"Generar proyectos de vida": la pelea contra el hambre y las adicciones en Costanera Norte
Un grupo de vecinos se organizan para cocinar y darles de comer a niños y jóvenes del barrio en el marco de la lucha contra las adicciones: “La plata no alcanza para nada”.
La pobreza, el desempleo y las adicciones son los principales flagelos que acechan a los más jóvenes en el barrio Costanera Norte. Ahí funciona el Cepla (Centro de Prevención para las Adicciones) Costanera donde cada semana el grupo terapéutico barrial Ganas de Vivir, que reúne a jóvenes en recuperación de las adicciones, se reúnen a cocinar para los vecinos que más lo necesitan.
“A veces falta la comida, por eso pedimos ayuda, que nos den un poquito más para que podamos sostener a las familias. No es que uno manguee, como dicen algunos, pero hay mucha pobreza, hay mucha gente que vive del cartón, yo tengo mi sueldo, pero también junto botellas”, comenta Elsa Ledesma, una vecina del barrio que colabora con la cocina para que este miércoles los más chicos tengan un plato caliente en la mesa.
Elsa se refirió a cómo afecta la crisis económica actual a los vecinos del barrio: “Todo está tan caro, todo está tan apretado que no se puede… A veces, nos vienen las boletas de la luz que no podemos ni mirar, y de ahí tenemos que comprar el gas… la plata no alcanza para nada”.
Por su parte, el psicólogo social Emilio Mustafá, a cargo de la dirección de la asistencia de adicciones, explicó que el grupo Ganas de Vivir funciona desde hace once años y destacó la importancia del Cepla, el centro que se inauguró en 2019, en la lucha contra las adicciones: “A partir de una lucha de las Madres del Pañuelo Negro, se logró la creación de este dispositivo. Fue producto de la lucha social, de la organización. La importancia de promover los vínculos comunitarios. El crecimiento del narcotráfico y el narcomenudeo lo que primero hace es romper las organizaciones barriales, es una estrategia que tiene el narcotráfico”.
“La importancia de que haya una política de Estado permite dar batalla como una estrategia en salud mental comunitaria para generar proyectos de vida, porque son zonas de pobreza estructural de décadas y esta es una expresión de que, cuando hay políticas de Estado apropiadas por las comunidades, se mejoran las condiciones”, remarcó el psicólogo social.








