Javier Milei manotea el sable: cuál será el destino de la histórica arma de San Martín
Aunque la reliquia histórica fue donada por la familia Rosas al Museo Histórico Nacional, el presidente firmará un decreto para el traspaso del sable corvo del prócer del ámbito civil al militar.
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Más que un arma y una reliquia histórica, el sable corvo del General San Martín es un auténtico símbolo de independencia y emancipación nacional. Según se supo este miércoles, el arma empuñada por el Libertador de América en las batallas cruciales de la gesta independentista pasará del Museo Histórico Nacional, donde se exhibe actualmente, al Regimiento de Granaderos a Caballo. Según lo confirman distintos medios nacionales, el presidente Javier Milei firmará un decreto de necesidad y urgencia (DNU) que determinará el traspaso de esta joya del patrimonio del ámbito civil al militar. El intendente de la localidad santafecina de San Lorenzo había solicitado el sable corvo para ser usado como "cotillón" en una ceremonia, informó la periodista Susana Reinoso en una nota publicada por Clarín.
Según Reinoso, el decreto de Milei apunta a “la correcta administración, la preservación y la seguridad de este bien histórico. Será devolverles a los suyos lo que es propio”. No se entiende con claridad qué significa la correcta administración cuando, desde que en 2015 un decreto presidencial de Cristina Fernández de Kirchner lo instaló en el Museo Histórico Nacional, allí ha permanecido el tesoro histórico y patrimonial hasta hoy, con custodia de tres granaderos en tres turnos. La pieza había sido donada al museo por la familia Rosas, legitima heredera del arma del Libertador.
La movida comenzó a revelarse temprano cuando trascendió que el intendente radical Leonardo Raimundo había pedido al secretario de Cultura de la Nación, Leonardo Cifelli, el sable corvo para “una teatralización del Combate de San Lorenzo”. Durante la tarde, se supo que el mandatario municipal no había hecho ese pedido, sino que "ponía el lugar" para una ceremonia de otra naturaleza.

Geográficamente, la batalla que recogen los libros de historia y que hemos estudiado en la escuela tuvo lugar junto al Convento de San Carlos Borromeo, en San Lorenzo, provincia de Santa Fe. Fue el único combate librado por el Regimiento de Granaderos a Caballo en territorio argentino, según nos cuentan las fuentes. Y nos aseguran que el sable corvo de San Martín no fue usado en esa batalla, pues nunca se blandió en suelo argentino.
El 31 de enero de 1813, San Martín supo que cerca de San Lorenzo habían anclado buques españoles. Hacia allí se dirigió. El Libertador apostó sus tropas detrás del monasterio que había sido desalojado y, en la madrugada del 3 de febrero, advirtió el desembarco realista, apostado en la torre del convento. Con lanzas y espadas, el Regimiento atacó al enemigo. En quince minutos, según cuenta la historia, los Granaderos vencieron a los realistas. San Martín fue herido y su caballo cayó a tierra. Fue el granadero correntino Juan Bautista Cabral quien salvó la vida del general San Martín. La batalla fue incompleta, pero exitosa por la captura de las armas enemigas. Fue el bautismo de fuego de los Granaderos y, años más tarde, en Chacabuco, San Martín planteó la misma estrategia militar, en un combate donde se ponía en juego el destino de la revolución.
Aunque a media tarde no había llegado al Museo Histórico Nacional (MHN) ningún pedido formal del sable corvo que, expuesto en esa institución, tiene custodia permanente de tres granaderos en tres turnos, lo cierto es que el municipio de San Lorenzo ya estaba cursando invitaciones a un acto de traspaso. Según se lee en esa tarjeta, el sábado a las 19 se realizará la "entrega del sable corvo original en custodia al Regimiento de Granaderos a Caballo General San Martín".
Hasta ahora, los custodios del arma histórica duermen en el mismo Museo para no separarse del sable. Tal es la importancia del objeto que San Martín le legó a Juan Manuel de Rosas y que, por voluntad de Manuelita Rosas de Terrero, fue donado al Museo Histórico Nacional en 1898, cuyo fundador fue Antonio Carranza en 1890.
Antes del pedido de Granaderos que viene sonando desde hace varios meses, fue el exministro de Defensa Luis Petri quien había dejado trascender que el bien histórico tendría que pasar a su órbita. Nunca quedó claro si Petri lo quería para Defensa o para Granaderos.
El Regimiento fundado por San Martín custodió el sable desde 1967. Allí llegó el tesoro histórico por un decreto del general Juan Carlos Onganía, tras derrocar al gobierno legítimo del doctor Arturo Illia, en 1966. Para las fuentes, la medida de devolverlo a Granaderos, “creado por el propio San Martín, restituye un criterio histórico que había sido modificado en 2015”.
El decreto de Milei recogerá este hecho, siempre según nuestras fuentes de Presidencia, aunque en la referencia histórica omiten decir que el verdadero criterio histórico, manifestado por Manuelita Rosas de Terrero, fue que el sable corvo estuviera en custodia en Museo Histórico Nacional, y que así se cumplió con un decreto de la ex presidenta, Cristina Fernández de Kirchner, en 2015. En todo caso la modificación fue resorte de Onganía.

El cuartel de Granaderos es monumento histórico nacional. En Presidencia, justificando el nuevo destino del sable corvo, dicen que el Regimiento “no es un ámbito ajeno al patrimonio cultural o sin valor histórico. El sable estará en un espacio que “históricamente tuvo su custodia y que está directamente vinculado a su creador y a su función simbólica original”.
Tema abierto a debate en un país donde la seguridad jurídica, como concepto institucional, no parece tener arraigo permanente sino circunstancial, todo hace pensar que, si no hay vuelta de timón, el Regimiento de Granaderos se quedará con la custodia del sable corvo y el Museo Histórico se desprenderá de un tesoro de extraordinario valor republicano.
Solo resta saber si, una vez concretado este nuevo traslado, la sociedad argentina tendrá oportunidad de visitar el Regimiento para ver el sable corvo del general San Martín o si éste permanecerá en custodia solo para la vista de pocos.
El anterior director del museo, el historiador Gabriel Di Meglio, había alertado en 2025, antes de su sorpresivo despido -para muchos, el motivo fue haberse negado al traslado del sable-, que Defensa reclamaba con insistencia el sable corvo. Este martes la actual directora de la institución, María Inés Rodríguez Aguilar, no respondió las consultas de la prensa al respecto, aunque seguramente debe estar enterada de que, a partir del 7 de febrero, el Museo Histórico Nacional perderá la joya más valiosa de la colección, si no hay un cambio inesperado en la voluntad del Presidente.
La historia del sable corvo
El famoso sable corvo fue adquirido en 1811 por San Martín en Londres en una tienda de anticuario unas semanas antes de embarcarse hacia el Río de la Plata. El arma es de origen árabe, y en esa época era una de las armas blancas orientales de moda entre los militares ingleses y europeos. El sable posee una hoja de acero de Damasco, de aproximadamente 100 años de antigüedad al momento de ser adquirido. Lo que caracteriza al acero de Damasco es su calidad, filo, resistencia y ligereza. La empuñadura es de madera de ébano y su vaina está recubierta en cuero y bronce. Se cree que San Martín habría sido el primero en introducir este tipo de arma en América del Sur, y según su propia declaración, el sable lo acompañaría en toda la guerra por la Independencia de América del Sud.

Según los historiadores, el sable es un reflejo de la personalidad del prócer. Tiene una empuñadura de ébano, su largo total es de 95 centímetros. Claro que no es su dimensión ni sus materiales los que lo hacen único, sino que su mayor valor es simbólico. Fue empuñado por el general San Martín en los combates por la Independencia. Eso lo convierte en un tesoro patrimonial e histórico.
En la cláusula tercera de su testamento, redactado en enero de 1844, San Martín expresó su voluntad de que el sable que lo acompañó “en toda la guerra de la independencia de la América del Sud le será entregado al General de la República Argentina D. Juan Manuel de Rosas, como una prueba de la satisfacción que como argentino he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República contra las injustas pretensiones de los extranjeros que tratan de humillarla”.
Exiliado en Southampton, Rosas recibió el sable corvo. A su muerte, lo heredó su yerno Máximo Terrero. En 1896, Manuelita Rosas de Terrero expuso su voluntad de que, a su muerte, el sable fuera donado al Museo Histórico Nacional donde se encuentra actualmente.








