Top

"Vimos cosas que no volveremos a ver": la pesadilla de una pareja tucumana

HISTORIAS DE ACÁ

Christian y Jimena ahorraron y sacaron los pasajes para vivir el viaje soñado. De un día para el otro ese sueño se convirtió en un escenario desolador.

Postales de la pesadilla. Las fotos son de la pareja tucumana.





Cuando Christian abrió la página despegar.com en octubre del año pasado, no sabía, no podía saberlo, que la fecha elegida con precisión de cirujano iba a terminar siendo la peor posible. Porque un poquito antes o un poquito después, la cosa hubiera sido diferente: Si eran unos días antes, se hubieran ido, disfrutado, vuelto y recluido en casa, como todos. Si el viaje era un poco después, tal vez ahora hubieran renegado de su suerte, se hubieran quedado con las ganas de visitar las playas de Salvador do Bahia, no hubieran conocido el Morro do Sao Pablo, pero estaría seguros de que en, algún momento, la situación se normalizaría y ellos, con pasajes y reservas reprogramadas, terminarían teniendo un viaje normal plácido, tranquilo. Vacaciones, al fin.

Christian es un artista del calendario: conoce cada rincón secreto del almanaque, y saca provecho de eso. Sabía que saliendo el 11 de marzo y volviendo el 29, aprovechaban al máximo las bondades de los feriados, logrando vacacionar más tiempo, gastando menos días de descanso. Esta vez, la cosa no terminó como esperaban y, si bien, no fue una tragedia, las vacaciones se vieron truncadas de golpe, pasando muchas horas de incertidumbre y desasosiego.

Resulta que Christian y Jimena planearon una escapada a Brasil con mucho tiempo de anticipación, casi seis meses. Viajes y reservas por anticipado para bajar costos, es una costumbre de esta pareja viajera, que sabe aprovechar las bonanzas de internet. En octubre eligieron el destino: Salvador do Bahia y morro do Sao Paulo. El resto era esperar que el tiempo pase, mientras se cumple con la rutina laboral. Ambos empleados públicos, él de la Provincia, ella de la Nación.

Pasaron las fiestas, el carnaval, y algunos cuestiones más y la fecha señalada al fin llegó: 11 de marzo, es cierto que por entonces, un virus que había comenzado como un rumor lejano que llegaba desde la otra punta del mundo, se había ido acercando, causando cada día más nerviosismo que el anterior. Sin embargo, ese viernes cuando subieron al primer avión, la vida de todos los argentinos transcurría normalmente. Nadie decía nada, pero todos hablábamos de lo mismo.

La pareja de comprovincianos, ya estaba disfrutando del segundo día de playa, caipirinha en mano, cuando por WhatsApp, les llegaba el resumen de la cadena nacional en la que Alberto Fernández, invitaba a los argentinos a salir lo menos posible, suspendiendo las clases y eventos sociales masivos.

Un pequeño cosquilleo corría por la panza de la pareja, quienes no prestaron mucha atención y siguieron con mirada fija en el mar. Para colmo, hasta entonces, Brasil ofrecía el marco ideal para desenchufarse de cualquier cosa que pasará aquí: “Yo tenía la sensación de que había un delay tremendo entre lo que leía en los grupos de mis amigos de Argentina y lo que se vivía en la ciudades Brasileras, donde nada parecía estar pasando”, relató Kili, como le dicen sus amigos.


El miércoles, 24 horas antes de que Alberto Fernández dictara la cuarentena obligatoria, Jimena y Christian se instalan, según ellos esperaban, por seis noches en Morro, una isla cercana a Salvador de Bahía. La misma noche que llegaron a esa ciudad, en un bar, mientras cenaban y disfrutaban de una cerveza helada, escucharon una conversación que los intranquilizó del todo: “Mañana cierran la isla, hay que irse cuanto antes”, le decía una chica argentina a otra.

Jimena miró a Christian con angustia. Él trató de averiguar, pero en el hotel le negaron tal situación. Se acostaron y durmieron temprano, creyendo haber entendido mal. A la mañana siguiente, se despertaron y fueron al desayunador del hotel. Algo raro sucedía, no había nadie, la pileta estaba clausurada y las habitaciones se desalojaban unas tras otras.

La noticia que había oído sin querer en el bar era verdad, en un par de horas cerraban la isla, tenían que buscar la forma de volver a tierra firme cuanto antes. Tenían pasajes de vuelta, pero para seis días después y través de la tarjeta la estadía completa ya estaba pagada.

Lo primero era recuperar el dinero: Christian, que mide 1,90m y pesa 110 kilos, pidió el retorno de manera amable, el recepcionista llamó al gerente, que insinuó que la devolución no sería posible. Christian, que no estaba teniendo una buena mañana, levantó temperatura y prometió una paliza al estilo tucumano. El dinero no tardó en aparecer. 

Ya en tierra firme, con el dinero recuperado, tras una larga travesía marina, Salvador de Bahía lucía desierta. Había pasado solo 24 hs desde que la habían dejado, pero parecía que una guerra había arrasado con las casi 4 millones de personas que viven ahí. Jimena y Kili se miraron, extrañados. Volvieron al mismo hostel donde habían estado hasta ayer, pero el semblante no era el mismo, la preocupación se había apoderado de todos: “Parecía una película, vi cosas que no creo que vuelva a ver, una ciudad inmensa vacía, los aeropuertos sin gente, el mundo asustado. Todo eso de golpe, de un día para el otro”, resumió el Kili.

Como si fuera poco, recibieron un mensaje que les avisaba que sus vuelos estaban suspendidos y sin aviso de reprogramación. La desesperación se apoderó de ellos, se prepararon para volver como sea. Probaron suerte y consiguieron un  vuelo hasta Foz de Iguazú.


Toda película de Terror arranca en una playa, con bebidas en las manos de los personajes, generalmente son vacaciones, hay sol y mucha alegría. Todas terminan de noche, en calles desoladas y con los personajes desvalidos y a la buena de Dios. Esta no fue una película, pero tuvo la misma estructura. Llegaron a Foz al anochecer, cruzaron la frontera y cuando se disponía a pasar la noche en Puerto Iguazú, no los dejaron circular. Les prohibieron el ingreso al país, básicamente.

La solución era bastante extraña: “Los porteños tenía bondis esperándolos, los llenaba y viajaban gratis hasta su ciudad, si sobraba lugar te podías ir con ellos y buscar como venir desde Capital para aquí. Nosotros, los tucumanos, o los de cualquier  otra provincia, teníamos que juntar 40 personas que vayan al mismo destino, poner $4500 y nos traían. Una injusticia total. ¿Quién facilitaba los ómnibus a los de Buenos Aires? No sé”, Agregó.

Pasaron una noche helada en la calle, si poder ir ni para atrás, ni para adelante, ya habían salido de Brasil, no habían ingresado a Argentina. “Habrá habido más de 1000 personas en la misma situación que nosotros a lo largo de toda la noche”, calculó el tucumano.

Los colchones disponibles eran para compartir: si había mujeres o niños, los hombres debían levantarse y cederlos. En medio del desconsuelo total, un rumor en la oscuridad de la noche helada les traería esperanzas: “Mañana a la siesta hay un vuelo de Aerolíneas para los que tiene pasajes cancelados”.

Pasado el mediodía, fueron trasladado al aeropuerto, embarcaron, no sin antes renegar un poco: “Estaba vendiendo pasaje a personas que nunca habían comprado y los priorizaban. A nosotros nos había cancelado un vuelo que habíamos sacado 6 meses antes y nos querían dejar sin viajar”, esta vez fue Jimena quien sacó pecho y se hizo respetar, amenazando con sabotear el vuelo si no los dejaban subir.

Llegaron a la capital, ya más relajados y se enteraron de un vuelo que saldría 20 horas después a Tucumán. Aeroparque estaba vacío, solo ellos y unos cuantos más. Algunos sin saber cómo volver a sus hogares. Ellos, después de tanta incertidumbre, tenían una larga espera, pero sabía que llegaban a casa. Aterrizaron el lunes 23 de marzo, bajaron del avión, pasaron los controles sanitarios y volvieron cada uno a su casa para aislarse directamente hasta que lo diga la cuarentea..

“De todos los aeropuertos y controles que pasamos, el de Tucumán fue, por lejos el operativo mejor armado. Nos dieron alcohol en gel a todos, nos hicieron mantener la distancia recomendada entre persona y persona. Nos dieron barbijos a todos y folletos explicativos. En Tucumán están haciendo las cosas bien”, concluyó el Kili, con el orgullo de quien ha regresado a su tierra y que, al menos por un tiempo, no va a querer dejarla otra vez.