Cuando se queman los papeles
ANÁLISIS
San Martín jugó apagado ante un rival de media tabla que casi le gana en Ciudadela. Bieler sacó las papas del fuego y la carpeta de Forestello tiene a Gonzalo Rodríguez como suplente.
Bieler marcó sobre el final y el Santo salvó un punto. Foto El Puntano.
¿Cuál es el papel de San Martín en este torneo? ¿Lo protagonizará algún día? ¿O será un espectador más del montón? Porque a esta película ya la vimos el año pasado. Hasta la sinopsis de la película es la misma. Dice así: "Un visitante sin demasiadas luces visita Ciudadela para dar el gran golpe, pega primero y luego juega con la ansiedad y la falta de ideas del dueño de casa". El problema, claro, no es el argumento del rival de turno sino que San Martín, otra vez, y hasta con un hombre más durante buena parte del segundo tiempo, no fue capaz de salirse del libreto. Ni siquiera el empate de Bieler en el descuento cambió el final: silbidos y bronca.
Porque el hincha paga la entrada. Porque al hincha le subieron la entrada y lo mismo la paga. Y como a un buen libro o película, el hincha le da 15, 20, 30 minutos de tolerancia. El hincha no se hace drama si el clon de Ulises Bueno en San Luis te canta el primero y la dupla central se queda repasando la letra: "No puedo explicar qué pasó, solo puedo decirte que no funcionó...". No, cero drama se hace el hincha. Pero si el mismo guaso (que se llama Aguirre) se pierde el 2 a 0 de milagro, ya no hay Santo al cual rezarle y el canto es otro: "Movete, Santo, movete. Movete y dejá de joder".
Este domingo dejó la sensación que la caída contra Riestra dejó secuelas en el equipo. Porque fue una derrota dura como todo lunes, pero sobre todo fue una derrota inesperada. No estaba en los papeles de nadie ni mucho menos de Forestello. Y dentro de un plantel corto, dejó al técnico sin Benegas ni Galeano, el mejor del debut contra Los Andes. De cara al escenario de la recuperación, Forestello dirigió esta tarde con una carpeta verde en la mano: la usaba para acomodar a los jugadores durante el descanso para hidratarse, pero no hubo baldazo de agua fría que despierte a Diego Martínez como volante y al Pampu González en ataque.
Cuando se queman los papeles, los hinchas entran en acción y ellos sacaron a Martínez y mandaron a jugar a Gonzalo Rodríguez, quien con sus virtudes y defectos, es titular en este equipo sin pensarlo dos veces. Y no porque esta tarde haya cambiado algo su ingreso: de hecho, la única pelota que recibió con campo a disposición, la paró con la mano. Esa jugada fue un claro ejemplo del síntoma contagio que sufre San Martín. A Ulises Bueno ya lo habían expulsado y Matías García también se quedó repasando la letra: "Y todavía, sigo buscando la salida de este laberinto. Que alguien me dé un mapa, porque me he perdido".
Intenta volar el Santo, pero no lleva alas. Hay fuego sagrado en los jugadores, pero al equipo se lo nota apagado. Matías García juega muy solo y eso incide en las situaciones de peligro. Ni siquiera el gol sobre el descuento de Bieler calmó las aguas. Sí sirvió para sacar las papas del fuego cuando la cocina se quemaba, pero de todas maneras dejó un mantel de dudas. Y con las dudas, a esta altura del campeonato, no se alimenta a nadie. Con las dudas, señores, no hacemos nada.








