Top

"Cada grupo que egresa, es un pedacito de uno que se va"

DIA DEL MAESTRO

La "Seño" María Teresa es maestra en los Valles Calchaquíes hace 30 años y, aunque no siempre lo tuvo claro, la docencia se convirtió en su vocación.





“Cada grupo que egresa me hace llorar. Aunque uno no quiera, se emociona. Es como criar los hijos que no son de uno, pero los siente como tales. Es un pedacito de uno que se va”, sentencia María Teresa Morales a eltucumano.com tras 30 años de enseñar en primaria en los Valles Calchaquíes.

La seño María Teresa es maestra de 5° grado de la escuela N°10 Claudia Vélez de Cano en Amaicha del Valle. En esas mismas aulas en las que hoy les enseña matemáticas y ciencias naturales a niños de 9 y 10 años, ella cursó de principio a fin sus estudios primarios.

Nacida y criada en Amaicha del Valle, a los 21 años comenzó a trabajar en la docencia y por el momento no le tocó enseñar en aulas de la ciudad. “Cuando era chica quería estudiar psicología, pero no pude y terminé formándome como maestra. La verdad hoy puedo decir que es mi vocación", explica.

“A lo largo de la carrera docente el mayor agrado que tengo es trabajar con niños de pertenecemos a la comunidad Diaguita Calchaquí. Ellos están dispuestos a aprender, se brindan por completo. Por supuesto que pelean como todo niño, pero sin discriminar”, relata.

La Pachamama es la gran protagonista en la formación de los niños de Amaicha del Valle. “Se tiene en cuenta la interculturalidad, la Pachamama, el cuidado del medio ambiente. Para que puedan valorar lo que tienen en el valle, la vegetación y el cuidado de su propia casa”, explica Maria Teresa.

En esta dirección, señala que en las aulas de los valles se trabaja profundamente la cuestión cultural, algo que no se da del mismo modo en la ciudad. “Se trabajan las coplas originarias del pueblo, para que la cultura crezca, recitan, cantan coplas. Siempre se busca ir revalorizando la cultura. Además del contenido curricular correspondiente a todas las escuelas, se les enseña a tejer, antes iba una señora del pueblo para enseñarles a utilizar el fieltro, y la lana de llama. Les enseñaba cómo es el teñido de las lanas con elementos naturales. Se les enseña sobre el uso de las plantas medicinales”, asegura.


La pandemia no pasó inadvertida en las escuelas de los valles. La poca conectividad y el limitado acceso a wifi o dispositivos tecnológicos en la casa de los estudiantes, generaron algunos obstáculos en el proceso de aprendizaje de los niños. “La mayoría de los docentes se conectaban por vía virtual, pero una compañera mía usaba el medio radial para dar su clase en una hora especifica. Yo lo hacía por teléfono. No tenía mucha capacidad de conexión para la virtualidad, por eso daba clases en grupos de 6, en varios horarios distintos todos los días. A veces había un solo móvil disponible en un hogar con varios niños. Algunos, incluso no tenían acceso a internet” explica y relata que, se la tuvo que rebuscar para enseñarles a los chicos desde su casa y armó un pizarrón con cartón y contact. “Así les enseñaba desde mi casa a través del teléfono. Otra dificultad era las distancias entre ellos. Es mucha. No viven cerca como para que pudieran reunirse”, detalla.

A pesar del golpe de la pandemia, la seño María Teresa, observa que los chicos volvieron a la presencialidad con más ganas de aprender y participar de las ferias de ciencias o las olimpiadas de matemáticas. Además, la imposición de usar la tecnología para poder accesder a las clases virtuales en la pandemia, los obligó a aprender a usar los dispositivos tecnológicos como herramienta. Hoy los utilizan para investigar.  

En la escuela N° 10 de Amaicha los chicos hacen jornada completa. Por lo tanto, comparten 8 horas todos los días, en ese tiempo se aprende y se cultivan amistades. “Es como una familia. Uno siente la pertenencia a la escuela, y es muy importante querer tu lugar de trabajo”, comenta. “Se aprovecha mucho el tiempo y aprenden a vincularse entre ellos y con los docentes. Son muy respetuosos. Muchos viven en condiciones económicas difíciles. En la escuela desayunan y almuerzan. Eso es de gran ayuda. A la tarde toman mate cocido en la casa y se acuestan a dormir, la mayoría no tiene cena”, resalta.

En sus 30 años de docencia a la Seño María Teresa le impactó la frase de un alumno en particular. “Ellos quieren salir adelante. No sé si todos los niños piensan así, pero eso me dijo un alumno de 10 años: "Estudio porque quiero salir de la pobreza”. Esas cosas, dice María Teresa, “alimentan el alma del docente y nos dejan enseñanzas. Uno deja mucho en las escuelas en las que enseña.  En mis clases les explico matemáticas y les enseño a preguntarse el por qué de las cosas. Eso los lleva a reflexionar no solo en lo pedagógico sino en lo emocional", señala la docente.

En los recreos, los alumnos de la Escuela N° 10 de Amaicha juegan a la pelota y algunas alumnas llevan sus muñecas o se entreteienen jugando al elásticos. Pero en la escuela, además cuentan con juegos de mesa. "Han pasado por mí 30 grupos de alumnos, uno va aprendiendo junto con los chicos. Los ve crecer, puede observar cómo fueron manejándose de distintas formas en determinadas sitauciones.Te llena el alma. En un primer momento no era mi vocación ser docente. Quería ser psicóloga. Hice en Santa María la carrera para ser maestra y descubrí que a la psicología se la puede aplicar en el grado. Los chicos llegan a tenernos mucha confianza. Expresan todos los sentimientos que tienen, sin filtro. Lo que me gusta es que abren su corazón y te pueden manifestar cuando estan mal o tristes, uno puede ayudarlos y puede aconsejarlos para bien".