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Néstor Hugo Sosa volvió a transpirar la camiseta en las Termas

QUÉ FUE DE LA VIDA

Debutó a los 13 años, se fue de chico a probar suerte en Córdoba, debutó en Atlanta y en Tucumán se consagró como ídolo en Atlético y San Martín: "Sacamos a 70 chicos de la calle y les trasmito todo lo que sé". La historia de uno de los jugadores que dejaron todo en cada pelota que disputaron.

Néstor Hugo Sosa, toda su trayectoria hecha imagen. Las fotos son de la familia Sosa y de Rubén González, integrante de la filial de San Martín en Termas de Río Hondo.





A los jugadores de antes se los conoce por el nombre completo: así los anunciaban por la Voz del Estadio o en las páginas en blanco y negro de los diarios. Tanto en Ciudadela como en el Monumental, con la 8 en la espalda el nombre siempre era el mismo: Néstor Hugo Sosa. Es el termense que fue ídolo en los dos grandes clubes tucumanos, que dejó todo con las dos camisetas en distintos períodos y que ahora, con su temperamento intacto pero más tranquilo, volvió a su lugar en el mundo, vio una cancha vacía y armó una academia de fútbol. “Sabíamos que no había nada en esta parte de las Termas, moví los contactos y ahora puedo decir con orgullo que sacamos a 70 chicos de las calles y les transmito todo lo que sé".

Cuando Sosa puso manos a la obra quiere decir que habló con Catriel, con Jiménez, con Asprilla Zelaya (¿se acuerdan?), con los amigos que le dejó el fútbol y con Carlos Brizuela en la radio para hacer un par de anuncios para convocar a los chicos a jugar al fútbol: “Metimos un par de anuncios en tres días para llamar a los chicos y después se hizo como siempre: de boca en boca fueron llegando. Tenemos categoría 2006, 2007, 2008, 2009, 2010, 2011, 2012, 2013 y hasta 2014 (chiquitos de 5 años)”.

A la espera de la personería jurídica correspondiente para jugar en las inferiores de la liga termense, la escuela de Néstor Sosa se prueba todas las semanas con otras escuelas como la 2 de Abril y ahora la consigna pasa por elegir el color de la camiseta: “Yo quería crear una sede formativa de San Martín. Atlético ya tenía una en Termas. La camiseta puede ser roja y blanca, puede tener celeste, también nos gustan los colores de Defensa y Justicia. Los padres de los chicos van a definir cuáles serán”.

Los padres de los chicos que juegan en la escuela son jefes de familias humildes, trabajadoras, albañiles, empleados de la construcción y detrás de cada chico se esconde una historia de esfuerzo: “Muchos vienen en moto viajando un par de kilómetros con sus papás, algunos caminando. Aquí entrenamos todos los días. Empezamos a las 18.30 hasta que se vaya el sol. A mí no me gusta pedir cosas, pero quizás hay una posibilidad de que nos pongan reflectores para que más chicos puedan venir a entrenar hasta más tarde”, explica Néstor Hugo.

La historia de Sosa empezó como la de esos chicos que ahora aprenden de él: “De chico, ya a los 13 años me fui de mi casa a jugar en las inferiores de Instituto de Córdoba. Ahí aprendí mucho con Tito Rebbotaro, con el Pelado Dertycia, Nieto, Patricio Hernández, año 85 te estoy hablando”. Y de ahí siguió su rumbo en Newell’s: “Tenía 15 minutos para probarme con Griffa. Yo siempre fui 8 pero necesitaban un 5. En ese momento surgió la posibilidad de irme a Buenos Aires. Lo único que tenía era la ropa con la que había ido a entrenar: una remera, un pantalón, un par de zapatillas, los botines y un vaquero. Nada más. Tenía 15 años y no sabía qué hacer. Finalmente fui a Atlanta y ahí empezó todo”.

Con los colores azul y amarillo del Bohemio, Sosa volvió a Tucumán para jugar por primera vez en Ciudadela: “Fue el campeonato del 88 que terminó ascendiendo San Martín.  Yo de chico me había probado en San Martín, pero no quedé. Habíamos perdido en Buenos Aires el partido de ida y ahora en Tucumán jugué a cancha llena. Me acuerdo cómo nos llovían los naranjazos. Ese partido, pese a que San Martín nos eliminó, la gente me aplaudió y salí en vivo para hablar con Luis Rey. Estaba junto a Daza y Don Luis me preguntaba por qué si era de las Termas no jugaba en alguno de los grandes de Tucumán”. De aquellos años de jugar con el Viejo Guerra en aquel equipazo que casi asciende por primera vez a Atlético, Sosa recuerda, en la rivalidad con San Martín, la famosa tarde del penal del Bomba Cáceres: “Yo iba a patearlo, pero no me dejaron, no sé qué hubiera pasado”.

Sosa tiene la suficiente cancha y jugó 18 clásicos tucumanos, suficiente experiencia para analizar los presentes de Atlético y San Martín en la Superliga: “A Atlético lo veo bien dirigencialmente. Se le fueron jugadores muy importantes, pero va a seguir por buen camino. El caso de San Martín es distinto. No sé si todo es culpa del DT. El jugador tiene mucho que ver. Como lo que le pasó con Defensa: si vas ganando, ¡cerralo!”

De vuelta a su mundo, Néstor Hugo sueña con que su escuela sea un semillero de grandes futbolistas para abastecer a los grandes tucumanos: “Esto es lo que más me gusta a mí. Debuté a los 13 en las Termas. Hay que apostar a proyectos de largo plazo. Y los chicos que estén bien se vayan a Tucumán o también a Córdoba, donde dejé muchos contactos. Hay mucho talento en el norte y tenemos que saberlo usar a favor de nuestros clubes”, cierra Néstor, quien pide un momento para que su señora le tome la foto que ilustra la nota, él a lo largo del tiempo, con fotos de todas las camisetas con las que jugó reunidas en un gran cuadro, historias que siempre les cuenta a Carolina y a Eva Victoria, sus hijas. Los chicos, en cambio, lo esperan todas las tardes en una cancha, cuando rueda la pelota hasta que se vaya el sol.