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San Martín, el Día del Arquero y el deseo más cantado

ANÁLISIS

Ignacio Arce hizo historia esta noche ante Instituto, fue a buscar el gol del empate sobre la hora y Ciudadela fue una fiesta que gritó más que nunca por el ascenso a Primera. ¿Cómo no ilusionarse? VIDEO

Nacho Arce en su día de gloria. El fotón es de CASM Oficial.





El grito de gol de los otros, ese que no se escucha, ese que salvo por un par de cordobeses festejando de cara a la Pellegrini, hubiera podido significar la peor despedida de San Martín ante sus hinchas. Cae Arce por primera vez de rodillas en Ciudadela, pero se pondrá de pie revoleando la camiseta al viento cuando se mande talibán a la otra área y marque el gol del triunfo que fue este empate.

Ese gol de Instituto había significado el primero recibido en Ciudadela en esta primera rueda mágica que empieza a terminar entre deseos por un 2020 de Primera. Un deseo que movilizó este domingo a una multitud que acompaña siempre pero que también acompaña porque cree.

San Martín en su totalidad se ha ganado el derecho a la ilusión, esa sensación que se construye partido a partido, que empezó agónicamente ante Dálmine con la presentación voraz de Pons. Una ilusión que flaqueó en Junín y que desde que tomó forma en la cancha de Tigre no ha parado de crecer.

Es una ilusión construida por lo que San Martín ha demostrado esta tarde en el primer tiempo con Diarte en modo lanza, con San Mercier mostrando quién manda, pero una ilusión que no se hizo grito por Gonzalo Rodríguez en versión Primera, atolondrado y falto de calma para definir las situaciones clarísimas de gol que erró.

San Martín fue más y mejor que Instituto en el primer tiempo pero no la metió y vio a Pons solo despierto para el reclamo pero no para evitar el banderín en alto y sus problemas con la ley del off side. Una tendencia que continuó ya en desventaja tras el tiro libre del gol en silencio y que obligó a que todos empezaran a ver el banco de suplentes.

Lo primero que aparece cuando se mira el banco es a un pelado de pullover y a un morocho de saco azul. Orsi y Gómez son quienes han construido a este equipo que hoy se despide de sus hinchas hasta el año que viene. Y son quienes tienen que dar un volantazo porque San Martín no le encuentra la vuelta al partido. ¿Qué hacen? Mandan a Brandán a jugar, a crear, a asistir, el gran lunar de San Martín en esta primera rueda con las apariciones discontinuas de Mosca y Castro.

"¡Ponelo a Lucas!", pide un plateísta convencido de que si el gol no estuvo en los pies de Turbo tiene que estar en otro jugador del club. Pero entra Aguiar, quien sugiere más juego, pero no se plasma en la cancha. ¿Entonces? Entra Lucas nomás, Pons sigue en otra y cree que por él era el cambio, Lucas lo despabila, pero seguían dormidas las conexiones hasta que el sueño de Primera sumó una imagen que no puede quedar al margen si hay video del tucumano con San Martín campeón en 2020.

Es la imagen que resume a San Martín, tan desacostumbrado a sufrir que se sentía raro últimamente. Una imagen que resume al que volvió para volver. Una imagen que resume a un equipo de hombres que no se da por vencido ni aún vencido. Un equipo que volvió a fundirse en un abrazo conmovedor al final del encuentro y que así como fue feliz por Pons muchas veces esta noche fue por El Negro, por Nacho, por La Pantera, por este número uno que tiene todo para meterse en la historia grande de San Martín, este hombre que por lo pronto ya tiene su día: 24 de noviembre, Día del Arquero.