"Querido Benedicto": el mensaje de despedida de monseñor Carlos Sánchez al papa emérito fallecido
El 265° Sumo Pontífice falleció este sábado por la mañana luego de transitar una larga enfermedad.
Monseñor Carlos Sánchez, arzobispo de Tucumán. (Foto: Clarín)
A las 05:34 de la madrugada de este sábado, Joseph Ratzinger, más conocido como Benedicto XVI, pasaba a la inmortalidad a sus 95 años. El papa emérito falleció en sus aposentos del monasterio Mater Ecclesiae del Vaticano, donde pasaba sus días luego de abdicar al trono celestial en 2013.
El teólogo alemán, a quien le faltaron 50 días para cumplir ocho años de mandato, transitaba una larga enfermedad. La preocupación por su salud recrudeció el último miércoles 28 de diciembre, cuando el propio Ratzinger reconoció estar débil y pidió una “oración especial” a los asistentes a su audiencia general.
Desde Tucumán, la máxima autoridad religiosa, arzobispo Carlos Sánchez, le dedicó un sentido mensaje de despedida Su Santidad, que hoy disfruta del banquete del Reino junto a Jesucristo y los apóstoles.
“En esta octava de Navidad el Señor ha llamado a su presencia al Papa Benedicto XVI, quien, como fiel cristiano, como creyente, recibió la misión de anunciar la alegría del Evangelio a todos los hombres, de dar a conocer a Jesucristo mediante su enseñanza y el testimonio de su vida, una vida humilde, consagrada a Dios, entregada y sacrificada para que nuestro Salvador sea conocido y amado”, arranca monseñor en su misiva.
Sánchez también resalta la tarea de Ratzinger en sus casi ocho años al frente de la Iglesia. Le atribuye un mandato de “brillante lucidez”.
“El Papa Benedicto XVI, como Teólogo y como Pastor, supo hablar de Jesucristo de manera profunda y convincente, alimentando y fortaleciendo la fe en la lglesia, haciendo que los hombres comprendan el fundamento de su esperanza y den testimonio del amor de Dios en el ejercicio de la caridad”, reflexionó el arzobispo tucumano.
Finalmente, monseñor agradeció a Benedicto por una tarea que considera cumplida con creces. Y, entonces, le dedica unas palabras desde el fondo de sus entrañas: “Querido Benedicto XVI, que Nuestra Madre la Virgen, a quien amabas y en quien te confiabas, te reciba en la Gloria del Señor”.
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