El aliento a San Martín también llega desde el cielo
Final del reducido
Sus embajadores en la Tierra. La camiseta, siempre presente, con el rostro de Guigo. Y la bandera que estrenarán los amigos de Victor Hugo Aranda, víctima del Parravicini ¿Quien no tiene un ciruja que también cantará desde el más allá?
Aquella tarde en el estadio de La Ciudadela, Andrea Carolina Rodríguez siente un viento que se le deshace en el pecho y luego mira al cielo. Entonces piensa en él: “Estás acá”.
Lo recuerda con la última imagen que le dejó: Guigo, un changuito de 14 años que sonríe mientras intenta sacarle una sonrisa a los amigos.
Como eran niños y niñas, sonreían seguido. Pero antes de cumplir los 15, en 2008, Guigo, el amigo, se fue. Y sonreír costó un poquito más.
Ahora en la cancha, Andrea siente que Guigo llegó con el viento. “Siempre estás con nosotros”, piensa, le dice, se dice. Siente. Lo siente.

Había pensado llevarlo en la piel, en un tatuaje. Pero Guigo (Rodrigo Acosta, su amigo de San Pablo que tan chiquito sufrió aquel aneurisma) se le apareció en una casualidad.
La hermana de Andrea inauguró una pequeña imprenta y le dijo que podría imprimirlo en una camiseta.
Andrea dijo que sí. Y Guigo fue a la espalda, sonriendo, junto a la leyenda que dice: “Como buen ciruja, desde el cielo te alentaré”.
Entre partidos, la camiseta queda guardada en el cajón que Andrea comparte con su hermano, también amigo de Guigo.
Dice que la lavó una vez, quizás dos. Que esa camiseta viajó a Salta, Jujuy, Córdoba, Andalgalá, Adrogué… y siempre a La Ciudadela. Siempre con ella.

Como ahora que el viento se ha desvanecido y Guigo se va del cuerpo de Andrea y ella, otra vez, empieza a extrañarlo:
“Siempre estás con San Martín, no entiendo bien cómo, pero se que estás acá. Cuando al Santo le va mal, te rezo más a vos que a Dios. Te tengo acá, en la mano, en esta camiseta. Y siempre te pido una más, una más, una más para el Santo. Lamento muchísimo que no lo hayas visto en Primera, que te hayas ido antes. Pero yo sé que el domingo como siempre estarás, como buen ciruja que sos, Guigo”.
En el tablón de las nubes, Guigo andará con los Cirujas del cielo. Aquellos y aquellas que tantos recuerdan quienes andan por la Tierra. Y entre los recuerdos, uno muy doloroso: el de los cuatro hinchas que volvían de Sunchales, quienes fueron velados en el estadio justamente en el último ascenso al Nacional B.
Una fotito en el llavero, una camiseta con su rostro, una bandera que jamás lo olvidará, como la que este domingo estrenarán los amigos de Víctor Hugo Aranda, el hombre que falleció la semana pasada al derrumbarse el ex cine Paraviccini.
Víctor Hugo, de 53 años, venía de comprar la última camiseta de San Martín, cuando el edificio se desplomó sobre la vereda sur de 24 de septiembre al 500, por dónde venía caminando. Al día siguiente en la sala Flores, sobre su cajón, había una camiseta roja y blanca.

Nueve noches después, el viernes, sus amigos acaban de salir de la Parroquia San Juan Bosco, de la misa en su honor.
“Siempre salíamos los viernes. A esta hora ya deberíamos estar en la casa de él, haciendo la previa… pero estamos acá, comiendo un sánguche. Qué va a ser”.
Su amigo, Gareca, empieza a vivir su ausencia.
Se conocieron hace 20 años, en la esquina de Roca y Libertad, unas de las arterias donde late el corazón ciruja. Y con la misma pasión, se hicieron amigos y fueron juntos a la cancha.
Gareca (Raúl Villagra de 44 años) recuerda hoy que, en algún ataque o jugada peligrosa, su amigo se sacaba la gorra y se la ponía, una y otra vez. “Era el más grande, el ingeniero”.
Su departamento de la calle Piedras era el lugar donde los muchachos se juntaban a jugar al truco, a comer un picada, un asadito, a tomar unas latas o un fernet y, por supuesto, a ver el partido de San Martín cuando jugaba de visitante.
Así, La Banda de Villa Alem, creció en amistad:
Marcelo, Armando, Maxi, Nico, Rata, Mocho, César, Rocky, Luis, Korol, Popi, Rodrigón, Cuty, Cantalicio, Bicho, Cusu y el Indio. Y los demás que en este momento Gareca no quiere olvidar.

Y que ninguno olvidará al Jefe, como le decían por molestar. “No sabés cómo te extrañamos, jefe. Te tenemos presente siempre. Te hicimos una bandera para vos, por San Martín y por la amistad”.
El domingo será el primer partido en Ciudadela que Víctor Hugo Aranda alentará desde otro lugar. Y también será el día en que sus amigos estrenarán la bandera que lleva su rostro, en la final contra Sarmiento.
Dicen que es posible que los jugadores la muestren al salir a la cancha. Qué bueno sería. La barra del cielo la vería clarita.









