"El miedo no es solo al contagio": la confesión de un padre tucumano
Tiene 40 años, trabaja en pandemia desde su casa mientras su señora lo hace en el centro: qué pasa puertas adentro y de qué se habla en la sobremesa.
Coronavirus en Tucumán.
Luis tiene 40 años, trabaja desde su casa por la pandemia mientras su señora lo hace en el centro tucumano y entre ambos disfrutan de una familia hermosa y multitudinaria. Luis había escuchado muchas veces en voz de su madre una frase que se repite últimamente en todas las sobremesas: “Mi miedo es que le pase algo a ustedes”.
Son los miedos que ahora como padre en este contexto siente más que nunca: “Tenía miedo cuando no podía conseguir trabajo, pero esto no se compara. A mí el miedo no me paraliza; por el contrario, me pone en acción. Con esta pandemia, no me quedo quieto en un rincón esperando que todo pase. Hay que estar en acción”.
La “acción” a la que se refiere Luis está referida a las tareas básicas y necesarias: “Soy el único que salgo, el que hace las compras. Mis hijos solo salen lo justo y necesario. Por las noches, cuando todos duermen, nos gusta ver los perros de la esquina, darles de comer y acariciarlos. Ese es nuestro momento de dispersión. Volvemos y nos lavamos bien las manos”.
Sin sus hijos, cuando Luis sale de su casa, camina distinto por las calles de Tucumán: “Así como si veo a un perro, lo toco, soy de tocar cosas en la calle. Ahora, cuando salgo, trato de no tocar tantas cosas. Solía ir por la calle tocando cosas: las paredes, las verjas. Ahora trato de no hacerlo”.
Cuando vuelve la madre de sus hijos en colectivo a su casa después de haber trabajado, Luis le pide a ella: “La frase más fuerte de la convivencia en esta nueva etapa es cuando llega ella, les digo: ‘No se abracen todavía. Andá a bañarte. No se toquen. Cambiate y recién salúdense’ . Más que nada porque ahora volvió a viajar en el colectivo”.
Este viernes Tucumán los 500 casos en las últimas 24 horas. ¿Cuál es el miedo mayor de un padre de familia? “El miedo no es solo al contagio. Tengo miedo por contagiar a mis hijos. Tengo miedo que no me atiendan, que no te den bola, que no te traten como a un ser humano. Tengo miedo al rechazo en los sanatorios. Esos miedos son más fuertes a las paranoias que puede armar la cabeza como el dolor de cabeza, quedarte sin oler, sin sabor. Hay muchos miedos. Pero los más fuertes son que mencioné y creo que son los que muchos padres y madres comparten”.








