De Famaillá a Los Ángeles para entrenar con Manny Pacquiao
BOXEO
Cristian Coria vivió tres semanas soñadas contra una de las leyendas vivientes del box: “No es fácil hacerlo con 40 años, habla claramente de que es una persona especial”.
La vida de un boxeador suele ser muy complicada y compleja, sobre todo en Argentina. En este rincón del planeta, lejos estamos de esos gimnasios aclimatados con todo tipo de cosas para el entrenamiento del deporte que más medallas olímpicas le dio al país. Así y todo, siempre salen buenos, competitivos, capaces sobreponerse a adversidades impensadas. Esa es la esencia del boxeador argentino.
La historia de Cristian Coria comienza en su pueblo, Loreto, en Santiago del estero, donde nació y de donde emigró a Córdoba junto con su familia. A los 15 años pisó su primer gimnasio y el amor por los guantes comenzó a crecer. “Siempre me gusto hacer deporte, fui a karate, kung fu, fútbol, me gustaba el basquet, salir a correr. Un día un primo, que es boxeador profesional, Gabriel ‘La Garza’ Funes, me llevo a un gimnasio de boxeo, que era de Ramón Silva”, detalla, en diálogo con eltucumano.com, sobre sus comienzos.

Con 17 años, el Zorrito, como lo apodan en el mundo boxístico, se mudó con su familia a Famaillá. En tierras tucumanas decidió continuar con su carrera, entrenando con Lucho Méndez y Manuel Ibiri, dos de los entrenadores más reconocidos de la ciudad. Y desde allí, comenzó a convertirse en profesional. “Luego comencé a entrenar en San Miguel, con Miguel Nasul, con el que estuve muchos años. Posteriormente, decidí salir a recorrer varios gimnasios del país estuve entrenando en Mendoza, Córdoba,Buenos Aires, Junín, Mar del Plata y Santiago del Estero. Aprendí mucho de todos”, detalló.

Esa pelea le abrió las puertas para un mundo nuevo, pero aún no lo sabía. Decidió volver a Argentina y apenas tres meses después lo volvieron a convocar para pelear. “Esa vez no desaproveche la oportunidad. Gané por knock out en el tercer round ante el local Joel Díaz Jr”.











