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El vergonzoso caso tucumano que resuena en medio del debate por las leyes Olimpia Y Belén

Pornovenganza

En el 2020, se exponía a un inmenso grupo de varones tucumanos que difundían mediante un grupo de Whatsapp fotografías y videos íntimos de mujeres sin su consentimiento, además de información personal. Hoy existe un debate en el Congreso que podría penalizar su accionar.





Belén San Román, era una joven de 26 años cuyo nombre saltó a todos los titulares en el 2020 cuando se quitó la vida, después de que se difundieron videos íntimos de ella en distintas plataformas virtuales y redes sociales.

Desde ese momento, Marcelo, su padre, luchó para que exista algún tipo de Ley que castigue o penalice a quienes realizan estos actos que atentan contra la intimidad de una persona. Ayer lunes, se presentaron en el Congreso de la Nación dos proyectos que van de la mano: la Ley Olimpia y la Ley Belén.

Olimpia Coral Melo es una activista mexicana que sufrió violencia digital tras la difusión de un video íntimo suyo de cuando tenía 18 años. Tras vivir las consecuencias de este hecho, decidió encabezar este movimiento que culminó en el dictamen de una Ley que penaliza este tipo de actitudes machistas contra las mujeres en su país.

En Argentina, la idea de esta nueva lucha encabezada principalmente por Marcelo San Román, es la de modificar con la incorporación del proyecto de Ley Olimpia la Ley 26.485 de protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres, para incorporar a los espacios digitales como ámbitos en los que puede suscitarse violencia, en conjunto con el proyecto de la ley Belén, el cual impulsa modificaciones en el Código Penal de la Nación para prever penas de prisión de tres meses a tres años y elevar las multas establecidas.

Uno de los ejemplos que más resonaron en los días de debate de estas leyes dentro de los grupos feministas, fue lo sucedido en Tucumán durante el 2020, cuando una mujer descubrió que existía un grupo abierto de Whatsapp conformado por varones (de los cuales la mayoría no se conocía entre sí), en donde difundían contenido íntimo de otras chicas tucumanas.

Algunas de estas fotos eran imágenes públicas sacadas de las mismas redes sociales de las chicas, mientras otras imágenes y videos eran directamente contenido que estas mujeres les habían enviado a algunos chicos del grupo, cuando mantenían algún tipo de relación sentimental y en confianza. Además, también había fotos de menores de edad.

Eliana, una de las víctimas, expuso su experiencia, la cual fue difundida en las redes de @leyolimpiaargentina: “Yo la verdad que no sé para qué quieren fotos de estas chicas si no las respetan en absoluto, tienen un morbo con humillarlas, ellos lo que quieren es tener contenido de una piba común y corriente que se la puedan cruzar en el colectivo y saber que la vieron en pelotas o garchando”.

Eliana, quien ingresó al grupo haciéndose pasar por un hombre, descubrió que estaban enviándose contenido privado de Camila, una joven a la que ella conocía y que también entró al grupo a comprobarlo, solo para perturbarse mucho más con lo que descubrió: “Lo que más me perturbó y me preocupó muchísimo fue ver una serie de fotos y videos de una chica que estaba en su trabajo, al cual un miembro del grupo le estaba sacando fotos en ese momento sin que ella sepa, mientras preguntaba si alguien sabía su nombre, avisando su dirección de trabajo, su lugar de trabajo y contando los horarios en los que se manejaba. Es decir que es un nivel de acoso que yo por lo menos no sabía que existía, es peligroso, es repugnante y estamos expuestas todo el tiempo a eso”, aseguró Camila.

En nuestro país lo más parecido a un delito de este tipo es el de la pornovenganza, que según el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación, es un concepto definido como la difusión no consentida de imágenes o videos íntimos en redes sociales, servicios de mensajería instantánea y cualquier tipo de medio donde se comparte información. El código penal considera esto como un delito pero con 2 distinciones, por un lado es pornovenganza cuando se difunde contenido privado después de rupturas amorosas o peleas desde de alguna de las dos partes involucradas. La otra distinción es la extorsión, es decir, la otra persona deberá hacer algo o dar dinero para que no se difundan estas imágenes.

En nuestra provincia, el nombre del grupo era “Tu minita me reacciona”, que nació como una respuesta de enojo ante una iniciativa viral en todo el mundo a los grupos de Facebook “Amiga, ¿es tu novio?”, en el cual las mujeres de distintas localidades exponían a hombres con pareja que buscaban ser infieles a través de las redes sociales.

Lo cierto es que no hay culpables claros en esta situación que sucedió hace ya dos años, pero si sirvió de ejemplo para mostrar el tipo de situaciones que se vive en condiciones de fraternidad o de silencio cómplice por un lado, entre varones, y por otro, entre todos los miembros activos de la sociedad que no comprenden o no hacen caso de la gravedad y el daño psicológico que genera esta viralización a la persona que es protagonista en las imágenes o videos íntimos, daño que puede ser tan grave como el que afectó a Belén, una joven policía de tan solo 26 años que no toleró la difusión y viralización de su intimidad: “Tomé la decisión de honrar la memoria de mi hija, para que no le pase a ninguna otra chica. Decidí hablar desde el corazón y desde el dolor. Mi hija no soportó ver su cuerpo, su intimidad en distintas redes, cuando un hombre, si es que se lo puede llamar así, decidió difundirlo, y después fue cómplice mucha gente, por seguir viralizándolo” expresó su padre, en el recinto del Congreso al comienzo de esta semana.