"Cuando me vi las manos, tenía sangre": la pena de Antonela luego de la noche más violenta
En la madrugada del domingo, cuando volvía a su casa con su novio y otros dos amigos, un hombre desconocido la insultó y le rompió la nariz de una piña. Más allá de las lesiones, la invade una profunda decepción por una nota y sus comentarios. “Me duele que supongan que yo provoqué al tipo”, se lamenta. VIDEO.
Antonela en la guardia, luego de ser golpeada por su agresor.
Antonela tiene 21 años. La noche del sábado, luego de una extenuante semana de trabajo, decidió salir a relajarse a un bar. Lo hizo junto a su novio Benjamín, con quien comparte su vida hace más de dos años, y a otros dos amigos. Estuvieron hasta que cerraron el local en la zona de avenida Mitre y Corrientes y se dispusieron a volver a la casa de uno de los amigos en donde habían dejado su moto para poder volver a casa, en barrio San Fernando. Pero cuando pasaron por un drugstore de avenida Mate de Luna, a eso de las cinco y media de la madrugada, un sujeto desconocido los abordó, en especial a ella. Y lo que había comenzado como una salida para distenderse, terminó en la noche más violenta que recuerdan.
“Me vio de espalda y empezó a decirme cosas, sin importar que estaba acompañada, me decía que era una trolita, que no sabía las cosas que podía hacerme”, relata Antonela que, luego, completamente contrariada por la situación, ensaya una justificación que ni ella termina de comprender. “Ni siquiera estaba vestida provocativa, tenía un pantalón de jean blanco y una blusa negra”, aclara, como si fuera necesario. Y continúa: “Lo encaré, le dije que era un desubicado y entonces me vio y cambió todo, empezó a insultarme peor y a negar que me había dicho lo que minutos antes había pronunciado”.
Antonela es chica trans. Desde hace dos años y medio que realiza un tratamiento de hormonas que, al día de hoy, evidencia valores casi idénticos a los de cualquier otra mujer. Lo comprueba un simple examen de sangre. Más allá de una decisión, su género hoy también lo determina su propia naturaleza y el DNI que porta con orgullo. Fue cuando su agresor identificó su género, que su actitud cambió por completo. De acosador mutó en un violento descarriado que, sin previo aviso, le asestó una certera piña que le fracturó la nariz, para luego llevarse puestos a un amigo y a otra persona que intentó defenderla mientras todavía trataba de recomponerse desde el piso, completamente mareada, totalmente indefensa.
“De repente me sentí mareada, caí al piso y me toqué la nariz. Cuando me vi las manos, tenía sangre”, describe y no recuerda muy bien cómo, ni cuándo, de pronto el agresor estaba rodeado de policías que intentaban reducirlo. Ese momento quedó filmado. En el video puede verse al sujeto, un hombre de gran porte, de 33 años según reza el parte policial de esa noche, redactado gracias a la denuncia que Antonela y Benjamín dejaron asentada en la Comisaría Tercera y desde la que, aseguran, el sujeto fue liberado a las pocas horas por no contar con antecedentes.
“Ni los policías lo podían detener. El tipo los amenazaba con denunciarlos por agredirlo a él por defender a alguien como yo, decía cosas como que yo no era una ciudadana y que él sí, que no tenían que defenderme, y se justificaba diciendo que él había salido a divertirse porque trabajaba y tenía un hijo de tres años”, narra Antonela sobre la actitud que adoptó el hombre cuando llegaron los agentes para reducirlo.
Días después del brutal ataque, la joven trans asistió junto a su novio al Hospital Padilla, donde le aplicaron yeso en su nariz. Deberá aguardar dos meses y rogar que el tabique se acomode o, por el contrario, someterse a una cirugía para enderezarlo. No cuenta con obra social, con su pareja tienen un emprendimiento de venta de artículos electrónicos desde hace menos de medio año y, luego de que se viralizó la noticia, aseguran que sus ventas se vinieron a pique. Y no tienen dudas de la razón. “Cuando los potenciales clientes vieron que era una mujer trans, dejamos de vender bastante”, asegura Antonela que, además, lamenta que los artículos periodísticos sobre el acontecimiento no hayan contado todo lo que pasó a modo de visibilizar la cuestión de fondo: la discriminación y violencia a las que están circunscriptos los integrantes del colectivo LGBT.
“Me comuniqué con el diario para ver si ampliaban la nota y no me contestaron nada. Ni idea como salió publicado, creo que la sacaron de la Comisaría porque a mí no me llamó nadie. Son dos párrafos y la gente con la falta de información es capaz de defender a la persona que comete la agresión”, recrimina acerca de las publicaciones del hecho en dos medios diferentes. Y en este sentido, pese a la lesión sufrida, revela lo que más le dolió en estos días. “Más de 200, 300 comentarios transfóbicos en la publicación de Facebook, gente queriendo justificar la violencia por el género, diciendo que estaba prostituyéndome, que seguro le debía dinero; no sería justo que algo como esto le pase a ningún hétero”, se lamenta.

La foto que se difundió en medios de la detención del agresor.-
Algunos de los comentarios le duelen más que otros, en especial los que aseguran que, por su genética, podría haberse defendido, casi como planteando un paralelismo con el reciente caso que despertó polémica mundial en el ámbito deportivo, con la nadadora trans Lia Thomas destrozando tiempos en natación femenina. “Mucha gente desconoce que una mujer trans no puede tener la misma fuerza que un hombre, por eso no pude defenderme. Un dato importante, porque en tema de masa muscular la fuerza que tengo ahora no tiene comparación con la de antes. Cosas cotidianas que solía hacer ya no las puedo hacer más”, explica.
“Un hombre vestido de mujer se trompeo con un hombre vestido de hombre, ambos fueron traladados a la comisaria; el hombre vestido de mujer quedo en libertad mientras que el hombre vestido de hombre quedo demorado por averiguacion de antecedentes”, escribe en la página de Facebook de un diario una cuenta llamada Rescate Argentina. Otro comentarista, Carlos Gustavo Zurita Zelarayan, escribe: “Chee basta de tanta hipocresía…. es un tipo vestido de mujer, la verdad es que esa gente si tiene derecho de molestar y faltar el respeto a las personas que muchas veces nos vemos obligados a tener que pasar por las calles a las cuales ellos se adueñaron y marcaron como zona roja de prostitución y nosotros como ciudadanos nos tenemos que bancar tener que vivir esa situación porque si reaccionamos vamos presos, que país generoso por Diosss”. Estos son solo dos de los cientos de comentarios que se pueden leer en la publicación de la nota en redes, artículo que no cuenta detalles de lo ocurrido y que pone el foco de la noticiabilidad en el hecho de que la víctima es una integrante del colectivo LGBT.


Antonela recuerda otro momento en que sintió que corrió peligro. Y lo peor de todo es que todavía hoy se cruza con esa persona que la hizo temer por su vida. Ocurrió en un colectivo de la Línea 11. En una ocasión, cerca de la medianoche, cuando iba a la casa de una amiga, el chofer la miró a través del retrovisor y, como la vio sola, se acercó y le pidió que se siente más adelante. Ella accedió sin sospechar de las intenciones del conductor, que comenzó a hablarle con un tono incómodo y a hacerle preguntas fuera de lugar. Cuando llegó a su parada, las puertas permanecieron cerradas durante unos segundos que parecieron largos minutos. “Me levanto, me hago para adelante y me empieza a interrogar que por que iba solita y que qué iba a hacer con mis amistades, me quería llevar por el lado sexual y cuando llegó el momento de bajarme no me quería abrir la puerta. Entonces, levanté el celular y lo amenacé con llamar a la Policía y grabarlo”, recuerda. Y el acoso continuó durante unos metros, luego de lograr descender del ómnibus. “Cuando me iba caminando el colectivero me iba siguiendo y diciéndome que me suba. Ahí lo que hice fue hacerme la que estaba grabando y ahí se fue”, asegura y reniega: “Al chofer lo volví a cruzar y no me quiso abrir la puerta, yo estaba con mi novio y me mintió que estaba fuera de servicio cuando arriba del colectivo iban unas treinta personas. Nunca hice la denuncia y el chofer sigue en la calle trabajando”.
La joven dice no sentirse segura cuando sale a la calle. Y cree que la principal razón de esa inseguridad es el prejuicio de gran parte de la sociedad, que encasilla a las chicas trans en el rubro de trabajadoras sexuales o las califica como gente de “mala vida”. “La gente generaliza que los transexuales viven para el sexo. La vida de las mujeres trans es muy difícil, hay algunas agresivas pero la vida las hace así. Y que no generalicen, no todas las trans se prostituyen. En mi caso tengo una pareja estable y un trabajo. Me duele que supongan que yo provoqué al tipo que me rompió la nariz”, se lamenta.
“Que sepan que un género no puede determinar cómo es una persona”
Antonela y Benjamín tienen su propio emprendimiento de venta de artículos de tecnología. Llevan cuatro meses y, hasta el hecho que se volvió noticia, las ventas venían bien. Es un trabajo que les ocupa prácticamente todo el día, aproximadamente de nueve de la mañana a ocho de la tarde, todo a bordo de una moto que comparten. Al terminar la Secundaria, ella estudió peluquería, casi de los pocos rubros en donde contratar gente del colectivo LGBT no es considerado como algo extraño o ajeno. Antonela buscó trabajo en otras áreas, pero le fue bastante difícil, especialmente en los bares, dice, y recuerda un reciente caso de discriminación en un local de Bella Vista. “Por más el cupo, es muy difícil trabajar en lugares como estos. Yo sé que muchas quieren salir adelante pero no se les da por los prejuicios sociales. Pienso que los que tienen negocios creen que van a perder clientela, por eso muchas chicas están en la calle, a algunas las corren de la casa, es feo que la gente siempre apunte con el dedo; tenemos derechos a estudio, trabajo y todas tienen ganas de salir”, reflexiona.
“Hay que dejar de ver a las mujeres trans como trabajadoras sexuales”, concluye Antonela, sin antes dejar un mensaje a toda la sociedad tucumana: “Que sepan que un género no puede determinar cómo es una persona”.
| Vale aclarar que por las reacciones en las redes y tras la liberación del agresor, la víctima pidió no mostrar su rostro. Desde este diario se obtuvo acceso a la constancia de la denuncia y, atendiendo a la preocupación de la mencionada, se decidió que tampoco expondríamos su apellido. |
Algunas fotos de las lesiones de Antonela:











