Héctor, el tucumano que recorre el mundo en un Torino
Historias de acá y de allá
Desde Canadá, con sólo 20 dólares en los bolsillos y al volante de “Balboa”, su Torino 380 de 1969, el cartógrafo Héctor Argiró cuenta su aventura sobre ruedas.
Héctor recorriendo las rutas de Alaska en su Torino.
Héctor Argiró nació y se crió en Villa 9 de Julio. Antes de empezar la escuela primaria, debió dejar Tucumán junto a su familia porque Vicente, su padre, consiguió un trabajo en Buenos Aires. De niño, siempre volvía por acá a visitar a sus abuelos, tíos y primos. Por aquel entonces, sus dos tíos, Carlos y Francisco, cultivaban el amor por el “Toro”, el gran fierro argentino: Carlos tenía una coupé TS blanca y Francisco un cuatro puertas. Las vacaciones de verano en la provincia ya se habían terminado y Héctor tenía que volver para el comienzo de clases. Camino al aeropuerto, a bordo del Torino de Carlos, el tiempo apremiaba porque se acerca la hora de partida de su vuelo. Fue la tía Ana, quien iba en el asiento del acompañante, la que le dijo al conductor que apurará la marcha porque perderían el avión. Y sucedió: los 160 HP de potencia del motor Tornado 230 se hicieron sentir en un bramido mecánico. La brusca aceleración empujó a Héctor contra el asiento trasero y exclamó: “Uh, cuando sea grande quiero uno de estos”.
Todavía no era grande ni tenía un Torino. Tenía diez años y estaba junto a su padre en su casa de Munro mirando por la televisión la largada simbólica del rally argentino que se realizaba en Buenos Aires, aunque la carrera se corría en Córdoba. Héctor preguntó:
- ¿Por dónde van los autos hasta Córdoba?
- Por la Panamericana.
- ¿Y hasta dónde va la Panamericana? – insistió, curioso.
- Hasta Alaska.
Se prometió que llegaría hasta Alaska, en un Torino. El 6 de octubre de 2006 se compró el auto con el que había soñado desde aquel viaje al aeropuerto: un Torino 380 modelo 1969. Estuvo tres años restaurándolo, en una conversación con un amigo lo bautizó como “Balboa” (aunque no sabe bien por qué) y el 24 de noviembre de 2016 partió por la Panamericana hasta donde Vicente le dijo que terminaba.
Héctor tiene 43 años, es cartógrafo y fue profesor universitario. La primera ruta que trazó detrás del volante del Torino lo llevó, primero, por cada una de las provincias del país. Después, fueron las fronteras internacionales: Uruguay, Brasil, Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia, Panamá, Costa Rica, Nicaragua, El Salvador, Belice, México, Canadá y al final del camino la meta soñada: Alaska. Pero se quedó con ganas de seguir viajando y ahora está decidido a darle la vuelta al mundo. Siempre sólo, él y su compañero fiel: El Toro.
“Siempre decía que algún día lo iba a hacer a ese viaje hasta que me puse una fecha. Al gran objetivo ya lo logré, pero la idea ahora es ir hasta la costa Este de Canadá y de Estados Unidos, volver a México y, desde ahí, a Europea”, cuenta Héctor por teléfono desde la ciudad de Edmonton, en la provincia canadiense de Alberta. Cuando recorre las rutas no se impacienta, maneja a velocidad crucero no mayor de 100 kilómetros por hora. Carga con una serie de repuestos en el baúl y, aunque tuvo algunos problemas mecánicos en el camino, asegura que nunca tuvo necesidad de llamar a la grúa para que lo remolque. Y así se va haciendo camino al andar: “Si no tengo donde dormir, duermo en el auto”.
En Alaska, más precisamente en la ruta que une la localidad de Palmer con la de Glennallen, en un día de sol que dibujaba la silueta de las montañas nevadas en el horizonte y con una temperatura de cinco grados bajo cero, el hielo en el asfalto le jugó una mala pasada a “Balboa”. Eran 70 kilómetros de rutas congeladas y, aún con las cubiertas con clavos, el auto se deslizó por la calzada y empezó a hacer trompos: “No paraba de dar vueltas y ahí apreté el freno y me fui contra la nieve. Por suerte, la nieve me salvó”. Después, otros automovilistas que pasaban por el lugar le ayudaron a sacar el auto.

Ahora, mientras habla por teléfono desde el estacionamiento de un supermercado canadiense, Héctor tiene solamente 20 dólares en los bolsillos. Pero no faltará quién lo ayude a seguir con su camino: “no tengo más plata, pero tengo donde dormir”. El viaje se financia gracias a la venta de productos de merchandising que ofrece a través de la fanpage “El mundo en Torino”: gorras, tazas, remeras, vinos, Llaveros, banderas y almanaques. También recibe donaciones de los interesados en apoyar su proyecto desde distintas partes del mundo y aquellos que se va cruzando en el camino. “La gente te ofrece comida, hospedaje, plata… me han llegado a dar 100 dólares en un semáforo. Así me pasa y todo gracias al auto porque si viajaría en un auto nuevo no sería lo mismo”. En Cholula, México, al llegar a un semáforo le comenzaron a tocar bocina. El conductor del auto de atrás se bajó. Era Aníbal, un argentino que hacía más de dos décadas no veía un Torino y le dijo: “No te puedo creer que estés con el toro acá, venite a mi casa y nos comemos unos ñoquis con boloñesa”. Se quedó dos noche ahí y así le suele pasar en cada rincón por donde pasa.

El Torino fue un auto fabricado por Kaiser Argentina entre los años 1966 y 1981. Su diseño originalmente estaba basado en el modelo americano Rambler American, pero fue rediseñado y desarrollado íntegramente en el país. El Torino fue también el protagonista de la renombrada “Hazaña de Nürburgring”, uno de los mayores hitos del automovilismo argentino. En agosto de 1969, tres Torinos participaron de la carrera denominada “Las 84 horas de Nürburgring”, en Alemania. El auto número tres conducido por Eduardo Copello, Oscar Franco y "Larry" Rodríguez Larreta sorprendió a sus rivales terminando primero en su categoría y cuarto en la clasificación general. Por número de vueltas, el Torino hubiese ganado la carrera por dos giros de ventaja al segundo, pero una penalización les sacó el triunfo absoluto de las manos.
Para Héctor el Torino es eso y también mucho más: “Para mí es mi casa porque vivo en el auto. Es mi hijo porque estoy siempre pendiente. Es mi compañero y también un símbolo para la industria argentina. El Torino es muchas cosas, es un auto que representa mucho para el país”.








