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Julio volvió a la Sarmiento 88 años después y anotó un recuerdo imborrable

HISTORIAS DE ACÁ

Fue alumno en 1930 y hoy, con 94 años, se fue caminando a visitar al San Antonio, el árbol centenario que preocupa a la comunidad sarmientina. Susana, su compañera de toda la vida, cuenta cómo fue el reencuentro con el pasado.

Julio volvió a las aulas de 1°, donde él cursó en 1930.





Julio Salas se disponía a desayunar como todas las mañanas cuando vio la noticia: “Peligra el árbol San Antonio de la escuela Sarmiento”. Inmediatamente se levantó con toda la energía de un alumno de 94 años, le dio un beso a Susana, su compañera de banco desde hace 63 años y le dijo: “Tengo que ir a la escuela, no puedo permitir que tiren abajo al San Antonio”. Susana, que sabe lo terco que es su marido con algunas cosas, intentó convencerlo en vano: “¡Pero Julio! ¡Hoy es sábado! Está cerrada la escuela”. Ya era tarde: desde la esquina de Santiago y Monteagudo, Julio se fue caminando hasta la Virgen de la Merced (aunque para él siempre fue, es y será la Rivadavia primera cuadra), golpeó la puerta de la Sarmiento, nadie le abrió y se volvió a su casa esperando el lunes.

“Quería ir, como sea. Había visto lo que estaba pasando con el árbol, se asustó que lo saquen de raíz. Nunca lo vi caminar tan rápido. Odia los taxis. Yo los amo, pero él no quiere saber nada. Llegó el día lunes, Julio se fue a la escuela". Cuando llegó, fue derecho a ver cómo estaba el San Antonio, el árbol plantado en el patio de la escuela con 114 años de vida, apenas 10 años mayor que Julio. “Se emocionó mucho. Él fue a 1° inferior y superior, después pasó al Sagrado, pero no se olvida de sus primeros años en su escuela”, relata ella en nombre de él, mientras pide disculpas porque Julio anda con un temita con los audífonos.  

La historia de amor de Julio y Susana empezó hace 63 años. Tucumana, Susana nació en la 25 de Mayo al 300, donde se enfermó de un tipo de peste y fue a curarse a Córdoba con su abuela. Allá vivió hasta los 20 años. “No pensaba volver a vivir a Tucumán, me gustaba Córdoba. Pero un domingo, en los paseos que se daban por la época para compartir con los muchachos, estaba él. A los 21 años estaba de novia y a los 23 me casé con él que tenía 30. Tenemos 7 hijos, 32 nietos y 9 bisnietos. Plata nunca tuvimos, pero Dios nos regaló todo”, se emociona Susana, quien deja el teléfono un segundo, se va al dormitorio a contarle a Julio que está haciendo una nota con eltucumano.com, pispea en la mesita de luz y trae un papelito con la perfecta caligrafía de Julio, la que el alumno aprendió justamente en las aulas hace 88 años.

“Cuando volvió de la escuela, estaba muy emocionado. Conoció y se sacó fotos con los chicos de 1°, como él en su época. Una amiga de nuestra hija Magdalena, la regente de la escuela Belén Aguad, lo vio llegar al patio y lo saludó: ‘¡Julio! ¿Qué hace por acá?’. Muy emocionado volvió a casa. Y algo se puso a escribir en este papelito que tengo en mis manos”, avisa Susana y la ansiedad por saber qué dice el papelito con la caligrafía perfecta de Julio: “Parece que después de la visita empezó a recordar muchas cosas de esos años. Y con su letra escribió una lista, una lista de nombres”.

Cuando Susana relata el contenido de lo escrito, lo lee tal cual lo puso Julio, como si fuera una tarea para la casa o tomen nota, alumnos, allá lejos y hace tiempo: “Escribió como título en el papel: Escuela y Liceo Voc. Sarmiento; Directora: Amalia Lami; Vice: Celia Azcuénaga; Maestra 1° inferior: Amelia Ontiveros de Colom. Año 1930; Maestra 1° Superior Varones 1931: Creo que era la vicedirectora”. Y con la memoria prodigiosa de los buenos alumnos, Julio completó el papel con el nombre de sus compañeros más entrañables y el propio, los cuatro inseparables: “Gerardo Palacios, Enrique Mirande, Jorge Iramain y Julio A. Salas”. Eso decía el papel que ahora Susana vuelve a dejarle en la mesita de luz. Por cierto, el árbol San Antonio está viejo como el tiempo, hubo que podarle algunas ramas, y anda recibiendo abrazos simbólicos con unos mates al sol. Está sin hojas, con las ramas flacas, pero quizás pueda seguir dándole sombra a los chicos de la escuela. Y a los más grandes que fueron a las aulas de la Sarmiento hace mucho tiempo, como lo hizo Julio, también.