Top

San Martín: nombres y razones del descenso que más duele

ANÁLISIS

El Pueblo Ciruja vive la hora más difícil que señala el fin del sueño de mantenerse en Primera. Cómo tirar por la borda en menos de un año todo lo que había costado llegar.

Los hinchas de San Martín estuvieron a la altura de las circunstancias. El resto, no.





La imagen de Sagra desbordado por las lágrimas del ascenso fue apenas hace nueve meses, pero parece mucho más lejana. Aquella noche del tres de junio, había combatido el frío de la noche más caliente en Ciudadela con un camperón KDY y contenía como un chico a Seri, también quebrado por la felicidad. Hoy, en esta noche que el sueño de Primera llegó a su fin, los papeles se queman, las fotos pierden su valor y todo el sacrificio que costó se tira por la borda hasta que el último pasajero de esta ilusión se hunde otra vez en la B.

Que el presidente de San Martín es el principal responsable de este fracaso no es ninguna novedad. Lo saben todos. Él mismo le reconoció a Caruso Lombardi que hace poco le caían las fichas de los errores cometidos. Lo único que no se le puede recriminar a Sagra es que, aun cuando todo se iba por la borda, no se bajó del barco como Galina y se quedó para escuchar esta noche el pedido de algunos hinchas que más duele: que se vaya. Y que lo acompañe Seri, el manager del club señalado como responsable de algunos jugadores cuando en realidad las decisiones de peso son propiedad exclusiva del presidente.

Sagra había metido volantazos ganadores como cuando echó a Cagna y trajo a Forestello. El choque de personalidades totalmente opuestas y la incompatibilidad en la visión de lo que cada uno pensaba fueron la primera alarma de esta pesadilla que Ciudadela vive. Como pasa en los peores lunes, esa alarma que suena se puede posponer una vez, dos veces, tres veces, pero si no te despertás, se te hace tarde, papá, no llegás a tiempo, el desorden comienza a gobernar tu vida y lo peor de todo esto que injustamente sufre el hincha de San Martín es que no hay manotazo de ahogado que te salve. Mago no soy, había dicho Ricardo Caruso Lombardi, el técnico que sacó un conejo de la galera contra Huracán y nada más.

Pero caerle a Caruso Lombardi a esta altura del partido parece mucho. De hecho se fue aplaudidísimo por la Bolívar y les hizo la seña de una vuelta: lo que no se sabe es si de San Martín a Primera el año que viene, o de él, o ambas cosas. La galera vacía que recibió Caruso Lombardi la heredó de Coyette, el segundo gran responsable de este descenso: la imagen de Coyette desbordado por la felicidad en el Monumental fue apenas hace cuatro meses, pero parece todavía mucho más lejana que la de Sagra y Seri. Aquella noche del primero de diciembre había combatido el clima de verano con camisa blanca arremangada y se apretaba en un abrazo triunfal con Graf y sus colaboradores. Hoy, en esta noche que el sueño de Primera llegó a su fin, la foto del técnico se quema; el clásico, no.

Créase o no, fue después del 3 a 2 monumental que San Martín fue un canto a los errores y el derrotero no se detuvo más. Hay que replantearse en serio las cosas para que ganar un clásico como se lo ganó no sea una inyección anímica capaz de sacarte de la zona roja. Apenas una semana después, contra Newell’s, San Martín fue otro equipo, con otra cara, con actuaciones raras, de esas que el hincha huele hasta escuchándolo por radio. Cuando la actitud se negocia, cuando los egos afloran, cuando el capitán del ascenso deja de ser el capitán, cuando Matías García fue 3, cuando ves los refuerzos que llegaron por llegar, por traer, pero sobre todo cuando no sos capaz de aprovechar jugar a cancha llena y sumar un punto en los últimos cinco partidos de local, ya no queda mucho más por decir.

Lo último, tal vez, era lo que pasó esta noche: haber salido a jugar como la final que era, luchar y ganar cada pelota con el Arregui que justamente había conquistado al hincha contra Boca por la Copa Argentina y su estampa de león se fue en el carrito manejado por el Pulga. Ese volante que tanto significó para San Martín volvió esta noche pero ya no alcanzó. No alcanza porque Carranza rebota, Moreira no salta, Gómez no piensa y Pons no puede. No alcanza porque la falta de gol de los delanteros ha sido el cáncer de San Martín durante todo el torneo. Y no alcanza porque la suerte y los arbitrajes tampoco han acompañado. El peso en la AFA, las copas de champagne, la cultura de la improvisación, todo también es una foto que se moja como un hincha bajo el agua un viernes a la noche. Es inaudito que ningún dirigente haya sabido potenciar el movimiento social que es San Martín. Y que por cuarta vez en Primera se pague de la manera que más duele.