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"Subí, que soy buena gente": vivió lo peor en el Parque 9 de Julio y no volvió a salir de su casa

INSEGURIDAD

Eran las dos de la tarde del viernes y por el paro de colectivos se fue a su trabajo caminando hasta Ciudadela Norte. El relato escalofriante de una situación que se repite a toda hora y que algunos pusieron en duda: su respuesta.

Avenida Gobernador del Campo.





El último viernes, a las dos de la tarde, M. salió de su casa apurada. No había colectivos en Tucumán y debía ir caminando hasta Ciudadela Norte, donde trabaja. Frente a Lawn Tennis, sobre Gobernador del Campo, relata: “Desde atrás sentía algo pero no me daba vuelta porque iba apurada. El hombre manejaba una Kangoo viejita, se frena a mi lado y me pregunta: ‘¿Dónde queda Esquina Norte?’. Así empezó todo”.

“Yo le estaba explicando cómo llegar por la avenida derecho hasta la Esquina Norte, pero el hombre me respondió: ‘Soy muy malo para las calles, yo te acerco y vos me decís dónde es’. Le dije que no iba a subir. Me lo dijo dos veces, le volví a explicar detalladamente nerviosa cómo llegar, pero ya no me escuchaba y me hacía preguntas: ‘¿Estás en pareja? ¿A qué te dedicás? ¿Tenés hijos?’ Todo el tiempo así y ya le contesté mal”.

M. sabía que había un taller mecánico más adelante, a unos metros, donde siempre hay gente: “Lo único que quería era llegar. Pero el señor, entre 50 y 60, medio calvo, me seguía insistiendo. Le dije: ‘Perdón, pero me tengo que ir, estoy apurada’. Después, el hombre de la camioneta se perdió. Cuando llegué al trabajo, una hora después, agitada, colorada, sin hablar, me puse nerviosa y me puse a llorar. Las palabras que me quedaron fueron las que me dijo: ‘Subí, que soy buena gente’”.

“No llegué a hacer la denuncia porque me quedó un poquito de miedo y desde entonces no me animo a salir de mi casa. Es un hombre entre 50 y 60 años, robusto, medio calvo y barba blanca. Lo único que pensé fue en llegar a mi trabajo: un merendero donde vendíamos cosas dulces recaudar fondos para los chicos. Unos 120 nenes vienen”.

Pero después de quebrarse en llanto ante sus compañeros de trabajo, la catarsis de M. siguió con su familia: “Lo primero que hice fue cuando llegué a mi casa hablar con mi mamá, con mi familia, mis primos, mis amigas. Mis primos son de Las Termas y lo querían ir a buscar. Y después tomé coraje para publicarlo en Facebook para poner en alerta a las chicas. Sé que les pasa a varones, pero pensé en las chicas y en que estén alertas. Algunos pusieron en duda lo que contaba y cuando leí me sentí mal, tratando de explicar que no había hecho nada malo. De hecho, obtuve mucho apoyo: una chica me dijo que sí me creía, le había pasado lo mismo”.

“Ya en cualquier lado y a cualquier hora te pasa. Pero uno tiene la necesidad de salir a trabajar y ya estoy tratando de asimilarlo. No quiero dejar de trabajar. Siempre salen los comentarios y, para tratar de prevenir lo más doloroso, aclaré que no iba yendo provocativa. Por privado me dieron consejos para que me cuide y estoy pensando en comprar gas pimienta. Siempre me lleva mi papá, pero hace traslados para pacientes con diálisis y ese día no podía. Pasan las horas y no quiero volver a pensar en lo que viví. Solo quiero hacer mi vida, salir a trabajar con cuidado, pero sin miedo”.