Jorge y Constantino, los gemelos más picantes de Tucumán
Paladar de titanio
Los gemelos Sanna fueron unos de los ocho ganadores del concurso de picantes “Paladar de acero” en la novena edición de la Expo milanga ¿Arde más cuándo entra o cuándo sale? Los gladiadores tucumanos del ají tiran la posta acerca de los grandes mitos del picante.
Jorge y Constantino no le temen a nada en materia de picantes.
No son Rómulo y Remo, los fundadores de Roma, ni los cracks del balompié Guillermo y Gustavo Barros Schelotto, ni las estrellas de Los Pumas Felipe y Manuel Contempomi, tampoco las divas de la pequeña y gran pantalla Mirtha y Silvia Legrand. Acaso se trata de los únicos gemelos capaces de destronar a los líderes famaillenses, José y Enrique Orellana, ahora que se han ganado la fama de mellizos picantes; dos seres hechos a imagen y semejanza mutua y a prueba de los ardores más incendiarios a la hora de ponerle ají a la milanesa. Los hermanos Jorge y Constantino Sanna le ponen la lengua a la vaina y no se achican al momento de sazonar el sanguche como quedó demostrado este fin de semana tras coronarse en la competencia “Paladar de acero” de la novena edición de la Expo Milanga. Con el título de los más picantes en su poder, los gemelos sacan pecho y se ríen de aquellos que los desafían: “metele nomás, qué tal te va a quedar el caño de escape después”.
En esa encrucijada a la que todo tucumano se ha enfrentado alguna vez, en el momento exacto en que los astros dejan de girar en sus órbitas y que nuestro prócer humorístico, el Oficial Gordillo, bien ha sabido ilustrar en acaso su sketch más memorable; en ese instante de definiciones transcendentales en que el sanguchero pregunta: ¿Qué le va a poné picante? ¿Qué te cagá pa echarle? Los Sanna no dudan, no preguntan si pica mucho, masomenos o poco, dicen que sí y que caiga quien caiga y se cague quien se tenga que cagar. No conformes con eso, lo piden en abundancia para que se haga agua el picolé, para que se derritan las papilas gustativas, para que arda, duela y guste; para que tenga, guarde y archive. “Parece que somos masoquistas nosotros, cuando más pica, más rico es”, dice Jorge y con esas palabras define lo que para él y para su hermano es toda una filosofía de vida: completo y con picante, mucho, demasiado, picante. Y que arda Troya.
Ese amor que los gemelos Sanna profesan por el ají nació a muy temprana edad, cuando ambos tenían apenas ocho años. Fue en la casa de un amiguito de la infancia y ante un guiso de esos pulsudos, el tutor a cargo y también cocinero de la ocasión, hizo la pregunta de rigor: ¿Ustedes comen con ají? Vaya uno a saber a estas alturas si se trató de un convite generoso y ajeno por completo a la maldad o una de esas situaciones en las que los adultos cada tanto ponen a prueba la virilidad de los menores o un acto de simple y llana crueldad. La cuestión es que los Sanna, movidos de infantil curiosidad, dijeron que sí y ese sí les cambiaría la vida de una vez y para siempre. “No me olvido más, era un fuego”, recuerda Constantino. “Era como una guinda, me acuerdo que lo partí al medio y me quemaba. Me ha dejado la boca toda amortiguada, desde entonces no consigo ninguno que pique como aquella vez”, relata Jorge aquel acto iniciático del cual ya no habría vuelta atrás.
Constantino y Jorge tienen 50 años. Uno trabaja realizando tareas de mantenimiento en el Sanatorio del Norte, el otro tiene una subagencia de quiniela en su casa. Uno vive en Manantial Sur, el otro en Villa Luján. Las diferencias entre ambos son apenas circunstanciales, los ha unido no sólo una misma placenta y una fisonomía que los vuelve calcados o dos gotas de agua como dicen las señoras en los barrios, sino también las pasiones por el picante y por la pesca. Y si bien esa fama de que eran bien picantes para el ají (valga la cuasi redundancia) comenzó a edificarse en esa primera infancia y se fue consolidando con el rumor popular en el barrio, en los asados, en el Club de Pesca y Regatas, no había hasta el momento quien lo certifique o valide. Hasta este domingo que se hicieron con el título de “Paladares de acero” y ya no hay quién lo discuta: los Sanna son picantes; picantes de verdad.

Lo de los gemelos este fin de semana en la Expo Milanga fue consagratorio. La competencia consistía en probar pedazos de sanguches de milanesa condimentados con diversos tipos de picantes; cinco trozos en los cuales el ardor iba in crescendo. El que tomaba de las jarras de agua que tenían colocadas al frente quedaba eliminado. El viernes, en la ronda de clasificación, los Sanna pasaron sin exigirse demasiado: “Me ha gustado mucho porque tenían mucho sabor, pero no fueron taaaaaaannnnn picantes”, cuenta Constantino. Para la ronda final del domingo se hizo sentir la competencia con los rivales: “Todos eran muy buenos comedores de ají. La verdad que el ají era picante, lo que pasa es que nosotros ya estamos acostumbrados”, revela Jorge. Tan parejo estaba el certamen que ninguno se rendía ante los diferentes picantes que les ponían enfrente. Entonces, envalentonados, los Sanna redoblaron la apuesta y propusieron comerlo sin milanesa ni nada, directo de la cuchara: “Hemos hecho una tanda de cucharear, de menor a mayor picor, pero para mí eran todos iguales: alguno tenía jengibre, otro pimienta, uno wasabi, me han puesto uno con cebolla. Igual, yo no soy parámetro porque todos los que me den los siento suaves”, cuenta Jorge orgulloso.
Empardados y sin definición por penales, sólo dos tiraron la toalla. “Estaban con los ojos colorados, todos transpirados”, revela Jorge quien se alistaba para otra ronda más de cucharear los picantes cuando una doctora presente en la sala decidió parar la competencia aduciendo que se trataba de “una locura” continuar con la ingesta. Entonces, primó la cordura para finalmente dividir el premio entre los ocho finalistas, cada uno de los cuales se llevó $2000 de premio. Desde la noche del domingo que no es una desmesura afirmar que los Sanna son los gemelos más picantes del condado, así lo confirma el título obtenido.
Bastará charlar apenas unos minutos con cualquiera de los Sanna para descubrir la gran experticia de los gemelos en materia de picantes. Constantino y Jorge no tocan de oído. En todo caso, lo aprendido lo han aprendido de lengua. Jalapeño, habanero, peperoncino, locoto… enumeran los ases locales del picante las variedades sin hacerle asco a ninguna. Es más, los gemelos no sólo los degustan, sino que también lo cultivan. Y, como para ponerle todavía más picante a la competencia, llevaron sus propias muestras el domingo.
En materia de picantes, hay muchos mitos establecidos que forman parte de la cultura popular y que los Sanna están dispuestos a desmitificar con su sabiduría en la materia. Quién no ha escuchado alguna vez que el verdadero ardor del picante no llega a la entrada del mismo sino al momento de salir. Es decir, para enunciarlo de forma poética, el problema es cuando el escozor llega al caño de escape, al botaguiso, al cortachurro, al ojo i mono, a la escarapela de Uganda. ¿Realidad o mito? Constantino Sanna nos ilumina con su conocimiento: “Cuando sale… cómo te puedo explicar… no es tan así, a veces puede ser que arda un poco, pero para el que está acostumbrado es normal. Dicen, por ejemplo, que el picante es nocivo para los hemorroides, pero si leen verán que al contrario, cura las hemorroides”. Eso sí, tampoco la pavada, aclara nuestro Miyagi del ají: “Todo en exceso es dañino”. Tomen nota señoras y señores porque el consejo vale tanto para el picante como para la vida. ¡Qué erudición! ¡Cuánta sapiencia y pericia en un solo hombre!
Otro de los grandes mitos es que al incendio interior se lo apaga con agua. Pero no, todo lo contrario, preste oído al consejo del otro de nuestros gladiadores del ají, Jorge Sanna: “Yo tomo bebida recién cuando termino de comer, pero no se lo apaga al ardor con eso, sino con miga de pan, con grasa o aceite”.
¿Alguien puede ahora poner en duda que los Sanna son los gemelos más picantes de Tucumán? Aquellos que quieran medirse con ellos tendrán que esperar a la próxima edición de la competencia. Traigan milanesas que picante sobra. Así invita Jorge a quienes deseen desafiarlos: “Ha sido una muy buena experiencia. Es la primera vez que compito y para mí ha sido hermoso. Estoy esperando el año que viene para volver”. Vos: ¿te animás o te cagás?








