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2019, el año más caliente de la política tucumana

RESUMEN ANUAL

Manzur fue reelecto y celebró con el presidente Alberto Fernández. Alfaro también y rompió con Cambiemos. Tras un año de derrotas, el macrismo tucumano naufraga y busca reinventarse. Alperovich, denunciado por violación.

El entonces presidente electo Alberto Fernández entrega el bastón de mando al gobernador Juan Manzur en la ceremonia de asunción de su segunda gestión.-





Es diciembre y la sensación térmica en Tucumán roza los 40 grados, pero a los tucumanos ya no nos sorprende. El 2019 se avizoraba caliente, al ser un año intensamente electoral: los tucumanos debían acudir en reiteradas ocasiones a las urnas para elegir presidente, gobernador, intendentes, legisladores y diputados nacionales. Nadie en el todo el territorio provincial pudo pronosticar todo el calor el año tenía deparado para Tucumán.

El 2019 en Tucumán comenzó a jugarse mucho antes: el 17 de octubre, el Día de la Lealtad, en un masivo acto en el Hipódromo de Tucumán, Juan Manzur anunció que buscaría la reelección con el vicegobernador Osvaldo Jaldo nuevamente como su compañero de fórmula. Lo acompañaban en el escenario encumbrados dirigentes del peronismo nacional y el sindicalismo pejotista. El gobernador le dijo al país que la unidad del peronismo debía incluir a la expresidenta y senadora nacional, Cristina Kirchner, mientras su espacio político, Unidad Ciudadana, festejaba la lealtad peronista en otros rincones del país y no donde nació la Independencia.

Semanas después, en una entrevista en su casa con La Gaceta, el senador nacional y tres veces gobernador José Alperovich anunciaba que buscaría regresar a Casa de Gobierno por fuera del peronismo, con su propio espacio político. A la dirigencia local le tocó entonces tomar partido entre Manzur - Jaldo y Alperovich, sin margen para medias tintas ni grises. Mientras tanto, el gobernador tucumano formaba parte del armado de Alternativa Federal, que buscaba candidato a presidente sin kirchneristas en sus filas.

Hacia fin de año, Alperovich se mostró en las redes con Cristina Kirchner y comenzaba a enrolar en sus filas al kirchnerismo tucumano. El macrismo, más allá de los vaivenes de la economía y su imposibilidad de controlar la creciente inflación, seguía fortalecido a nivel nacional, pero carecía de candidato local y todas sus figuras se consideraban aptas para competir por la gobernación.

Los primeros días de 2019, la campaña electoral ya estaba en marcha, y el manzurismo pateó el tablero con un recurso de aclaratoria presentado por el massismo local para adelantar las elecciones provinciales y desdoblarlas de las elecciones nacionales.

El objetivo era claro: la 'provincialización' de las elecciones -justamente- provinciales, impediría que las boletas de los candidatos a gobernador vayan acompañadas de un candidato presidencial. El macrismo no competiría pegado a la boleta de Macri (lo que puertas adentro les vino muy bien, dada la pésima imagen del exjefe de Estado en nuestra provincia), y eventualmente Alperovich no podría hacer lo propio con la de Cristina Kirchner o el candidato de su espacio político.

Manzur y Jaldo comenzaron a recorrer la provincia y trabajar en su reelección de la mano de los intendentes peronistas, casi todos ellos en condiciones de aspirar a un segundo mandato. Por esos días, además, anunciaron que sería el presidente de Atlético Tucumán, Mario Leito, el rival de Germán Alfaro en las elecciones en San Miguel de Tucumán. El gobernador le dio la espalda a un acto de Alternativa Federal en Mar del Plata y convocó a sus pares a hacer lo propio, vaciando el espacio que no lograba consolidar un candidato presidencial y terminaría implosionando.

Por esos ya lejanos días, hasta el exministro de Hacienda de Mauricio Macri, Alfonso Prat Gay, hizo públicas sus intenciones de competir por la gobernación de Tucumán en medio de las indefiniciones del macrismo local. Sus intentos por mostrarse ‘tucumano’ y hasta sus recorridas por algunos municipios no alcanzaron para que reciba la bendición de Casa Rosada, y por Tucumán no se lo vio nunca más.

La mañana del sábado 18 de mayo, el escenario nacional y provincial se vio sacudido por el video que publicó la expresidenta Cristina Kirchner en sus redes sociales, anunciado que le había pedido al exjefe de Gabinete K, Alberto Fernández, que sea candidato a presidente, siendo ella su compañera de fórmula. Manzur fue el primero en subirse al tren del albertismo, lo felicitó a través de las redes sociales e instó a otros gobernadores del interior a hacer lo propio. El tucumano recibió una buena respuesta del flamante candidato presidencial, que más allá de su intensa actividad en Twitter, eligió no responder al saludo por su candidatura del senador Alperovich.

Semanas después, Macri anunció que el otrora presidente de la bancada peronista en el Senado, Miguel Ángel Pichetto, sería su compañero de fórmula. La respuesta al “efecto Alberto” buscaba alinear al peronismo no K, pero empujó al massismo de regreso al kirchnerismo, vio nacer a la fórmula Lavagna – Urtubey y en Tucumán no tuvo impacto alguno: no se sumó ni un dirigente al espacio.

Silvia Elías de Pérez fue coronada como la candidata a gobernadora de Cambiemos, que luego cambiaría su nombre a Juntos por el Cambio, pero que en la provincia competiría con el sello de Vamos Tucumán, sin los colores del macrismo nacional ni la deteriorada figura de Mauricio Macri en sus afiches. 'La revolución de los corazones' de la senadora radical estaba en marcha, pero no gozaba de la total simpatía y apoyo de otros dirigentes cambiemitas tucumanos.

Ricardo Bussi prometía mano dura y seguridad, y se predisponía a romper récords en el año más caliente de la política tucumana: fue candidato a gobernador, a legislador y luego a diputado nacional. La candidata a gobernadora macrista lo acusó de liderar una 'pyme electoral', y se disputaban el voto conservador más duro de la provincia, luciendo ambos radiantes pañuelos celestes mientras en todo el país se encendía el debate sobre la despenalización del aborto.

La foto y el video de Manzur visitando a Alberto Fernández en el Sanatorio Otamendi de Buenos Aires terminaron por confirmar las preferencias del candidato a presidente del fresco 'Frente de Todos', que sumaba en sus filas al peronismo vernáculo, el kirchnerismo más duro y otros actores de peso como Sergio Massa y Felipe Solá, en pos de esa 'unidad con todos'. Todo el arco peronista y kirchnerista se alineó detrás de esa unidad con objetivo claro y norte  incierto.

Las elecciones del 9 de Junio trajeron un vendaval de sorpresas: Manzur fue reelecto con casi el 50% de los votos, dejando segunda a Elías de Pérez, tercero a Bussi y a Alperovich en cuarto lugar. Germán Alfaro derrotó por más de 10 puntos a Mario Leito, pero faltaron radicales y macristas en los festejos. Bussi se quedaba con la bancada opositora más poderosa de la Legislatura y pisaba fuerte en el Concejo Deliberante capitalino.

Una vez reelecto, Manzur comenzó a trabajar en la campaña nacional de Alberto Fernández, y su nombre tomó fuerza incluso para integrar su eventual gabinete. Tucumán fue la primera provincia que visitó el ahora Presidente. El tucumano se sentó en la mesa chica de la campaña y tendió puentes con sindicalistas y gobernadores, encabezando encuentros regionales que sumaron volumen al Frente de Todos.

 Alfaro comenzaba a marcar distancia del macrismo y recién en la antesala de las elecciones de octubre haría explícita su pertenencia a Juntos por el Cambio, cuando recibió la visita del candidato a vicepresidente Miguel Ángel Pichetto.

Las PASO del 11 de agosto mostraron al gobernador tucumano en el escenario junto al victorioso Fernández, quién le agradecería especialmente su apoyo; Macri mandó a dormir temprano a los argentinos esa noche.

La candidatura a diputado nacional de Domingo Amaya –tras vencer en la interna al radical camperista Manuel Courel- trajo consigo un aluvión de funcionarios nacionales  que arribaron a Tucumán a apoyar al funcionario macrista y militar la candidatura nacional del líder del PRO, tan debilitada en Tucumán. La sucesiva llegada de ministros nacionales de peso que no repartieron bendiciones en la campaña provincial generó discordias puertas adentro, que no tardarían en florecer. En el flamante Frente de Todos, la lista la encabezó Mario Leito y la nómina incluyó a la camporista Mabel Carrizo y el sindicalista bancario Carlos Cisneros. Quién busco romper “la grieta” fue Silvio Bellomio en apoyo a la candidatura de Roberto Lavagna, pero no alcanzó y meses  después se sumaría al Gabinete de Germán Alfaro.

El propio Mauricio Macri visitaría dos veces Tucumán antes de las elecciones generales: inauguró en Tafí Viejo un Espacio de Primera Infancia sin habilitación municipal por un problema de papeles. Tildó al intendente Javier Noguera de “remolón”, y éste le respondió desde Estados Unidos, bautizándolo “domador de reposeras”, por su propensión a tomarse reiterados descansos de la tarea para la que lo eligieron millones de argentinos.

El expresidente de Boca también llegó a suelo tucumano con sus marchas “Sí se puede”. Arriba de una camioneta en Yerba Buena y desde un escenario ante una Plaza Independencia colmada, Macri arengó a los tucumanos a dar vuelta la historia al grito del ya clásico “sísepuede” y “Mauriciolodavuelta”. Desde abajo del escenario, lo observaba la diputada Beatriz Ávila junto a funcionarios municipales. No la invitaron a subir al escenario, reservado sólo para los amigos. Germán Alfaro, el gran ausente.
Alberto Fernández resultó electo presidente el 27 de octubre, poniendo fin así a cuatro años de macrismo. Con él, regresa triunfal Cristina Kirchner, poco más de cinco meses después de patear el tablero político. Esa noche, Manzur dijo presente pero no fue invitado al escenario no recibió mimos presidenciales.

En Tucumán el Frente de Todos se impuso por amplio margen, pero no se hizo de las cuatro bancas a las que apuntaba: Leito, Carrizo y Cisneros al Congreso; de parte de Juntos por el Cambio, Amaya y Lidia Ascárate se sumaban a la bancada macrista en la Cámara baja.

Tras ser electo, Alberto Fernández vino a Tucumán a tomarle juramento a Manzur que asumía así su segundo mandato de la mano del Presidente por el que jugó a pleno toda la campaña. Desde nuestra provincia también comenzó a tomar forma el pacto social que llega de la mano de la recientemente sancionada Ley de Solidaridad Social que declara emergencias múltiples y busca “poner plata en el bolsillo de los argentinos”, como prometió el exjefe de Gabinete en su campaña.

En la antesala del tratamiento de la Ley de Solidaridad, Beatriz Ávila pateó el tablero y se sumó al bloque Unidad Federal para el Desarrollo, con peronistas y radicales no alineados con el macrismo, rompiendo definitivamente la relación del alfarismo con Juntos por el Cambio. Incluso el expresidente Macri le pediría a través de las redes sociales que “devuelva la banca”.

En Tucumán, el intendente de Tafí del Valle, “Pancho” Caliva desnudaba todas las miserias de la política local en un presunto audio viral; su par de Tafí Viejo, Javier Noguera, seguía sumando adeptos a su proyecto de Tren Elevado Metropolitano; mientras que Mariano Campero (Yerba Buena), Sebastián Salazar (Bella Vista) y Roberto Sánchez (Concepción) buscan conducir el nuevo radicalismo tucumano y tejen alianzas que los mantengan fuertes pero gozando de buena relación con el nuevo oficialismo nacional.

Hacia fin de año, llegaría el golpe más fuerte del año político. El senador nacional José Alperovich fue denunciado por violación por su sobrina segunda y exsecretaria personal. Los abusos sexuales habría sucedido tanto en Tucumán como en Buenos Aires, e incluso en el mismísimo Senado de la Nación. La noticia se dio a conocer mediante una carta de la denunciante, en la que manifestaba sus tormentos y señalaba con nombre y apellido a su “monstruo”.

El arco político guardo silencio, mientras la Justicia tucumana y porteña se declaraban incompetentes. La causa avanzaría finalmente en los tribunales federales de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. El senador nacional, tras hacer público el nombre de la denunciante y anunciar que no tenía motivos para dejar su banca, solicitó licencia sin goce de haberes por seis meses y guarda silencio desde entonces. Nadie en su reducido entorno dice nada, tampoco sus abogados: sus hijos lo defendieron públicamente, pero no hicieron lo propio su compañera de bancada, Beatriz Mirkin, ni su esposa, Beatriz Rojkés.

El año más caliente de la política tucumana termina con el peronismo de vuelta en la Nación y algunas complicaciones financieras a nivel provincial. El Gobierno espera que de la mano de Fernández lleguen a Tucumán las obras y el bienestar prometido.

2020 encontrará a Manzur buscando fortalecer el vínculo con Alberto; Alfaro probándose el traje de líder opositor con miras a 2023, pero como aliado del gobierno federal; Jaldo sembrando alianzas que le permitan aspirar a la gobernación en 2023; Cano, Amaya y Elías de Pérez buscan ganar terreno en la nueva oposición nacional; Bussi sueña con que las bancas obtenidas le permitan competir nuevamente por la gobernación; el macrismo más puro de Tucumán se quedó sin bancas ni cargos en la provincia; las aspiraciones de José Alperovich para el año nuevo pasarán casi exclusivamente por no terminar tras las rejas.