Top

"Siento mucha impotencia": le robaron a Javi El Vivo, movilero de eltucumano

inseguridad

Nuestro compañero salía del estadio de San Martín, donde fue a cubrir el partido del Santo frente a Agropecuario, cuando dos delincuentes le robaron su herramienta de trabajo. Su descargo en las redes.

Javi El Vivo, víctima de la inseguridad.





Una noche de terror le tocó vivir a Javier Cacieccio, más conocido como Javi El Vivo, el periodista de eltucumano encargado de los móviles en vivo. Nuestro cronista había salido del estadio de San Martín de Tucumán, luego de la cobertura del partido que realizó para el diario, y se disponía a regresar a su domicilio. Cuando llegó a la parada de colectivos de avenida Roca y Pellegrini, Javi vivió una verdadera pesadilla que luego detalló en sus redes sociales. 

“Me acaban de robar el celular, mi medio de trabajo. Fue en inmediaciones de la cancha de San Martín, al terminar la cobertura y a la vista de decenas de personas que esperaban conmigo el colectivo de vuelta a sus hogares”, escribió el movilero en su perfil de Facebook. 

En el texto, Javier explica que el celular es su medio de trabajo y que había comprado el equipo hace apenas dos días. “Gracias al fruto de mi esfuerzo y trabajo, pude comprar hace algunos días un nuevo celular, del que no alcancé a pagar ni una cuota. Me llegó el sábado y apenas dos días después lo estoy lamentando”, señaló.

Pero lo que más indignó a nuestro compañero fue la reacción de la gente que vió la escena y no hizo nada para ayudarlo. “Hoy me encontré con la peor parte de las personas, con el egoísmo y la poca empatía encarnada en 150 personas, 180 policías, y un taxista que terminó de quebrarme”, sentenció.

El descargo completo de Javi:

Me acaban de robar el celular, mi medio de trabajo. Fue en inmediaciones de la cancha de San Martín, al terminar la cobertura y a la vista de decenas de personas que esperaban conmigo el colectivo de vuelta a sus hogares. 

Cómo algunos saben, yo trabajo haciendo móviles en vivo para el diario el tucumano (algo en lo qué soy bueno), y utilizo el celular para registrar cada una de las entrevistas que hago. Gracias al fruto de mi esfuerzo y trabajo, pude comprar hace algunos días un nuevo celular, del que no alcancé a pagar ni una cuota. Me llegó el sábado y apenas dos días después lo estoy lamentando. 

Quiero contarles cómo fue la situación, porque siento mucha impotencia y la verdad que es de no creer lo que viví. Esperando el colectivo en Avenida Roca y Pellegrini, se me acercó un tipo por detrás, me puso algo filoso en la espalda y me arrebató el celular. Estaba lleno de personas, LLENO. El ladrón se metió entre dos autos donde habían 5 personas tomando, ellos vieron que me robo, escucharon cuando les grité y rogué que lo agarraran, pero no hicieron nada. Luego, el tipo subió a una moto que iba MUY LENTO, les tiré con el extensor de mi micrófono y nada. A todo esto, yo corría gritando que me ayuden y todos me miraban raro. Por el partido de San Martín y la proximidad de los festejos por  aniversario por los 112 años del club había más de 180 policías desplegados. ¿Ustedes creen que había algún policía en donde me robaron? La respuesta es que no había nadie, ningún uniformado. Hoy escribimos sobre el mega operativo de seguridad, no hubo seguridad para mí. 

Mientras perseguía al ladrón, un excelente hombre me levantó en su moto para perseguirlos mientras nos amenzaban con un cuchillo, a todo esto, gritaba con todos mis pulmones que nos ayuden, la gente nos veía pasar y no hacían nada. Chocaron contra un cordón donde habían personas charlando, se subieron cómo si nada y siguieron escapándose (Sabían que me habían robado, mis cuerdas vocales se encargaron de hacérselos saber). La gota que derramó el vaso e hizo darme cuenta del EGOÍSMO Y LA POCA EMPATÍA de las personas, fue cuando le rogué a un taxista que me acompañara junto al héroe que me llevó en la moto hasta donde habían doblado los choros. Me miró, se sacó el barbijo y se empezó a reír. Llamé a la policía y llegó con demora, hicimos un recorrido en vano para que me terminen dejando en mi casa para poder contactarme con algún conocido. A todo esto, me recomendaron ir a la mañana siguiente para hacer la denuncia y estar más tranquilo, porque a esa hr no había nadie que pudiera tomarla. Uno de mis colegas del trabajo me recomendó que vaya e insista para hacer la denuncia y cuando llego me doy cuenta que me correspondía otra comisaría. Me muevo de comisaria y me doy con qué había un cartel donde indicaban "Nos mudamos a X lugar". A todo esto, Eluney, una vecina mía, me prestó los últimos mil pesos qué tenía para poder moverme en taxi hasta la comisaría ¿Por qué? Porqué pensé que podrían rastrear el teléfono con la esperanza de que aún estuviera encendido. Grave error. Cuando llegué, el Oficial qué toma las denuncias estaba en llamada, viéndonos sentados, decidió seguir con la llamada. Luego de dar todos mis datos, les pido por favor que me ayuden a rastrear el teléfono. Me dicen que ellos no hacen esto, que la denuncia irá a otro lado donde verán si lo rastrean. Burocracia al vicio, así jamás recuperaran nada. Una vez terminado el trámite, les imploro que me acerquen hasta la Avenida porque la zona, a pesar de la comisaria, no es segura. Me dijeron que no hacen eso y que no tenían móviles. ¿Dónde estaban? ¡En el mega operativo! 

Hoy me encontré con la peor parte de las personas, con el egoísmo y la poca empatía encarnada en 150 personas, 180 policías, y un taxista que terminó de quebrarme. 

Mi celular era un medio de trabajo. No puedo comprarme otro en el corto plazo. Les ruego con toda mi alma que si alguien intenta venderles un Motorola G60s usado, me avisen a la brevedad.