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"Señora, su marido ha entrado en paro": el dramático relato desde el Hospital Padilla

HISTORIAS DE ACÁ

Ángel Romero estaba trabajando para un empresa que le brinda servicios a EDET. Mientras reparaba un cable, un poste en mal estado se desmoronó con él encima. Cecilia, su esposa, relata el infierno por el que están atravesando, tanto ella como su pequeños hijos.

Ángel y Cecilia tienen dos hijos de 5 y 6 años de edad.





Cecilia González salió a hacer unos trámites para su trabajo en lo que parecía una mañana más, común y corriente, como tantas otras. Ángel Romero, su esposo, le había pedido que la llamara cuando llegara. Ella, como siempre, intentó hacerlo y ahí se dio la primera alarma: Él no atendió.

Pasado un rato, el teléfono de Cecilia sonó, era una llamada de Ángel. Sin embargo, del otro lado la voz era otra: “Ángel tuvo un pequeño accidente, no te preocupes. No es nada grave. Él está bien. Está en el Padilla, van a hacerle unos estudios para descartar lesiones de graves”, le avisó un compañero de trabajo de su marido. 

Ella corrió al hospital, al llegar solo encontró al mismo compañero que la había llamado: “Ahí le pregunté cómo había sido el accidente, yo me imaginaba una caída pequeña, un golpe menor. Pero ahí me dice que se cayó estando colgado de un poste de nueve metros de altura”.

“El jamás se subía a una escalera, siempre utilizaba la barquilla. No sé por qué esta vez fue diferente. Cuando ya estaba arriba sintieron que la madera crujía y el intentó desengancharse el arnés para bajar, pero no pudo y cayó abrazado al poste. Tuvo golpes fuertes en la cara, el pecho y el abdomen”, relató la mujer.

“Al escuchar cómo había sido el accidente enloquecí y entré a buscarlo y a hablar con los médicos. Ahí me dicen que tenía una hemorragia interna, que estaba grave y que tenía que hacerle una cirugía urgente. Yo pedía pasar para verlo un ratito. Entonces de golpe salen y me dicen ‘Señora, su marido ha entrado en paro’. Ahí logré ver que lo intentaban reanimar”.

Cecilia, consternada, desesperada, paralizada, inmóvil, se quedó tras una puerta, sin saber qué hacer. La puerta se abrió y la peor noticia salió de la boca de un médico: “No pudimos salvarlo”. 

“Escuché eso y me metí corriendo a buscarlo, empujé al doctor y entré de prepo. Lo vi con la cabeza tapada. Fue muy fuerte”, relata con la voz totalmente quebrada. 

Ángel trabajaba hacía mucho tiempo en una empresa llamada COBRELEC, que le brindaba servicios a EDET, tenía 46 años y dos hijos de 5 y 6, que todos los días siguen preguntando por su papá y, además, tenía dos hijastros adolescentes que “lo querían como a un padre”. 

“Para mi es tortura mis hijos lloran todo el día y lo buscan. Yo les explico que se fue al cielo. Pero ellos lo siguen llamando. No sé qué hacer”, confiesa con dolor.

Ángel no supo, no podía saberlo, que el poste estaban en mal estado y que incluso un vecino ya lo había advertido: “Ya se lo había reclamado muchas veces a EDET. Por eso los voy a demandar por negligencia. Ellos ya sabía que se podía caer y no hicieron nada”, afirmó Cecilia. 

La cuestión es que el poste no aguantó y se vino abajo con Ángel encima de él. Sin embargo a la empresa no pareció importarle tanto: “Lo mandaron en una ambulancia solo acompañado de un compañero.  Ni siquiera vino el jefe de la cuadrilla, encima luego volvieron a colocar el poste como si nada hubiera pasado, cortaron el pedazo de madera podrida y lo colocaron de nuevo. La Policía no debería haber dejado que lo hagan antes de realizar las pericias”, aseguró. 

“Yo sentí que a la empresa no le interesó la salud mi marido. Ellos siguieron trabajando como si nada. Mientras a ellos les siguió entrando plata en el bolsillo, mi marido estaba agonizando”. 


“Ahora cambiaron el poste. Saben que los voy a denunciar entonces empezaron a borrar evidencias”, dijo Cecilia, que cree que su marido fue abandonado por sus patrones.

Por otro lado, Cecilia afirma que la empresa tenía deuda con él desde hacía tiempo: “Le debían varias quincenas. El año pasado le pagaron el aguinaldo de junio recién en noviembre. Además varias veces lo corrían y lo volvían a tomar, para que no sume antigüedad”, denunció.

“Me están llamando muchos abogados que quieren tomar el caso. Yo ya tengo el mío que está trabajando. Me llaman de la UOCRA también. Yo les agradezco, pero sé que la plata no me va a devolver a mi marido". 

Para Cecilia ya no habrá forma de hacer justicia: "Ya nadie le devolverá su papá a mis hijos... No busco justicia. Busco que a nadie más le pase algo como esto", dice y luego calla, solo el silencio y el tiempo le devolverán la paz.