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"Ladrillos sanitarios": la solución de un proyecto tucumano ante los desechos de medicamentos

reciclaje

un proyecto interdisciplinario de la Universidad Nacional de Tucumán fabrica "ladrillos sanitarios" con desechos de medicamentos: "Tomemos conciencia de los problemas que causan los medicamentos y comencemos a usarlos con moderación y eliminarlos correctamente".

Imagen ilustrativa





María Gabriela Cisterna para Red/Acción realizo una nota sobre un proyecto en Tucumán que fabrica "ladrillos sanitarios" con medicamentos caducados.

El proyecto surge en 2017, en ese entonces Sara María Amaní y María Inés Ribó, farmacéuticas y profesoras universitarias de la Facultad de Bioquímica, Química y Farmacia de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT), comenzaron a desarrollar soluciones para que los medicamentos caducados y/o en desuso sean desechados correctamente sin provocar daños ambientales.

Esa inquietud se convirtió en Ecofarmaconciencia y Por la Salud Ambiental, dos proyectos que trabajan como uno con el objetivo de eliminar los medicamentos vencidos y en desuso de origen domiciliario sin generar contaminación ambiental. “El farmacéutico es responsable desde la fabricación hasta el descarte del fármaco”.

Aunque se trata de dos proyectos por cuestiones administrativas, en la práctica funcionan como uno solo: ambos se abocan a la eliminación, no “reciclado”, de medicamentos porque sus químicos son neutralizados y eliminados para que no dañen el ambiente, pero su método de tratamiento más utilizado los aísla (es decir que igual permanecen cientos de años hasta degradarse).

El método que utilizan es, fundamentalmente, el encapsulado —estipulado por la Ley de Residuos Peligrosos y la Organización Panamericana de la Salud (OPS)— que consiste en inmovilizar los productos farmacéuticos en un bloque sólido dentro de un tambor de plástico o acero. "Nosotros separamos todo lo que es el material reciclable, que es plástico, vidrios, y nosotros nos quedamos con lo que sí es el medicamento. Hacemos un triturado y hacerlo polvo y eso unirlo a cal, cemento y agua. Después, también hacemos en gran parte encapsulado. Una vez que nosotros tenemos los ladrillos que se le llaman, estos ladrillos van a formar parte de los rellenos sanitarios y eso van a los cimientos", comentaron las farmacéuticas para CCC Noticias.

Después del encapsulado, estos bloques se convierten en ladrillos sanitarios. Esto es posible gracias a que el proyecto es interdisciplinario. Participan estudiantes de diferentes facultades, entre ellas Farmacia, Biotecnología, Arquitectura y Educación Física. Las iniciativas comenzaron sin ningún apoyo económico, pero desde 2017 son proyectos formales de voluntariado universitario y de extensión universitaria, es decir que reciben financiamiento estatal porque trasladan el trabajo que se hace dentro de la universidad al territorio y, así, generan vínculos sociales con la comunidad. 

“Tenemos un punto fijo de recolección en la cátedra de Farmacognosia en la Facultad. Además, en fechas anunciadas tenemos puntos de recolección responsable en distintas plazas, trabajamos junto con la Municipalidad de San Miguel de Tucumán que nos ayuda en la difusión”, explican las directoras de estos proyectos. “En la última recolección responsable, que fue en diciembre del año pasado, se habrán acercado más de 200 personas, aunque no llevamos un registro exhaustivo de cuánta gente ha dejado sus medicamentos con nosotras”, agregan. 

La importancia de descartar bien los medicamentos

En las páginas oficiales del proyecto Ecofarmaconciencia y Por la Salud Ambiental se concientiza sobre la importancia de un desecho óptimo de los medicamentos en desuso: "Nuestro proyecto está comprometido en facilitar y promover acciones dirigidas a mejorar la cultura sobre la correcta eliminación de medicamentos", apuntan. Desde el proyecto informan que las principales vías de contaminación están relacionadas con el consumo y la excreción de fármacos y metabolitos en orina y heces, y también con la eliminación inadecuada o insuficiente de los medicamentos caducados o no consumidos. "Tomemos conciencia de los problemas que causan los medicamentos y comencemos a usarlos con moderación y eliminarlos correctamente", agregan.

En la Argentina, la Ley de Residuos Peligrosos regula el descarte de productos farmacéuticos, sin embargo, los residuos domiciliarios quedan excluidos en el artículo 2. “Hay un vacío en la ley porque solo regula los sistemas de salud como hospitales, centros de atención primaria, farmacias, pero no hay reglamentación para los medicamentos de los domicilios”, señala Amaní. Según el artículo 2: “Será considerado peligroso todo residuo que pueda causar daño, directa o indirectamente, a los seres vivos o contaminar el suelo, el agua, la atmósfera o el ambiente en general”.

“Los medicamentos domiciliarios que se desechan en la basura común, por el inodoro o en cualquier lugar son muchísimos”, afirma Ribó, aunque no existen estadísticas oficiales. Los que son arrojados a la basura quedan al alcance de cualquier persona que, sin que se lo hayan recetado, puede consumirlo, mientras que los que son arrojados por el inodoro pueden contaminar el ambiente y el agua de superficie, así como el suministro de agua potable. 

“Se encontraron trazas de antibióticos en muchos ríos del mundo. Esa es una de las causas por las que algunas bacterias generan tolerancia a su remedio correspondiente, ahí es cuando surgen superbacterias, es decir, cepas más resistentes que las demás. Eso es una gran preocupación a nivel mundial”, explica Amaní. “Las trazas de anticonceptivos han provocado la feminización de los peces”, agrega. En la Argentina, se encontraron trazas de ibuprofeno, diclofenac, entre otros, en descargas de aguas residuales en acuíferos. 

Fabricio Lorenzetti, uno de los arquitectos que integra los proyectos y que trabaja como docente en la Facultad de Arquitectura de la UNT, explica qué se hace con los medicamentos que recuperan: “Hay distintos tipos de ladrillos denominados ecológicos. En este caso, con los medicamentos, lo que se hace, es ponerlos en un molde y, luego, hacer un relleno de hormigón que los cubra. Este ladrillo no es bueno para construir, pero lo usamos como relleno en la construcción de equipamiento urbano, como bancos de plaza”.

“No se construye propiamente hablando, sino que funciona como algo alternativo. Como están encapsulados en el hormigón, estos químicos no son tóxicos para la salud humana y es mejor que queden dentro de un banco, aislados, antes de que lleguen a flujos de agua, intoxiquen animales y puedan perjudicar a los seres humanos. Es mejor que se los use como relleno antes que dejarlos a la intemperie”, refuerza.  

Los pasos a seguir para obtener los ladrillos

El proyecto tiene, como primer paso, realizar jornadas de recolección en distintas plazas de San Miguel de Tucumán donde participan docentes y estudiantes voluntarios de distintas facultades. La última recolección se hizo en diciembre del año pasado, desde las páginas oficiales en las redes sociales comunicaran cuando será la próxima jornada, que aún no tuvo fechas para este 2023.

El segundo paso es el traslado al laboratorio en la Cátedra de Farmacognosia, que es el lugar en el que se tratan los fármacos. El tercer procedimiento es la segregación: se separan los envases de los medicamentos, el cartón, papel, plástico, vidrio, todo eso lo llevan los recicladores urbanos; mientras que el medicamento en sí queda en el laboratorio. 

En cuarto lugar, se hace una clasificación en la que ya solo participan los estudiantes voluntarios de Farmacia y carreras afines. Los medicamentos son clasificados según sus componentes químicos, grado de peligrosidad, acción farmacológica. El objetivo es, también, que los estudiantes pongan en práctica los conocimientos que están adquiriendo en las materias que cursan. “Con esta clasificación, vamos a poder hacer la eliminación propiamente dicha”, explican las docentes. 

“El 60 % de los medicamentos que recibimos los eliminamos por encapsulado, haciendo estos ladrillos. Otras veces, cuando la peligrosidad del medicamento es muy baja, podemos hacer soluciones muy diluidas que se descartan por la red sanitaria. Con diclofenaco y paracetamol hicimos hidrólisis básica y ácida porque somos universidad y tenemos los solventes necesarios, pero la verdad es que estos métodos generan residuos que también son una forma de contaminar el ambiente, lo mismo sucede con la incineración, así que nos decantamos por el encapsulado”, señala Ribó. 

Los medicamentos que el proyecto recibe con más frecuencia son antibióticos —que tienen una alta peligrosidad—, analgésicos, anticonceptivos y vitaminas. “Queremos lograr una ordenanza municipal que regule el descarte de estos productos de origen domiciliario”, cierran las especialistas.