San Martín, todo lo aprendido y una pregunta directa al corazón
ANÁLISIS
El equipo de Forestello juega con las emociones de los hinchas y, a veces, se complica solo ante un rival que hizo todo lo que pudo y no le alcanzó. Con este 0 a 0, el técnico logró un paréntesis de calma entre tanta adrenalina rumbo a la gran final.
Galeano tuvo la más clara de San Martín. Foto de Alejandro Cruz. El departamento de Prensa San Martín tuvo restricciones para trabajar en la cancha de Agropecuario.
La frecuencia cardíaca normal de una persona en reposo, o sea, la tuya frente a la tele esta noche, recién, hace un rato, desde la primera clarísima de Gonzalo hasta la última de Bieler, es una frecuencia de entre 60 y 100 latidos por minuto. En Tucumán nos conocemos mucho y todos tenemos un amigo o el padre de un amigo que después del partido contra Dálmine se tuvo que tomar una pastilla para el corazón. Y no es broma. Y no, esta noche contra Agropecuario no hubo final para el infarto, pero el pecho dio un par de saltitos en ataque cuando Matías García no daba pie con bola y también coqueteó con la taquicardia cuando Benegas le pifió un par de veces en el fondo, dejándosela al rival.
¿Cuánto aguanta el corazón del hincha de San Martín? Todos los domingos, al menos durante 90 minutos, aguanta, resiste, sopla, late, pero no se relaja hasta que Ceballos termine el pleito en la cancha de Agropecuario, ante un rival que tenía que hacer todo para ganar esta noche y no ganó. Que quede en claro: tenía que hacer todo para ganar esta noche y no ganó, ¿de acuerdo? Porque el local sabía que buena parte de las chances de lograr su pasaje a la final se definían esta noche y lo intentó con las armas que ya sacó a la luz cuando eliminó a Almagro en Buenos Aires. Sólo que esta vez no le alcanzó porque, más allá de los síncopes en el fondo, Parra y compañía sólo exigieron una vez a Nacho Arce, totalmente recuperado del último centro en Ciudadela.
Al igual que el arquero, Acevedo también se mostró recuperado después de la roja que sufrió en Adrogué. Le pifió en una salida, pero terminó demostrando por qué fue la mejor noticia de la previa: Forestello recuperó un jugador clave para esta recta final, un defensor sólido, sacando todo, esta vez cubriendo las arritmias del paraguayo y que hasta tuvo una de las más claras cuando subió, cabeceó y tapó Assman, una de las principales razones por las que San Martín no ganó esta noche. Pero que también quede en claro: si San Martín no ganó esta noche y empezó a liquidar la serie fue porque el mediocampo nunca le encontró la vuelta al partido y, salvo Altuna bien parado, el trinomio de buen pie estuvo impreciso en el último toque.
¿Qué le pasó a Matías García? Ya contra Dálmine se lo vio dubitativo y esta noche desperdició contraataques que en otra noche no fallaba, con errores en la resolución raros en Caco, como Gonzalo Rodríguez y un centro a las nubes no apto para cardíacos. Hasta en la transmisión de TyC se dijo al aire que el cuerpo técnico le pide al crack del equipo que haga esa pausa necesaria, que no se apure, que encare, que rompa las líneas, como lo hace en otras ocasiones. Pero hoy no. Recién cuando Galeano se metió en el partido, el equipo empezó a jugar, pero no alcanzó: Busse nunca entró en sintonía y al Taca Bieler sólo le quedó esa volea que iba al ángulo.
Ahora bien, todo lo dicho hasta acá tiene que ver con un panorama ideal de juego, de noche redonda, de ambición por ganar y casi casi liquidar la serie y andá tranquilo a Ciudadela con el corazón listo para una tarde en paz, sin sobresaltos. Pero desde lo concreto, lo práctico, lo trabajado, lo luchado, lo planteado por Forestello fue lo que Forestello quería. El planteo salió redondo y el técnico logró la calma que se había propuesto después de la euforia por el 3 a 3 ante Dálmine, una noche más tranquila, sin tantas emociones, sin tentar tanto al destino, sin jugar con la soga al cuello, tratando de alejar de alguna manera la máxima que es ley en Ciudadela: “Si no se sufre, no es San Martín”.
Con todo lo que se había sufrido hace siete días, con todo lo que se había vivido, con las inevitables comparaciones con el partido contra Dálmine cuando Galeano quedaba mano a mano, o cuando ingresó Costa, con todo eso hacía falta un poco de paz, hacían falta esos últimos minutos del encuentro de esta noche ya con el manejo del partido sin sobresaltos, viendo a un rival ya sin ideas, con una roja encima, con el aire para terminar mejor parado y dejando una mejor imagen. En fin señores: con la seguridad de haber dado otro paso más, en una cancha difícil, chiquita, de las que les cuesta a San Martín, pero que hoy no admitió caras largas ni euforia. Tranquilos, ni muy muy ni tan tan. Así esta noche San Martín vuelve a Tucumán: con la ventaja de haber defendido esa ventaja fuera de casa y con la ventaja más importante de saber que todo se define en Ciudadela. Falta el último paso para lograr el pasaje a la gran final. Y el corazón está preparado.








