. Me pidió que preparara una clase y hablé sobre VIH en mujeres embarazadas pero la directora no me dejó llevar preservativos para mostrar, por las dudas los padres de mis compañeros se enojaran.

Había mucha desinformación y mucha discriminación: mi mejor amigo, gay, fue víctima de una violencia extrema; lo mismo con una compañera que fue expulsada del colegio por tener sexo en el baño, en lugar de hablar del tema.

- ¿Cuándo decidiste sumarte a la Red Argentina de Jóvenes y Adolescentes (RAJAP)? ¿Qué aportó a tu vida el hecho de compartir experiencias con otros jóvenes con VIH?

- En 2011 fue la primera reunión: yo tenía 16 años y no éramos más de 60 chicos y chicas. La red me cambió la vida. Surgió de la necesidad de hablar, de contenernos, de ser parte, de no sentirnos solos. Tenemos en común mucho más que tener VIH: tenemos historias parecidas

Hay chicos y chicas que han sido abandonados por sus familias por tener VIH, chicos que han vivido internados, que no habían crecido. A veces feo fotos del primer encuentro y veo que muchos ya no están porque fallecieron, un golpe muy bajo para mí. 

Los encuentros que le siguieron fueron más fructíferos porque hablamos con jóvenes recién diagnosticados y le hicimos entender que no se iban a morir al día siguiente.

Contar mi historia fue fuerte y, creo, esperanzador. Hoy en día con una pastilla diaria estás bien. Yo tuve que tomar 18 pastillas por día con 7 años de edad y sobreviví. Todxs podemos. 

- ¿Cómo es la situación actual respecto de la posibilidad de transmisión vertical en Argentina?

- Todavía no llegó a 0 y eso preocupa un montón. Seguimos avanzando pero todavía hay niñxs que nacen con el virus. No hay una política de Estado seria y comprometida, solo se habla de nosotrxs para decir que si las mujeres hacen el tratamiento adecuado, sus hijxs nacen sin VIH. Tienen que hablar de nosotros y entender que podemos vivir bien y hacer una vida como la de cualquier otro chico. 

- ¿Cuáles son las políticas públicas que podrían disminuir la transmisión y la muerte de niños, niñas y adolescentes?

- La obligatoriedad del test de VIH a una mujer embarazada es un gran avance. Pero se complica cuando es una mujer que, por diferentes motivos, no llega al sistema de salud o llega tarde. El tema debe ser un tema de agenda, porque mientras el Estado está ausente nos seguimos muriendo

- ¿Creés que las redes sociales pueden servir para concientizar a las personas sobre el VIH? ¿Cómo te llevás con la exposición pública? ¿Sufriste reacciones negativas por tu activismo?

- Internet es un arma de doble filo: sobre el VIH hay de todo. Hay que orientar a la gente sobre qué leer y qué no. 

En cuanto a las redes, yo me hice visible a los 16, después del primer encuentro de la RAJAP, y recién “salí del closet” cuando terminé la secundaria. Esto me costó un noviazgo. Hay gente que aún no me quiere y algunos familiares incluso me han deseado la muerte.

Pero hay otros que me agradecen por lo que hago y me piden que siga hablando. Yo me quedo con éstos. Si a mis pares les sirve lo que pueda hacer o decir, mi objetivo está cumplido. Gracias a las redes sociales los chicos y las chicas conocen e ingresan a la Red. 

- ¿Creés que todavía se sigue vinculando el VIH con la homosexualidad?

- Todavía se vincula con los homosexuales, los usuarios de sustancias psicoactivas y las personas que ejercen la prostitución. La gente que prejuzga es la misma que no usa preservativos, se relaja, luego contrae VIH y no lo sabe. Simplemente cree que no le sucederá nunca, pero el VIH no discrimina.

De todos modos debo decir que veo muchas nuevas infecciones en varones gays o HSH (Hombres que tienen Sexo con Hombres pero dicen ser heterosexuales), sobre todo en jóvenes. Es para tomarlo con pinzas: no significa que vamos a estigmatizar, pero es para alarmarse. 

- Al parecer el VIH es una lucha que fue tomada por algunos espacios feministas: ¿están trabajando en trabar alianzas las mujeres y las femineidades travestis y trans? 

- Es difícil generar alianzas porque lo que atravesamos socialmente es muy diferente entre chicas trans y chicas cis, inclusive para tratar el VIH. Sí estaría bueno unir alianzas en momentos en los que el patriarcado y el machismo nos oprimen. 

No creo que el VIH haya sido tomado por el feminismo, aún siento mucha resistencia desde algunos grupos. Quizás frente a todos los problemas que hay, se subestima el VIH y el trabajo de las activistas. Pero todo está en construcción y depende de nosotras, las mujeres positivas, poner en la mesa todos estos temas.

El 8 de marzo se realiza el Paro Internacional de Mujeres. ¿Cómo ves la movida de Ni Una Menos? ¿Te sumás al paro y a la movilización? ¿Qué reivindicaciones llevarías?

Me sumo porque creo que es muy importante que todas y todos dejemos lo que estamos haciendo y marchemos, cada unx desde su lugar.

Llevo reivindicaciones que tienen que ver con la situación que atravesamos las mujeres a diario: la violencia, el maltrato, los femicidios, la opresión del sistema patriarcal. 

Pero las mujeres con VIH somos aún más vulnerables a situaciones violentas, desagradables, terribles, no solo por parte de nuestras parejas sino también por el sistema de salud, los ginecólogos que nos echan la culpa por tener una ETS y los médicos que nos recomiendan ligarnos las trompas para no tener hijos. ¿Por qué? Porque somos mujeres y tenemos el virus.

Pero no por eso voy a salir con carteles hablando de VIH, porque se perdería el contexto. Es momento de sumar a una sola lucha: terminar con la violencia de género

Ni Una Menos - Tucumán

El 8 de marzo será una jornada de lucha para las mujeres de todo el mundo: convocan paro y movilización en diferentes puntos del planeta. En Tucumán, se prevé adhesión masiva al paro y marcha desde las 18 en Plaza Urquiza. El encuentro arrancará a las 19 en Plaza Independencia.