Top

Una cadena pidiendo dadores de sangre evidenció lo mejor y lo peor de las redes

De celular en celular

Miles de usuarios viralizaron la semana pasada a través de Facebook, Instagram, Twitter y WhatsApp el pedido desesperado por un joven tucumano internado en el Hospital Italiano de Buenos Aires. Días más tarde, se conoció la verdadera historia a través de su familia y de las personas que ayudaron a Leandro Ezequiel Juárez en los momentos más duros que le tocó vivir. Una reflexión sobre el uso que le damos a la tecnología.

La historia se viralizó con la velocidad de un rayo. Sin embargo, un detalle pasó desapercibido: la fecha en que se hizo el pedido original.





Pasaron dos años del fallecimiento de Leandro Ezequiel Juárez. Ana Bulacio Paz, quien había escrito por entonces una carta pidiendo 100 dadores de sangre para el joven de 21 años internado en el Hospital Italiano, ahora se encontraba de vacaciones en Uruguay cuando le sonó el teléfono. La pantalla de su celular se encendió con un mensaje de su sobrino: "Tía, vos que compartís estas noticias, ¿podés difundirlo en tu Facebook?". Ana leyó el mensaje y se le cayó el celular. 

Decía el mensaje original escrito y firmado por Ana: "Queridos Amigos: hoy fui a donar sangre al Hospital Italiano y me quedé muy triste. Hay un chico de Tucumán con cáncer que necesita un trasplante de médula ósea. Necesitan 100 dadores de sangre/plaquetas/médula... Y nunca nadie donó para él (...). Y la madre está sola, cuidándolo y acompañándolo. Las chicas que atienden ahí, al saber que yo era de Tucumán, me contaron esto, tristes y preocupadas... (...) Se llama Leandro Juárez, tiene 21 años. Hospital Italiano: Perón 4190". 

Es el mismo mensaje que se viralizó esta semana, dos años después del pedido, con otra firma, para sorpresa de Ana, movilizada en los sentimientos cuando recuerda el caso en diálogo con eltucumano.com: "Me sorprendió lo que pasó. Aunque no se puede, le había pedido los datos a las enfermeras del Italiano. Nunca firmaría algo sin chequear, algo que no sea verídico, me duelen las noticias falsas como la de esta semana".

Ver su carta nuevamente le trajo recuerdos con sensaciones encontradas: "Publiqué esa carta después de donar sangre. Llamé, compartí desde mi Facebook y en un momento no podía creer lo que estaba viendo: se viralizó tanto el caso aquella vez que hubo colas en el Hospital para donar sangre y plaquetas. Me movilizó tanto todo lo vivido que quise conocer a Leandro, darle cariño. Le pregunté a la mamá si podía verlo y cuando llegamos a la sala de terapia intensiva las puertas se abrieron como si fueran el cielo. La mamá me dijo: 'Vos sos un ángel. Quiero que veas a Leandro'. Cuando llegué a la cama, ya estaba el sacerdote dándole las bendiciones. Rezamos junto a la madre. Cuatro días después, Leandro falleció. Era muy jovencito".

La viralización del pedido nuevamente esta semana concientizó a la población a la hora de publicar esta clase de información. Mónica González se crió con Leandro Ezequiel. De hecho, a diferencia de Ana, se refiere a su primo como Ezequiel: "Fue muy triste volver a ver en las redes el pedido de donación de sangre para él. Fue revivir una gran pérdida, el dolor nuevamente. Fue un chico muy bueno. Le gustaba jugar a la pelota, la música. Nos criamos aquí en San Cayetano. Se fue con el diagnóstico de leucemia, pero se murió por un virus contraído después de la operación. No salió de las complicaciones respiratorias".

Mientras Ana Bulacio Paz sostiene que este caso ha demostrado cuándo las redes sociales son utilizadas correctamente y cuándo no, Mónica González destaca: "Fue una gran tristeza revivir todo de nuevo, pero no bronca. Está bueno que la gente comparta este tipo de información. No lo hacen con maldad. Es más: el Gobierno de Tucumán ayudó en su momento a mi tía, la mamá de él, alquilándole una casa que estaba al frente del Hospital. La gente se portó bien. Siempre recordamos a mi primo".

David recuerda a su amigo de toda la vida. Se enteró de la viralización mientras estaba en el odontólogo. También lo recuerda como Ezequiel y las tardes que jugaban al fútbol 11, su pasión por San Martín, y cuando ya no pudo jugar más y empezó a alentar a sus amigos del otro lado de la cancha: "Teníamos un equipo que se llamaba San Cayetano Fútbol Club. Desde los 15 años ya empezó con problemas y no pudo jugar más. Cuando se movilizó tanta gente en su momento, la verdad que nos sorprendió. Nosotros, los amigos, estábamos juntando plata para ir a verlo en tren, pero justo falleció".

Sobre la viralización del mensaje esta semana que termina y la concientización sobre pedir donantes y compartir las publicaciones, David coincide: "No hay mala fe en estas cosas. Es feo ver eso de vuelta. Se lo extraña mucho, pero elegimos recordarlo bien, con una sonrisa, como el dibujo que le hice y que nos acompaña a los amigos cada vez que jugamos a la pelota. Eso sí: ya no jugamos más al fútbol en cancha grande. Desde hace unos años, sólo al fútbol 5".