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"Yo contagié a mi familia": el drama de un tucumano por el Coronavirus

HISTORIAS DE ACÁ

Cuando Adolfo aceptó un mate de su amigo Héctor, jamás imaginó todo lo que vendría después.

Adolfo se reencontrará con su familia en Anfama para las Fiestas.





“¿Tomamos unos mates?”, escuchó Adolfo. Cuando aceptó la invitación más noble de todas, cuando le dijo a su amigo Héctor que sí, jamás imaginó todo lo que vendría después del ritual: agarró el mate con la mano, acercó la bombilla a la boca, chupó dos veces seguidas, tragó el agua caliente con sabor a yerba, escuchó el sonido que señala que el mate queda vacío y se lo devolvió.


Adolfo tiene 52 años, es tucumano y trabaja en el Mercado Central de Liniers. Esa mañana del martes 25 de febrero, mientras terminaba el feriado por carnaval en la Argentina, Héctor le pedía a Adolfo que lo ayudara a cargar los palets con frutas y verduras luego de embalarlos en papel film. En una pausa del trabajo, el mate: “Ahí me contagié, en el trabajo. Siempre compartíamos el mate con Héctor. Era un hermano para mí”.

Adolfo se quiebra al hablar en pasado del amigo que ya no está: “Yo ya estaba internado en el Hospital de Avellaneda cuando vino una enfermera y me dijo: ‘Vení, sentate, tenemos que hablar’. No sabía qué pensar hasta que habló: ‘Falleció tu compañero de trabajo’. Me puse a llorar como una criatura. Yo soy fanático de San Martín, bien Ciruja, pero aquí también me hice de River. Íbamos siempre juntos a la cancha”.


Al día siguiente de los mates con el amigo y antes de recibir la peor noticia, fue ese miércoles 26 de febrero que empezó a sentirse mal: “Ya el miércoles empecé con diarrea y chucho, el jueves con fiebre. No le sentía olor a la comida. Mi señora hizo milanesas, hice un bocado, mastiqué bien, pero no le sentía gusto al ajo, ni a nada. Y el viernes ya no me quería levantar. Me dolía todo el cuerpo. A la noche, no daba más y mi señora empezó a sentirse mal: ‘La puta madre’, pensé. Esto no es normal. Y esa noche ya la pasamos en cuartos separados”.


“Ese viernes mi señora ya estaba desganada, había estado todo el tiempo en cama. Ella me ponía papa cortada en la frente, paños fríos, pero la fiebre no me bajaba con nada. Cuando me tomé la temperatura tenía 41 de fiebre. El sábado no aguantamos más. No habíamos comido y le dije: ‘Vamos a la clínica’. Tengo un autito, pero no podía manejar, ¡temblaba!”, relata Adolfo en diálogo con el tucumano.


Esa mañana, el cuadro febril era el tan temido: “De la Clínica en San Justo nos derivaron al Hospital de Avellaneda. Ahí al toque me pusieron el suero, me cablearon entero y hasta me pusieron el respirador. Estuve 14 días internado en total. Una semana con el suero: deliraba de la fiebre. Delirás todo el tiempo, ves personas que se te cruzan, soñás con gente muerta, soñaba con mis abuelos. Como dirían mis viejos en Tucumán: ‘Me he dao vuelta como una víbora’”.


Sus viejos, su papá y su mamá, son Adolfo y Petrona, el señor y la señora que recibieron el alta el último fin de semana aquí en Tucumán, en el Hospital del Este: “Antes de irse a Tucumán, mis papás vinieron a mi casa. No sé en qué momento, pero yo los contagié. Tenemos tres hijas: una de 13, otra de 19 y otra de 21. A ninguna les dio positivo. Pero sí a mi señora y a mis viejos. Yo contagié a mi familia. Y es una culpa que me acompaña hasta el día de hoy”.


A diferencia de lo sucedido con los trabajadores del Hospital del Este, donde la familia Chocobar le dedicó un video de agradecimiento al personal médico por el trato dado a Adolfo padre y Petrona, Adolfo hijo sintió otro tipo de trato en el Hospital de Avellaneda: “Te tratan como perro. Se tienen que cambiar para verte. Te dejan la bandeja de la comida en la puerta. Yo entiendo que están con mucho trabajo, pero no es forma. Bajé 13 kilos mientras estuve internado. Y para colmo, a los días de recibir el alta, empecé a sentir un dolor tremendo ahí abajo, en los compañeros. Me dolía muchísimo al orinar. Me había agarrado una infección urinaria, una bacteria en el hospital”.


Al igual que sus padres en El Siambón, Adolfo también sintió la discriminación de los vecinos en su casa de Florencio Varela: “En Tucumán el delegado comunal dio los nombres de mis viejos. Eso no se hace. Insulté para todos lados. Y aquí en mi barrio le sacaron fotos a la casa. Les sacaron fotos a mis hijas. Las empezaron a hacer circular por WhatsApp. Lo que nadie te cuenta cuando te recuperás del todo, del virus, de la infección urinaria, de todo, es lo mal que quedás psicológicamente”.

“A través de la ART hago terapia. Me hacen videollamadas una vez a la semana, pero no es lo mismo que estar ahí en el consultorio. Yo tengo miedo. Quedás con miedo. No estoy todavía para ir a trabajar. Me encantaría volver a la normalidad, pero quedás con miedo. Mientras hablo con vos, estoy esperando a mi hija sin salir del auto. Es la segunda vez que salgo de mi casa en todo este tiempo. Quedás con paranoia, tenés miedo para todo. Ya estoy sano, pero la culpa de haber contagiado a mis padres no se va. Cuando en el grupo familiar nos dijeron que ya les había negativo, lloré. Lloramos todos. Pero sólo yo sé cómo lloré en ese momento. Ahora lo único que queremos es que pase todo esto y volver a vernos para las Fiestas en la casita de Anfama. Después de toda esta pesadilla, eso es lo que sueño”.

Adolfo con su hija menor, quien por suerte no se contagió.

Adolfo hijo con su papá Adolfo y su mamá Petrona. Todos ya están bien.