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Cuando la historia se complica, los huevos sobran

ANÁLISIS

Atlético sacó a relucir las garras y el corazón cuando el partido parecía que se le complicaba.

Foto: TyC Sports.





¿Cuántos corazones se habrán paralizado hoy, cuando Fabián Beligoy cobró el inexistente penal que le hacía, supuestamente, Cristian Lucchetti a Washington Camacho? ¿Cuántos volvieron a latir cuando el Laucha le contenía el remate al mismo volante y alimentaba la ilusión de los 4 mil hinchas que viajaron a Formosa y de toda la provincia que alentaba desde el Jardín de la República?

Esto es Atlético Tucumán, ese que cuando no encuentra el fútbol saca a relucir su garra, su corazón… sus huevos. Porque cuando Franco Sbuttoni se lesionó, toda la presión cayó en Mauro Osores. Pero el pibe de tan solo 20 años se los comió crudos a Fernando Zampedri y Marco Rubens, formando una impenetrable pareja de centrales con Rafael García.

El temperamento también apareció tras la lesión del Laucha Lucchetti. Alejandro Sánchez se adueñó de los tres palos y se mostró tan seguro como los últimos dos partidos que le tocó jugar, ante Racing y ante el propio Central por la Superliga. Descolgó centros, estuvo sólido cuando lo exigieron y, de yapa, fue la gran figura en la definición desde el punto penal.

Atlético se mete por primera vez en la final de la Copa Argentina y va por toda la gloria. Porque este equipo ya demostró que no se conformó con hacer historia y subir a Primera, mantenerse y clasificarse a la Copa Libertadores. Ahora quiere más.