"Era un niño feliz, le quitaron su luz": es urgente hablar de bullying en Tucumán
Cuando la violencia se disfraza de normalidad en una sociedad que no para, hay niños, adolescentes y familias que sufren en silencio. Hiperconectados y sobreestimulados, buscan las maneras más perversas y crueles de hacer sentir mal al otro. ¿Cómo detener esto? ¿Cuál es la raíz del problema y qué rol cumplen padres e instituciones? Por favor, sentate y hablemos de bullying.
Imagen ilustrativa.-
Desde insultos y violencia en las aulas, hasta canales de WhatsApp donde la víctima no puede hacer absolutamente nada. Lo que pasa en el recreo o dentro del aula es la forma más “simple y fácil” de hacer bullying, pero el problema se expande a las redes sociales e incluso a los videojuegos, donde la violencia y la crueldad se hacen virales en cuestión de segundos.
Hoy, la exposición puede ser una gran herramienta, pero también una pesadilla para quienes sufren en silencio el acoso de sus compañeros de manera cruel y persistente.
Dolor en el pecho, angustia constante, insomnio, ansiedad y una necesidad de controlar todo. No puedo estar en paz un segundo. Silencio en la mesa mientras mamá sirve la comida. ¿Cómo hablo? ¿Qué digo? ¿Y si es peor? ¿Y si me convierto en un buchón? Intento dormir, pero no puedo. Mañana será otra pesadilla más. No llevarles el apunte no sirve de nada: soy el punto de risas y burlas… ¿Qué hice? ¿Realmente soy yo el problema?. Son algunas de las sensaciones que viven las victimas.
Es urgente hablar del bullying en Tucumán. ¿Cuál es la solución? ¿Mirar hacia otro lado? ¿Creer que es solo “cosa de chicos”? Este problema, que existe desde hace décadas y que hoy no se detiene, sigue creciendo y deja un saldo preocupante: niños con trastornos, familias que no saben qué hacer, e incluso casos que terminan en tragedia.
El testimonio de la hermana de un pequeño tucumano que sufre bullying puede conmover a cualquiera. El niño, que siempre fue feliz, activo, inteligente y muy sociable, se fue apagando poco a poco. Hoy se convirtió en un chico malhumorado que solo quiere encerrarse en su cuarto. “Le quitaron la luz”, cuenta con dolor su hermana en diálogo con eltucumano.com.
La psicóloga Sofía Romero (MP 4313) analizó la problemática desde una mirada integral y remarcó que el bullying debe entenderse desde dos perspectivas: la social y la psicológica.
“Desde lo social, es un fenómeno de violencia entre pares donde hay una situación de poder que se quiere marcar. Una de las raíces más fuertes está en el lenguaje del hogar, porque cuando los chicos ingresan al sistema escolar, a lo que sería su segunda casa, lo único que hacen es repetir lo que ven y escuchan en su entorno”, explicó.
Desde la psicología, plantea que el bullying es un síntoma: “El niño o el adolescente está intentando tramitar algo con ese accionar. Hoy cuesta mucho vincularse, sobre todo por las pantallas, la sobreestimulación y las redes sociales, que favorecen este estilo de individualismo”.
“¿Hasta dónde llego?”
Para la psicóloga, el bullying no es un fenómeno reciente. “No es un síntoma de esta época. Viene de mucho antes, pero con el paso del tiempo se fue descuidando. Todo lo que deja de ser nuevo, en una sociedad que pide constantemente novedad, se deja de investigar. Se normaliza, se naturaliza, se volvió un lenguaje muy común”, sostuvo.
Además, advierte que en provincias con fuertes problemáticas sociales, como Tucumán, el tema muchas veces queda en segundo plano. “Lo más grave antes es lo que se trata de cubrir en las escuelas: la discapacidad, la inclusión, el aprendizaje de los chicos. Entonces la preocupación más grande pasa por garantizar que los niños puedan aprender. El bullying es multicausal, tiene muchas variables, y las instituciones se preguntan: ¿hasta dónde llego?”, reflexionó.
Si bien existen investigaciones legislativas y casos judicializados, la psicóloga destaca que muchos episodios de acoso escolar no llegan a esas instancias. “Hay situaciones que se sostienen en el tiempo, más silenciosas, más planas, que nunca van a ser investigadas, pero que igual generan daño”, señaló.
“Son unos hijos de puta”
Desde el entorno familiar de Ignacio (nombre ficticio) de 13 años, ya cansados de la situación y habiendo hecho todo lo posible para terminar con el dolor del pequeño, cuentan:
“Los profesores y preceptores de los colegios directamente subestiman todo y no quieren hacerse responsables de nada. Son unos hijos de puta, son los que día a día ven todo lo que pasa en el colegio, absolutamente todo, y prefieren ignorarlo”.
Entre los comentarios que —según la familia— le hicieron profesores al niño, mencionan:
1.“No tenés por qué decirle a tu mamá lo que te dicen tus compañeros, tenés que solucionarlo vos solo.”
2. “¿No creés que el problema sos vos y que por eso te molestan?”
3. “Son problemas de hombres, soluciónenlo entre ustedes.”
¿Algunos padres no están preparados para afrontar esta situación?
En su experiencia clínica, la psicóloga Sofía Romero observa con preocupación la falta de compromiso de algunos adultos. “Hay muchos padres que se desligan. El psicólogo también se ha vuelto una moda para desentenderse del problema. Entonces, cualquier cosa que pasa, dicen ‘vaya al psicólogo’. Pero los niños llegan sin saber describir sus emociones, y los padres solo vienen a demandar, como si el psicólogo fuera una escuelita de adiestramiento de personas”, lamentó.
Según la especialista, casi todos los pacientes niños y adolescentes que atiende presentan dificultades para pertenecer. “Empiezan a hacer cosas por moda y ahí aparece lo que yo llamo el ‘muñequito de apego’: el celular. Hoy los chicos de 8 o 9 años ya tienen teléfono ‘para jugar o hacer videos’, pero no se dan cuenta de que también están socializando a través de esos espacios. Desde los 4 o 5 años hay nenes en terapia a los que tenemos que regular el uso del celular”, explicó.
El anhelo del primer celular se convirtió, dice, en una meta. “A los 10 años muchos niños lo piden como regalo de cumpleaños. En el mejor de los casos, se genera un acuerdo familiar, pero el acceso tan temprano expone a los chicos a canales donde circula violencia, acoso y difamación.”
La crueldad detrás de la pantalla
Romero describe con crudeza cómo el acoso se amplifica a través de las redes. “Por estos canales pasan fotos, videos, incluso de los profesores o familiares de la víctima, y nadie puede tener el control. La víctima lo ve en vivo y en directo, y eso es lo más cruel y perverso”, subrayó.
“Hoy vivimos hiperconectados y sobreestimulados. Un audio o un video que dura 5 o 10 segundos puede parecer eterno para quien lo sufre. Hay tanta información circulando que todo se escapa del control, incluso de las políticas que puedan aplicar las escuelas”, añadió.
En este contexto, la psicóloga advierte: “¿Cómo se le pide a un niño o adolescente que no copie lo que ve si todo el tiempo se le presentan imágenes y ejemplos de eso? Hoy la nueva forma es exponer todo: la intimidad del otro y hasta su sufrimiento. No hay límites.”
“El agresor también es una víctima”
Romero insiste en que tanto la víctima como el victimario atraviesan procesos de sufrimiento. “Si hablamos de niños y adolescentes, están en plena formación de su estructura emocional. El agresor también es víctima de algo que no puede procesar. Uno sufre desde la acción, el otro desde la inhibición. Son dos formas distintas de padecer”, explicó.
Entre los síntomas que presentan los niños acosados, menciona ansiedad, miedo constante, aislamiento, bajo rendimiento académico, alteraciones del sueño y de la alimentación. “El niño teme, está en alerta todo el tiempo. Prefiere quedarse en casa, se apega más a mamá o papá, y evita los espacios donde debería sentirse cómodo, como el recreo”, detalló.
“El agresor, en cambio, suele tener falta de control de impulsos y necesidad de llamar la atención. No puede estar sin ser disruptivo”, agregó.
"Es cansarlo hasta agotarlo”
La familia cuenta que empezaron a notar todos los síntomas en el niño: “Nos enteramos por esas señales, y de ahí empezamos a preguntarle. Con mucha paciencia logramos que nos contara cosas, porque obviamente no lo hacía por ese miedo a ‘buchonear’. Y, al día de hoy, no sabemos el 100% de todo. Ya hace un año y medio que lo molestan en el colegio, y este año creo que fue el peor”.
"Los chicos hacen cosas y burlas fuertes que siempre están entre los hombres, pero que hoy en día ya no deberían estar normalizadas: como discriminar por ser ‘puto’ o decir ‘sos un puto porque hacés tal cosa’, o el bardo de ‘pito chico’. Cosas ofensivas todo el tiempo. O hacer grupos de WhatsApp con el nombre de la madre, o difusiones para burlarse. Robarle las cosas, los libros, los útiles, solo para molestarlo. Es cansarlo, es agotarlo hasta que no tenga ganas de seguir viviendo.”
“Los padres tienen que hacerse cargo”
Romero subraya que la respuesta no puede recaer solo en las instituciones educativas. “He visto muchos padres desesperanzados, que ya tuvieron muchas reuniones fallidas y sienten que nada cambia. Las escuelas deben recuperar la confianza en que hay profesionales que pueden sostener esta problemática. Y los padres deben asumir el rol que les corresponde”, enfatizó.
El bullying MATA
Para finalizar, la familia de Ignacio deja una gran reflexión:
“Es difícil este tema, es muy duro de enfrentar y hay muchas partes culpables. Nosotros tuvimos la suerte de ser una familia unida y presente, hermanos y padres que pudimos ver ‘a tiempo’ lo que sucedía, que podemos brindarle apoyo y contención. Pero hay muchísimas familias que no. Y el niño o la niña elige no hablar. Porque no quiere ‘buchonear’, porque no quiere preocupar o porque los profesores dicen que no avisen en sus casas. Hay que hacer más ruido con este tema, y se deberían dar charlas en los colegios y escuelas para concientizar lo GRAVE que puede ser el bullying. El bullying mata".
A su vez la psicóloga Sofia Romero agrega:
Muchos niños y adolescentes, frente a sus propias inseguridades, rechazan en otros aquello que no toleran en sí mismos. Golpear en el otro lo que duele en uno es una salida falsa ante el desamparo que sienten.Por eso, más allá de sancionar, necesitamos espacios que contengan, escuchen y ayuden a comprender . Una escucha terapéutica puede permitir que cada chico encuentre las razones que lo llevaron a ocupar cierto lugar —como víctima, testigo o agresor— y abrir caminos más sanos para vincularse".








