El doctor Daniel, River y Luisito: la historia del sueño cumplido
HISTORIAS DE ACÁ
El niño de 11 años bailaba folclore hasta que sufrió una extraña enfermedad. El doctor Solórzano movió cielo y tierra y su paciente volvió a sonreír. Cuando el vínculo trasciende lo humano: "Vivís pensando en ellos. Sabía que esto le iba a hacer bien".
Nacho Fernández, Luisito, el doctor y Lucas Pratto. Las fotos son de Daniel Solórzano.
El doctor Daniel Solórzano despertó a toda su familia este domingo a las 7 de la mañana. Su señora Lorena y sus dos hijos Juan Cruz y Ana Luján se despabilaron y subieron al auto. “¿Adónde vamos?”, le preguntaron los pequeños al papá, mientras Lorena le dedicaba una sonrisa cómplice.
Mientras el motor del auto se calentaba en las primeras horas de esta mañana ideal para estar en la cama, en Arcadia, Concepción, se despertaba otra familia, los Yáñez. “¿Quién viene?”, le preguntaba Luisito a Marta, la mamá de cariño que lo ama y cuida desde los tres meses de vida. “El doctor Daniel, mi amor. Viene el doctor a verte”, le contestó.
Con el auto en marcha rumbo a Concepción, el doctor Daniel dejó en la casa de su hermano Carlos a su hijo Juan Cruz. “Con Luisito en el auto no íbamos a entrar todos. Entonces el más grandote quedó con su tío y nos fuimos al sur a buscarlo”, explica Solórzano, todavía con la picardía en la voz de un médico que hace todo en silencio para cumplir el sueño de su paciente.
Luisito tiene 11 años y el año pasado se le diagnosticó Sarcoma de Ewing, una enfermedad a la cual la ciencia la continúa estudiando. El niño que heredó la pasión por el folklore de su familia, bailó y ganó premios junto a su hermano, pero desde hace unos meses se encuentra parapléjico en cama.
Hasta el viernes, de hecho, había estado en el Hospital de Niños, donde trabó una amistad con el doctor Daniel, quien entre visitas y cuidados paliativos, supo de la pasión que Luisito tiene por River y por el arquero Franco Armani. “Un día no aguanté las ganas y me fui a comprarle una camiseta. La tuvo puesta una semana hasta que pudimos sacársela”, explica el doctor, quien sintió que no alcanzaba con la camiseta.
“Hice la residencia en oncología en niños en el Hospital Garrahan. Cuando me enteré que venía River, empecé a llamar a contactos para ver la posibilidad de que Luisito conociera a sus ídolos, pero no tuve éxito”, le cuenta Solórzano a eltucumano.com, para dar paso a la cadena de favores que inició en Tucumán.
“Yo soy hincha de San Martín, pero para estas cosas no hay colores y hay que ser agradecido en la vida. El viernes había fallecido mi primo y cuando salía del cementerio le comenté a Pedro "el Tumba" Íñigo, un amigo que avanzó en las gestiones, quien contactó a Marcelo Hernández, el rector de la Universidad de River, luego al doctor Paulo Falcón y se armó esa cadena de favores para ver si Luisito podía cumplir su sueño”.
Durante todo el día de ayer sábado, Solórzano esperó la llamada que lo haría feliz. A las cinco de la tarde le llegó el sí y compartió su alegría en un mensaje: “¡Estoy feliz!”. Pero hasta último momento, por si algo pasara hasta la noche, no le reveló la sorpresa a Luisito: “La única pista que le dí es que se pusiera la camiseta de River este domingo”.
Entonces esta mañana, cuando Luisito ya había desayunado, Marta le dijo que se pusiera la camiseta de River porque venía el doctor a visitarlo: “¿Por qué viene el doctor un domingo a la mañana a verme? ¿Pasa algo? ¿Para qué quieren que me ponga la camiseta? ¿Por algo en especial?”, dudó el niño. La respuesta de la mamá no terminó de convencerlo: “Le dije a Luisito que estaba todo bien, que el doctor quería que se pusiera la camiseta porque quería llevarlo a pasear al parque 9 de Julio”. A lo que Luisito respondió: “¿Al parque? ¿Con esta lluvia?”
Arcadia, donde vive la familia Yáñez, queda a 66 kilómetros de San Miguel. La familia Solórzano ya había dejado a Juan Cruz con el tío Carlos, Ana Luján iba sentada en la sillita de atrás del auto y pronto Lorena, la esposa del médico, también pasaría atrás para que Luisito ocupara el asiento del acompañante y la silla de rueda en el baúl. Pero antes de todo eso, un control policial lo detuvo al auto del doctor: “¿Seguro y papeles del auto, señor?”, le dijo el policía.
“Me puse tan nervioso que no encontraba lo que me pedía. Me revisaba los bolsillos y nada. Hasta que le dije al policía: ‘Le juro que tengo todo al día con los comprobantes, pero no lo encuentro. Estamos yendo a buscar a un nene que tiene un problemita de salud y quiere conocer a los jugadores de River. Por favor no me ponga una traba en este camino’”. El policía le creyó y fueron a buscar a Luisito por la autopista.
En el auto de vuelta viajaron: el doctor Daniel al volante, Luisito como acompañante, y atrás Lorena, Ana Luján y Martita. La sorpresa cómplice duró hasta que llegaron al hotel Sheraton, donde una multitud de hinchas esperaba afuera conocer a sus ídolos. “La cadena de favores siguió ahí cuando me dijeron que estaba todo listo, todo chequeado. La seguridad de River nos hizo pasar, Rómulo, Roberto, todos nos trataron de una manera espectacular y ahí le cambió la carita a Luisito: se emocionó cuando estábamos en la sala de espera, los jugadores de River terminaron de ver el video y antes de ir a almorzar vinieron a verlo: Armani, Nacho Fernández, Pratto, Ponzio, todos”.
“Éramos 10 personas nada más. En un momento le vi la mirada a Luisito, muy emocionado, y uno sabe lo que le pasa a los niños que la luchan tanto y encuentran este momento de felicidad. Los jugadores fueron espectaculares: no dimensionan la alegría que son capaces de provocar con estos gestos. Nos trataron como si fuésemos de la familia y la emoción es impagable. Vemos las fotos y no reflejan lo que vivió Luisito, no tiene precio, te sentís hecho y la alegría que tenemos es algo que los jugadores no dimensionan”, remarca el doctor Solórzano, ya fuera del hotel, en una confitería tomando el café con leche que también le había servido para convencer a su paciente.
Al lado del médico estaba Luisito: “Aquí tengo la camiseta firmada. Es muy buenito el doctor Daniel. Estoy muy contento, cumplí el sueño de conocer a los jugadores. Ahora vamos a ver el partido por tele con mi papá René que cumpleaños”, cuenta el protagonista de esta historia. Y a su lado, Martita, la mamá: “Fue difícil mantener la sorpresa, todo el tiempo preguntaba para qué, por qué. Es una alegría grande para él y todos nosotros en la familia: estábamos acostumbrados a verlo bailar folklore, hasta el primer año estudió y ahora, como ya no va a poder bailar, quiere que le compre una guitarra, pero ese es otro tema: yo soy jubilada, recibo el salario universal por él y no me da el margen para comprarle una nueva".
"Por lo pronto, mañana lunes tiene que volver a la quimio. Ojalá que se ponga bien nuestro Luisito”, se despide Marta, y le devuelve el teléfono al doctor Solórzano, emocionado a su lado: “Son cosas que van más allá del vínculo médico-paciente: te levantás pensando en ellos, te acostás pensando en ellos. Yo sabía que esto le iba a hacer bien. Y así fue: miren su felicidad”.












