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"La panza comenzaba a hacer ruido": el crudo relato de la crisis del 2001 en la mirada de un niño

Diciembre de 2001, 20 años

Marcelo tenía apenas 9 años y vivía en Acheral cuando estalló la crisis social y económica del gobierno de la Alianza. El hambre, la desocupación, la represión y la lucha de sus padres: “Cómo les podía explicar que mis viejos y la demás gente no eran vagos o delincuentes”.





Corrían los fatídicos días de diciembre de 2001 en que estalló la crisis institucional que marcó el derrumbe del gobierno del presidente Fernando De la Rúa; crisis que tuvo sus repercusiones en cada rincón del país y el pequeño pueblo de Acheral no fue la excepción. Ahí y con apenas 9 años, Marcelo Cristaldo Manzur vivió de cerca la miseria que supuso la debacle económica, la desocupación de sus padres y su lucha de aquellos días. En un emotivo relato, que compartió a través de su cuenta de Facebook, Marcelo recordó cómo se vivieron esos días en su pueblo y la enseñanza que le dejó ese momento histórico. Con estas palabras revivió la convulsión social de aquel diciembre:

En diciembre del 2001 tenía 9 años, la crisis había afectado a todos, la poca ayuda que destinaba el gobierno se perdía en el camino, hasta que una vez se reunieron un grupo de vecinos de mi pueblo, Acheral. Yo estaba contento porque estaban los papás de unas amigas mías y aprovechamos cada reunión para jugar. Teníamos muchos sueños, de viajar, de tener cosas, pero lo mejor era soñar con las comidas, jugábamos a prepararla con cualquier cosa, lo dejábamos porque la panza comenzaba a hacer ruido.

Todos los días veía cómo mis viejos tempranito iban a la ruta a protestar por los derechos de los compañeros, se reunían afuera de casa o en la casa de otro compañero y salían, desfiladitos. Muchos de los que iban fueron despedidos de sus trabajos, otros no aplicaban en ningún lado. Pero cómo podía explicar eso yo a mis compañeritos y amigos que tuvieron la suerte de que sus padres conservaron el trabajo. Cómo les podía explicar que mis viejos y la demás gente no eran vagos o delincuentes. Cómo les hacía entender que ellos estaban peleando por la Justicia Social.

Así pasaron los meses y llegamos a diciembre. Las fiestas para mí nunca fueron lindas porque recién pasaba un año de que una beba se le murió en la panza a mi vieja, recuerdo que en esa época mi mamá visitaba a un amigo de la familia y él, cada vez que la veía, corría a comprar una gaseosa porque sabía lo mucho que le gustaba, pero esa panza necesitaba comer.

Ya con la angustia de las fiestas y al ver las cosas que pasaban en Buenos Aires, comenzó mi temor. Hasta el día que aquí en Tucumán también reprimieron y yo sabía que estaban mis viejos ahí. En ese momento no pasó nada, volvieron y la abracé a mi vieja. Cuando se reunieron era silencio, nadie decía nada, después entendí que estaban haciendo silencio por los compañeros que fueron asesinados.

Los días ya se sintieron distintos, consiguieron unos bolsones, hasta unos de navidad. Había que tapar un poco todo lo que sucedía. El terrorismo de Estado aún seguía vigente porque la lucha no terminaba.

Un día al mediodía no recuerdo si fue lunes o martes, pero volvían todos los compañeros de la ruta y faltaban mis viejos, recuerdo que uno se acercó y la hablo a mi abuela y ella solo me abrazó y me dijo que me quedé adentro. Logré escuchar que los habían llevado detenidos, inmediatamente, el miedo había recorrido todo mi cuerpo porque pensaba lo peor y cómo no hacerlo si estaba viendo lo que la policía había hecho en otros lados. Recién pude calmarme un poco cuando a la noche vinieron a avisar que estaban bien. Fueron detenidos casi 48 horas que para mí fueron años. Mi mamá volvió y dijo que vio como tenía marcadas mis lágrimas.

La lucha tuvo sus frutos porque la ayuda comenzó a llegar a todos. Muchos de los que estuvieron ahí percibieron una ayuda, que el día de mañana se convirtió en el plan jefes y jefas de hogar. Aguantamos hasta el 2003 y, de ahí en adelante, todos conocemos la historia: muchos volvieron con sus trabajos, otros consiguieron uno nuevo, algunos arrancaron con sus emprendimientos hasta el día de hoy.

Agradezco a todos los que no tuvieron miedo y salieron a luchar, si no fuese por ustedes nada de esto sería posible. Gracias a mis padres, Marta Manzur y Jorge Cristaldo, por enseñarme el camino correcto. Hasta la victoria siempre.