Tucumán sin elecciones: entre el ruido y la voz abúlica de la calle
Tras el fallo de la Corte Suprema y los comicios en suspenso, las calles tucumanas han hablado y esto es lo que han dicho.
El eco de los jingles de campaña sigue ahí como un coro ronco de chicharras tardías. En la radio del auto, le recuerda al taxista el mango esquivo; la changa que se aleja y dilata en nuevas promesas. La única certeza ahora es la ciudad latiendo del otro lado del parabrisas. Los pasos que pisan veredas tapizadas de marchitos votos otoñales. Los brazos cargados de bolsas. El murmullo de los vendedores mercando. Todo ante la mirada de papel de los candidatos con sus sonrisas prefabricadas. Los sofistas de café, los tahúres del cachimote, los laburantes en pausa otean la película muda detrás del vidrio. Esta vez, la pantalla del bar, remachada en el canal de siempre, no cuenta el accidente vespertino en la Panamericana. Para sorpresa, la pantalla y sus actores de tonadas ajenas, les cuentan, les explican, les vaticinan lo que sucede, lo que no va a suceder y lo que debería suceder detrás del vidrio. Mucho ruido. Afuera, la calle habla y escupe su hastío.

“Son todos iguales”, “todos roban”, repite el slogan pedestre. Pero quien dice todos dice ninguno y no toda es vigilia la de los ojos abiertos dijo alguna vez el poeta. Hay matices, colores, pinceladas en distintos tonos donde prima un desgano gris que no se condice con este sol que ilumina la jornada. El sol es democrático y sale para todos, pero calienta en una sola vereda. En la otra, un túnel de sombra y algo de frío. “No me interesa la verdad… Voy a votar porque es una obligación ir a votar”, mastica la calle. La indiferencia es la moneda del día, aunque no cotice en las pizarras.
Los que se ganan la vida. El lustrador. Los zapatos largos, punta cuadrada, judiciales. La prolijidad, ante todo. Zapatos que patean tribunales de intrigas palaciegas. La vendedora ambulante. Maná al paso. Breve vergel alimenticio. Combustible para seguir ¿Cómo se sigue?: “Yo de las elecciones soy nulo ¿En qué sentido? Si se suspendió, se suspendió por algo”. “Yo no voto hace un montón de años”. ¿Cuántos años son un montón?

“Ha sido sorpresivo para todos los tucumanos, por el gobernador Manzur, no sé qué pasará con él”, se pregunta la señora que busca un alivio a sus pies cansados. La urbe cansa. Tanta cara en tanto afiche cansa. Tanto voto flameando en la mañana cansa. Tanto grito estentóreo cansa. El ciudadano, de a pie, se cansa. Y la calle rezonga su voz abúlica.
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