Top

"Yo no tuve nada que ver": el crimen, la condena y la verdad de Roberto

HISTORIAS DE ACÁ

"Parece que mataron a alguien en el depósito", fueron las últimas palabras que escuchó en libertad. Cuando llegó al lugar de los hechos, la Policía tenía un papel que le cambiaría para siempre la vida. ¿Qué pasó esa noche antes de entrar al penal de Villa Urquiza?

Foto ilustrativa del interior Penal de Villa Urquiza. Créditos: Pablo Toranzo.





Era un día más en la vida de Roberto. Había terminado de trabajar a la misma hora de siempre, era verano y en esa estación se trabaja más en el rubro de la empresa. Pero más allá de estar en temporada alta, esa jornada no tenía nada de particular para él. 

Alrededor de las 20 hs ya llevaba un buen rato en su casa que quedaba a poco más de una cuadra de su trabajo, entonces un vecino lo advierte: “Parece que mataron a alguien en el deposito”. Incrédulo, Roberto hizo lo que haría cualquiera: salió y se fue hasta el lugar de los hechos. Entonces, por el revuelo, confirmó lo peor, acababan de matar a su jefe, al dueño de la empresa. La Policía ya estaba en el lugar y él se presentó como el empleado que era. Le tomaron declaración y esa noche durmió con la tristeza propia de quien vive una situación así, pero nunca sospechó que su vida iba a cambiar. 

“Al día siguiente me buscaron para tomarme una declaración de ‘rutina’. Cuando llegué ya tenían un escrito preparado para que lo firme, pero no me dejaban leerlo. Cuando me negué me empezaron a golpear entre varios efectivos”, relata Roberto. 

Al poco tiempo se enteró que estaba incriminado como partícipe necesario: “Supuestamente yo había dado el dato para que entraran a asaltar y después terminó ocurriendo el asesinato. Yo no tuve nada que ver”, asegura Roberto, que hoy está muy cerca de terminar su condena y ya goza de libertad condicional.

“Fueron años muy difíciles, pero todo mi entorno me creyó siempre. Jamás me abandonaron. Mi mujer estuvo a mi lado y jamás faltó a una visita. Lo mismo mi papá. Mi mamá también iba. Al que más lo afectó fue a mi hermano al que le costaba mucho ver mi situación y me visitaba poco”. 

Una traición no duele solo por venir por la espalda, no es más dolorosa o artera por causar un daño grande. Lo que de verdad diferencia una traición de un ataque, no es su frontalidad, ni su violencia, ni la magnitud de la herida, lo que la define como tal es el ejecutor: “A mí me traicionó mi mejor amigo. Mi compadre, padrino de mi hija. Él fue el que me incriminó y quedó como único testigo de la causa. Aún no sé por qué lo hizo. Tengo algunas ideas, pero ojalá algún día lo pueda escucharlo de boca de él”, explicó.

El testigo, el traidor, según Roberto ya no vive en la provincia, incluso formó pareja con una ex novia de Roberto, y tal vez esto explica algo: “Yo no sé si estuvo implicado en el crimen, creería que no. Él también trabajaba en la empresa, pero cuando veo que se terminó yendo con mi ex pareja, pienso que la cosa pudo ser pasional también. Aunque de verdad no lo sé. Me gustaría cruzarlo, invitarlo a un café y preguntarle qué pasó. Soy capaz de darle un beso y un abrazo. Lo quise mucho”. 

Además Roberto agrega que estaba con su amigo en el momento que se enteraron del asesinato y jamás pudo imaginar lo que le venía encima: “Él tenía un tío en la Brigada, tal vez le aconsejaron que apunte a alguien para liberarse él de cualquier sospecha. A los autores él los conocía, pero yo no”.

Lo cierto es que para la justicia, Roberto fue partícipe de la acción y debió cumplir 8 años de cárcel en Villa Urquiza: “Fueron dos de preventiva, después salí hasta que hubo sentencia firme. Más delante, pasé 5 años adentro y ahora estoy con libertad condicional. Tengo que ir a firmar una vez al mes. El año que viene se termina la condena”. 

De sus años de encierro se guarda algunas experiencias que le sirvieron de enseñanza, incluso admite haber cosechado una de las grandes amistades de su vida: “Hace poco lo fui a visitar. Nadie quiere volver a entrar a ese lugar, pero yo quería verlo un rato. Creo que es un amigo que voy a conservar para siempre”. 

“Yo soporté todo ese tiempo encerrado porque todos mis amigos y familiares me creyeron. Cuando salí me esperaron con una fiesta y nadie sospechó nunca de mí. Eso me dio la fuerza para pasar todo lo que pasé”, agregó.

Hoy, Roberto disfruta de cada segundo de libertad, ve las cosas de otra manera y ha aprendido a valorar cada detalle que la vida le presenta ante sus ojos: “Ahora puedo elegir que comer. Puedo levantarme y buscar que hay en la heladera. Es una acto cotidiano qué valoro. Se extraña muchas pequeñas cosas que uno naturaliza y de golpe no están más. Aprendí a no discutir, ni a pelear por tonteras. Día a día me doy cuenta cuantos problemas menores nos hacemos solos”.

Ahora, Roberto está feliz de ver crecer a sus hijos todos los días, sabe que el tiempo perdido no se recupera, pero que si se detiene mucho a pensar en eso seguirá perdiéndolo. 

“Yo tengo la conciencia tranquila. Sé que siempre fui inocente. Yo la miré a la viuda de mi jefe de frente, le pude sostener la mirada y decirle que nunca se equivocaron al contratarme y que yo no tuve nada que ver. Nunca lo sabré, pero creo que me creyó”, finalizó.