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San Martín, el triunfazo y lo que no cuenta ningún historial

ANÁLISIS

ANÁLISIS | El Santo le cumplió el deseo a los hinchas: ganarle a Atlético en Ciudadela. Y lo hizo como manda su historia. Claves para entender por qué fue más que el Decano y cómo prolongó una fiesta que empezó con el ascenso y que cada día se pone mejor.

San Martín se acostumbró a festejar y le ganó el clásico a Atlético. La foto es de Esteban del Santo.





¿Algún historial es capaz de generar el señor quilombo que se armó en la espera de los clásicos invernales? De un lado dicen una cosa, del otro dicen otra, que los de la Liga valen, que no te olvidés de una Copa, que hijos nuestros de acá, que te saluda tu papá de allá, en fin, todo el calor de una provincia capaz de contagiar su clima al frío que tienen los números. Más allá de mitos y leyendas, lo cierto es que este apasionante ida y vuelta dejó cosas que no cuenta ningún libro ni estadística.

Por empezar, de amistosos no tuvieron nada. A cancha llena en el Monumental y en Ciudadela, la ida dejó mejor parado a San Martín porque le empató a Atlético como cuenta la historia de San Martín en algunos clásicos: sin jugar bien, sin hacer pie en una cancha imposible, la defensa sufrió aquella noche con el pincel del Pulga y el cabezazo de Leyes, la histórica fortuna en jugadas claves volvió a aparecer cuando el cabezazo de Leandro Díaz pegó en el palo y con la eterna viveza y picardía que ha acompañado al Santo en otros clásicos y que esta vez no fue la excepción: porque el cordobés Nico Giménez se ganó la ovación de esta tarde cuando reemplazó a Tino el otro miércoles, al prepearlo a Cabral, habilitar al gran Taca y tenga: golazo en el arco de la Chile.  

Pero lo mejor del amor se vio esta tarde: salió Ro-Ro-Rodrigo, carajo, y entró Cahais en la defensa, clave junto a Acevedo para comerse crudos a Matos y a Leandro Díaz, demasiado teatral para el escenario donde gana el que más juega, pero sobre todo el que más pone. Y aquí el único de los dos que puso la pierna, que guapeó cada pelota, que doblegó física y mentalmente al rival fue San Martín. ¿Quieren alguien que resuma de mejor manera lo dicho que Matías García, Caco, corazón y garra al jugar con la 3 de Maxi Martínez? ¿Qué tiene esa camiseta que contagia tanto? La respuesta la conocen todos de memoria: el sudor y los huevos del dueño original del puesto, del hincha que juega y que esta tarde lo disfrutó desde las tribunas.

¿Qué piden las tribunas de San Martín? ¿Los destellos de Tino Costa? Sí, claro que sí. Pero lo que no cuenta ningún historial y también cuenta la historia del Santo es que aplaude el sacrificio, que se rompan las manos cuando se traba, el “¡Bieeeeeeeeeeeeeen!” que desgarra a las gargantas de la Pellegrini cuando Altuna traba una vez, traba dos veces y tres también, cae al suelo y le avisa quién manda a Leandro Díaz, y Bieler se agarra feo con Lamas después de un codazo en la nariz y Purita sube la hornalla y raspa, y encima San Román se niega a hacer un lateral porque están los hinchas muy cerca, quejándose como lo hizo Bruno Bianchi después del partido al decir que la gente de San Martín no parece gente… Muchachos: estamos grandes.

Y también hay lugar para errores infantiles como el rebote que da Carranza en el tiro libre de Barbona para que Aliendro baile cumbia. Un error que fue borrado con guantes en dos intervenciones memorables: un sablazo de San Román con destino de ángulo y el mano a mano contra Matos, en la atajada del partido. Porque en el otro arco nada pudo hacer el Laucha cuando, si miran bien el video, Bieler permanece suspendido en el aire más tiempo de lo normal, y en un movimiento de cabeza deja solo a Franco Costa para que la pique ante la salida desesperada de Lucchetti, al que esperaron que llegue el gol para volver a llenarlo de rollos de papeles con todas las cuentas del fin de mes.

Pero así como Franco Costa confirmó en su ingreso como titular que es más que una opción de ataque, capaz de escurrirse entre las piernas del calentón Abero y definir como ya lo había hecho contra Flandria y Dálmine, aquí es cuando aparece el héroe inesperado que también aparece de vez en cuando en los historiales, como el Quebrachito Juárez o Sciaqua alguna vez en el Monumental, o como Mario Vera en Ciudadela, ¿te acordás? Y ese hombre fue Fabián Espíndola y la pregunta de los hinchas: “¿Que ese no era defensor?” No, ese era Espíndola López. Y esta cara desconocida con acento de sus pasos por México y Estados Unidos dio la presentación de su gol de película en HD, para que también lo veas por Fox, bailándole a la pelota con sus botines naranjas flúor ante la barba de San Román y mirá que saco el latigazo, mirá que lo saco, mirá: bomba con alma y vida al segundo palo de Lucchetti que ni intentó mover los brazos para evitar lo inevitable: el gol del triunfo, del triunfo que cada hincha de San Martín sabía que iba a darse la primera vez que Atlético pise Ciudadela, el que desató la fiesta para cantar porque es rojo y blanco el color de la fiesta, de la fiesta que empezó en junio con el ascenso y que no hay clima que la suspenda.