San Martín, el mensaje de Bieler y el cambio que se impone
ANÁLISIS
El equipo de Forestello cayó por errores en defensa y falencias en la generación de juego: así se desaprovecha al goleador y deja Rosario con muchas preguntas y algunas certezas.
Altuna no puede con Ruben. El volante tuvo la apertura, pero la suerte tampoco lo ayudó. La foto es de San Martín Tuc.
¿Cuánto tiempo lleva la adaptación a la Superliga? ¿Una fecha? ¿Dos fechas? ¿Tres? Ingrato si los hay, los tiempos del fútbol corren y por momentos te pasan por encima como reconoce el propio Bieler consumada la derrota de San Martín en Rosario. ¿Cuánto hay que esperar para que aparezca el equipo que acompañe al goleador? ¿Una fecha? ¿Dos fechas? ¿Tres? Sin excusas, lo blanquea el capitán cuando dice que sí, que llegaron chicos nuevos, que quedaron algunos de la base del ascenso, pero que la adaptación tiene que ser lo más rápido posible, es decir, ya.
¿Cómo se logra que el cambio llegue? ¿Que la adaptación a la Superliga se concrete? Desde que comenzó el calendario oficial, San Martín salió bien parado contra Patronato gracias a los goles de Bieler, a esas dos genialidades que disimularon el rendimiento en la cancha de Morón. El tema es que cuando no aparece Taca, nadie parece capaz de sobresalir, de brillar con luz propia, de romper las estructuras como sí lo hizo Costa contra Unión, pero nada ni nadie más.
Forestello, en estas dos fechas, pero sobretodo hoy, también envía un mensaje desde el banco para que todos lo vean: tira a la cancha todo lo que tiene, rompe su propio esquema inicial y vaya, Gonzalo, desequilibre, demuestre que me equivoqué en dejarlo en el banco. Pero Turbo no lo logra y resume lo que cuesta la adaptación cuando se tiene todo el potencial para explotar en la máxima categoría, pero no puede y choca y si no sale la primera, se cae, se apaga, off. Algo similar sucede con Matías García, generoso como pocos para bajar, poner el cuerpo, bancarse el acoplado de Ortigoza, pero lejos, muy lejos de la zona donde debe gravitar, donde debe hacer daño.
Entonces Forestello ya quema las naves con Nico Giménez, que a esta altura del campeonato, es decir, con apenas dos partidos jugados y el postergado de la primera fecha, da la sensación que es titular, que si entra desde el arranque y comanda los ataques San Martín puede convertirse en el equipo agresivo que es, que puede llegar a ser, con Arregui a sus espaldas siempre y cuando esté físicamente entero para presentar batalla y que el mediocampo no sea la zona de paso que fue para Unión y hoy para Central. A Altuna ni la suerte lo acompaña cuando en su cabeza tuvo el gol que quizás cambiaba todo y quedó en el travesaño.
El cambio que no llega también se aplica al fondo y a las desinteligencias que en otra categoría pasan desapercibidas, pero que aquí, en este inicio de Superliga, ya se ha demostrado que no, que se pagan caro. Son detalles que hacen ganar o perder un juego, porque San Martín hizo pie en el comienzo pero Cahais quedó rengo en el despeje del primer gol y no llegó al cierre del segundo. Entonces Arce explota con los descuidos sobre el sector del lateral derecho y el semblante serio, de preocupación, se traslada de vuelta a Bieler, al gesto de Bieler, a la respuesta de Bieler cuando el notable de la televisión le pregunta si está bueno que el equipo sea Bielerdependiente. Y no, no está bueno, si no lo acompañan, no está bueno.
Está claro que los cambios no son garantía de nada, sobran las muestras y muchas veces dan la sensación de que pueden generar algo que queda en eso, en apenas una sensación que no se concreta. Pero hoy queda otra sensación y es que el partido contra Gimnasia en Ciudadela es el momento de cambiar, de pegar un volantazo como el que pegó Forestello en Tandil y llegaron las alegrías. Es la oportunidad que se presenta para borrar este arranque, de prender fuego los diarios con el debut de Unión y de aprender lo que significó esta caída. Porque esto recién comienza. Pero esto, muchachos, ya comenzó.








