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Coplas de la defensa

TRIBUNA ABIERTA

En el día de la Marcha Federal Universitaria y mientras Diputados debate el veto a la Ley de Financiamiento Universitario, compartimos este artículo de Diego Valeriano, publicado originalmente en Revista Panamá.

(Imagen utilizada por el autor en la publicación original, tomada de untref.edu.ar)





Hay que defender la universidad de estos giles que militan la estupidez, que parecen ponerse contentos ejerciendo su ignorancia en redes, que tienen miedo en la calle. Que no saben, que no pueden, que no entienden, que envidian. Defenderla de esta especie de venganza inexplicable, imbécil, atolondrada, suicida. De la obediencia autodestructiva al Fondo, de esta lógica puramente económica tan de moda, de los proyectos meramente individuales. De los terraplanistas, bro, consteladoras, cipayos, ajustadores, nenazos, su hermana.

Defender la universidad pública de los radicales que son gobierno desde que son jóvenes, que se empachan de cargos desde que son jóvenes, que aprenden sobre kioscos y contratos desde que son muy jóvenes. Defenderla de los cuadros intermedios que saltan de la universidad a la administración pública sin pasar, aunque sea un ratito, por la vida real.

Hay que defenderla para que no siga siendo un privilegio de pocos, para que no sea peor de lo que es ahora. Ni tan clasista, ni tan racista, ni tan gueto como es ahora. Del academicismo paja, el profesionalismo distante, de los que se reciben y olvidan. De jueces, economistas, radiólogas, trabajadores sociales, filósofas, escribanos, presidentes profesores, abogados, psicólogos, escribanas que te tratan con desprecio. Que solo recuerdan de esa etapa de la vida por su esfuerzo personal, el acompañamiento familiar y algunos pocos amigos. Defenderla de los vigilantes catadores de distancia que no entendieron pero señalaron, de los que niegan ser casta pero no sus privilegios, de los que diseñan planes económicos inflacionarios, recesivos, imposibles, desquiciantes.

Defenderla de la sobrepolitización, de la despolitización, de la disciplina partidaria, de la frivolidad, de la salida laboral.  De los vírgenes de CUIT, de quienes creen que es el mundo, su mundo entero. Del giro afectivo, de las teorías poscoloniales, de los nacionalismos. De las mesitas, de los chetos, de los troskos, de los que si la tocan cantan que van a armar kilombo, de las cientos de agrupaciones políticas que se meten en todo, de las que no se meten en nada. De las presentaciones de libros, de las que explican todo diciendo neoliberalismo, crueldad, ultraderecha. Del exceso de internacionalismo, de los vigilantes en guerra a muerte por cómo se dicen algunas palabras, de las modas de afuera, de los que flasheamos que la universidad se pinte de negro, de mulata, de obrero y de campesina

Defenderla de las que se llenan el timeline gediendo autorreferencia y educación pública pero no mandan a sus hijos ni en pedo a la secundaria de su barrio. De los olvidos de todos los gobiernos, de lo sobrenarrado, del periodismo, de los jam de poesía. De lo que es, de lo que viene siendo, de las palabras viejas que ya no dicen nada, de lo que quieren que sea. Defenderla de nosotros mismos para poder defenderla.


*Este artículo de Diego Valeriano fue publicado originalmente en la Revista Panamá. Pueden leerlo aquí.