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San Martín, el candidato que guapea y gana en todos lados

ANÁLISIS

Este equipo lleva la picardía, el malevaje y la cara que hay que poner para que al final de cada partido la mueca sea una sola: la de la felicidad. Aguiar tajeó la noche con una bomba y se suma a la gran clave de un grupo que responde cada día mejor, vence rivales a domicilio y mira a todos desde lo más alto. MIRÁ EL VIDEO

Los 11 de San Martín. Foto Prensa San Martín.





Así de grande lo tiene San Martín. Así de grande al hambre de gloria. Así de grande al corazón. Así de grande la personalidad para guapear y ganar en todos lados. Así de grande a la dupla técnica que ya te metió la ilusión en el mate. Así de grande es el sueño que esta noche se agranda. Así de grande es San Martín, que juega como la historia manda, la rica historia de 110 años que se cumplen el sábado 2 de noviembre, con todo el cotillón, con el papelazo, con el banderazo, con el bombazo que sacó Aguiar hoy para soplar las velitas de la torta con el deseo de siempre, pero un deseo sostenido por la confianza que genera este equipo.

Es una fiesta que te espera en el lugar de siempre: sin maratones pero corriendo para llegar a lo más cerca de la estatua del general San Martín en el corazón de la plaza donde todo empezó, donde cada vez que te das una vuelta por ahí sentís lo que flota en el ambiente. Si cerrás los ojos, escuchás los gritos de guerra y ves flamear banderas. Como lo que pasa en la Pellegrini pero hace casi dos siglos. Es el barrio que está a unas cuadras donde también le pegás un pique: es cuando te quedaste previando más de la cuenta, no te das cuenta que el tiempo se pasó de la cuenta, y cuando te cuentan que tenés que pagar la última ronda de la cuenta, tomás aire y entrás sobre la hora a Ciudadela.

Son imágenes felices que atesora el cofre de los sentimientos que salen a la luz cada vez que la ilusión empieza a escribirse con mayúsculas. Son colores, son canciones que mañana viernes, encima viernes, vas a ir tarareando mientras llegás al laburo o al colegio. Es la cara que le vas a poner al compañero ese de Atlético con el que siempre te cargás porque qué sería de esto sin la cargada sana, cómplice, bien recibida, dando la cara, o guardado un par de días, pero dándola al fin y al cabo.

Es un sentimiento que pela en el hincha de San Martín que está manija cada día de la semana y en ese maravilloso mundo que son las páginas partidarias del club festejan, califican, destacan, y hasta arman debates sobre las frases que suenan en la cancha: “¡Juegue Mi Sucio!”, fue la frase de la semana que generó el debate entre los changos. A algunos no le gusta cómo suena, a otros sí, pero lo cierto es que hoy San Martín jugó cuando pudo, menos de lo acostumbrado, pero con las bases intactas. Que lo que faltó una noche nunca haga olvidar lo que está, señoras y señores.

Porque mientras muchos se preguntan para qué está San Martín, lo responden ellos, los que juegan: ya hablan de la presión por ascender a Primera, ya dicen que se pusieron la chapa de candidato, ya sacan pecho cuando destacan que San Martín sale a ganar en todas las canchas, y descansan con la alarma puesta en todas las líneas de juego: en Arce que ya se acostumbró a la valla invicta y a cortar los centros sin sobresaltos, a Luciatti que en Japón debe haberse transformado en cinturón negro el primer amanecer, a Diarte sacándose todo lo acumulado cuando una lesión le impidió vivir lo que está viviendo y que tanto se merece, a Mercier que juega con una dimensión del campo de juego de estas canchas de ascenso que pisa, que conoce, pero que no deja de sorprender, con Gonzalo Rodríguez en modo pantera para saltar y controlar en el aire, para desbordar, doblar cinturas, sacar el sable y casi.

Si a los patriotas más cercanos como los nacidos en Tucumán, o como los nacidos en el conurbano de Buenos Aires, si a ellos se les suman un uruguayo en el medio, prepárate porque algo grande puede pasar: Luis Aguiar fue el esquivo del mercado de pases, el que vino, se fue, volvió para quedarse, y después de una lesión tempranera, entró y empezó a jugar. Demoró en el tono ante Defensores, pero fueron esos minutos nada más: ya demostró en los videos del club que le pega con las dos piernas como los dioses y se divierte con los festejos, que muere por meterse a jugar cuando está en el banco, y que cuando entra hace todo junto: le pega con trampa de guapo rioplatense, con burla de candombero, que pique y que lo engañe al arquero y acá nos vemos, muchachos: con San Martín volviendo a ganar fuera de Ciudadela, la tercera victoria seguida en esa condición, prepeando a Tigre, a Quilmes y ahora a Almagro, tres clubes de los que animan, no me vengan con chicanas acá.

Si San Martín esta noche ha vuelto a ganar, si se empieza a hacer costumbre, solo habla bien de la dupla que transmite, de los referentes que se acoplan y del grupo humano que sabe la carga que tiene en la espalda y que no le pesa. Históricamente ha pesado todo en el que llega a San Martín y no lo entiende: grandes jugadores han pasado sin pena ni gloria, da la sensación que salvo casos puntuales, este tipo de jugadores es el que mayor comulga con la tradición, con los grandes equipos de San Martín que tienen lugar para uno más, siempre hay lugar para un gran equipo más, en la pieza, siempre hay lugar para un póster más.