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El año de Atlético: la carta de un hincha decano

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Resumimos el año decano con las emocionantes palabras de un hincha: La odisea de Quito, La Libertadores, La final de la Copa Argentina, el "exilio del gigante". Un 2017 para brindar por el deca.





Cómo olvidarme esa noche que en Quito fui la Selección.
Zampedri la cabecea y la pelota cae despacio, para que la panza se vuelva un nudo y el grito sea más fuerte. ¡Decano de Argentina! nos decía el continente entero. ¡Decano de mi vida! decíamos nosotros, ya adentro de la Copa.
¡Qué año, por Dios!

Vino el campeón de Brasil y se fue pidiendo la hora en el Monumental.
Lo que estaba ese Monumental. Mamita.
Ardió cada vez que jugaron los colombianos, los bolivianos, los uruguayos, los ecuatorianos.  

Y viajamos; con pasaporte viajamos los Decanos este año, papá.

Nos tiraron piedras en Montevideo, llegamos con los huevos bien puestos a la altura de Cochabamba y peleamos por la última esperanza en Sao Paulo, pero esa noche no alcanzó.

Estuvimos todos: en la cancha, por la radio, por la tele, por el cielo.
Abuelo, viejo, hermano ¿quién va a negar que te presté los ojos para que mirés desde mi corazón al Atlético más grande de la historia? Aunque ya no estés, lo vimos juntos. Lo sabés. Lo se.

Fue el despertar de un sueño para darnos cuenta de que no estábamos dormidos, que esto pasó en verdad, que el Decano es internacional. Y vos, que mirás este video como nos miraste por Fox, lo sabrás por el resto de su vida: jugaste la Liga y yo jugué la Copa.

Adiós, Lavallén. Gracias. Dios es justo, ahora lo sabemos bien: Dios es justo.

Adiós, Polaco, que te fuiste en andas -en lágrimas- cuando nos despedimos, en esos días en que se fueron un montón de jugadores y tuvimos que rearmar el equipo.

Y llegó el Ruso.

Y no había tiempo para que el adiós fuera largo: la Copa Argentina nos apuraba.

Y ya estaban el Pulga, el Bebe, Aliendro, Barbona y el Laucha...Laucha, corazón y vida, que dejaste el hombro al atajar el penal, y que aquí, en tu lugar en el mundo, te has consagrado histórico.

Cómo estaba Tucumán esos días: No se hablaba de otra cosa que no fuera de la final contra River. Y de la palabra a los hechos, el camino a Mendoza fue derecho.

Dicen que viajamos 15 mil y que fue la peregrinación futbolística más grande que haya partido desde el Norte. Lo dicen los diarios, lo dice la tele: fue El Exilio del Gigante.

Pintamos de celeste y blanco el Malvinas Argentinas y el país se quedó en silencio para escuchar nuestra versión de Ji Ji Ji. Y apareció El Pulga, como siempre el Pulga, inolvidable el Pulga. 

Mierda si lo gritamos, igual que cuando se acabó el partido y se escuchó un solo grito en la cancha: Soooy de decano, soooy decano. Mientras los otros recibirán la copa, nosotros cantábamos.

Porque el Gigante del Norte canta siempre, porque se habrá vuelto costumbre ya, esta moda de jugar copas internacionales.

Porque siempre estuvimos y siempre estaremos.

Porque el Decano es cada año más grande.

Y cada año más glorioso.