"El secreto es perder el miedo": Javier Pérez ilumina la Ciudad con su ejemplo
HISTORIAS DE ACÁ
Tiene 23 años y trabaja en la Municipalidad. La salud en sus huesos no le impidió cumplir con su tarea como operador de semáforos, dirigir el básquet femenino en el club Alberdi, ir a la cancha a ver a San Martín y disfrutar de la cumbia en las noches de la Retro Gala. Una historia de superación personal. Video.
Javier Pérez, un ejemplo a seguir. FB Javii Pérez.
Se ríe Javier Pérez. Cuenta algo y se ríe. Hay un video de la Municipalidad que lo tiene como protagonista. Y ahora atiende el teléfono y se ríe. No es tímido, pero un video, una nota, de repente, le sacan una sonrisa nerviosa al principio y ya relajada después. "Es que soy muy molesto. Viene uno y le hago una broma. Viene otro y le pego una molestada. Le doy un toque de alegría a la oficina", cuenta el joven de 23 años, que ilumina la Ciudad con su ejemplo y con su trabajo: "Hace tres años que trabajo en el Comando Central de Señalización Luminosa, controlo todos los días que funcionen bien los semáforos, que no destellen, que se arreglen si les entra agua con estas lluvias, todo".
Javier nació con un problema de salud en los huesos que lo hacen movilizarse a veces con ayuda y otras por sus propios medios en una silla de ruedas. No hay límites que le impidan realizar su trabajo de lunes a viernes de 8 a 13 y que su camino laboral haya empezado de la mejor manera: "Fui a hacer un curso a la Casa de la Ciudad en la avenida Sarmiento. Un día teníamos que hacer una prueba en un trabajo y me tocó estar en una sucursal de la Farmacia del Pueblo. Como no sé de remedios, me puse a controlar la caja. Anduve tan bien que la dueña me quería contratar, pero eran ocho horas y es mucho tiempo para mi espalda".
Con el ánimo arriba por saber que puede, Javier recibió otra noticia que le cambió la vida: "Mi papá me llamó y me dijo que me habían contratado en la Municipalidad. Y aquí estoy: somos dos personas que controlamos los semáforos y tres de Tránsito. Compartimos muchos momentos lindos". Y su pasión inquieta no queda ahí: "Soy técnico del básquet femenino en el club Alberdi, aquí en la 9 de Julio y Plata, a dos cuadras de mi casa. Desde los 8 años voy al club y me encantó desde el primer partido que ví con las dos hinchadas: la de Alberdi y la de Talleres de Tafí Viejo".
Consultado por las diferencias entre las chicas y los chicos a la hora de encestar, vuelve a reírse Javier cuando hablamos de las alturas: "Ojalá tuviera jugadoras de un metro noventa. Entreno y dirijo a chicas de 14 años. El básquet femenino es más estético, no tiene tanto roce ni físico como el de los hombres". Alberdi juega en la liga local y a Javier le apasiona en serio, pero hay un pequeño gran problema: "¿Podés creer que nos pusieron el partido contra Estudiantes el domingo a las cinco de la tarde? Justo a la misma hora de San Martín...".
Javier es fanático de Ciudadela y siempre va a la platea central baja con su hermano y sus amigos. "Mi papá es de Atlético, pero hace fuerzas por San Martín por mí. El domingo tengo que dirigir a las chicas así que voy a estar con el celular en la mano atento al partido de San Martín también. Voy a estar nervioso. Lo mismo me pasó cuando hizo el gol Agudiak. Estaba dirigiendo a las chicas y pegué un grito de gol durante el partido de básquet. Todos me miraban hasta que les expliqué qué pasaba, jajaja. Eso sí, si jugamos la final por el ascenso no dirijo más y no me pierdo la cancha ni loco".
¿Y si asciende el Santo? Javier tiene un lugar para festejar donde es feliz, donde también perdió el miedo al roce, todos los viernes a la noche, iluminado bajo una bola de espejos, cerca de un parlante bien alto, cantando y disfrutando de la música: "El secreto es no tener miedo, en general. A mí me encanta la cumbia, y a la Retro Gala nunca falto, aunque mi mamá me pide que me quede quieto, sabe que me gusta, y que disfruto de todo lo que siento".








