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"Cuántas copas que ganamos": los secretos de la vitrina de San Martín

CIUDADELA

Ramiro Villa y Martín Berta fueron a Ciudadela, catalogaron y acomodaron los trofeos que permanecían olvidados. Detrás de cada uno hay una historia diferente para contar.

Sala de reuniones de la Comisión Directiva de San Martín.





El Mariscal Blasco la tiene entre sus manos, la mira y no lo puede creer: la alza, la besa y se la ofrenda a sus compañeros de mil batallas que, esa tarde, en la cancha de Atlético, hace apenas unos minutos han dado otra muestra de coraje trapeando a Newell’s, esos rosarinos soberbios que pensaban que aquí, en Tucumán solo pateábamos cascotes y que, como Boca un par de semanas antes, o como Independiente el año anterior con Erico, Sastre, De la Mata y la mar en coche, se fueron con la cabeza baja, bailados al compás de la orquesta que comandaba Don Roberto Santillán, el DT que también la mira, a ella, a la copa, al trofeo recién entregado al Campeón de la República que a esa altura es uno más de tantos que se acumulan en alguna piecita del club. 

Ahí irá a parar ella, metálica, hermosa, pero fría, porque las copas simbolizan el esfuerzo de todo un campeonato, pero, por mucho que se esfuerce el orfebre, nunca logrará imprimirle a su trabajo, a su copa, el esfuerzo que se realizó para conseguirla. Jamás, un artesano del metal podrá hacer constar en su majestuosa obra, el trabajo de un equipo que luchó con sudor y lágrimas cada pelota para obtener entre sus manos ese trofeo. 

Porque el orfebre no puede imprimirle eso a una Copa, pero los jugadores, los hinchas, los dirigentes y los técnicos sí pueden. Porque ahí están las virtudes del buen orfebre: dejar el pedazo de metal trabajado los más bonito y vacío posible, para que los verdaderos protagonistas lo llenen de historias. Historias que historiadores como Ramiro Villa se encargan de contar.

“Desde el club nos abrieron las puertas para catalogar los trofeos y otros patrimonios, así que fuimos con Martín Berta, socio e hincha de San Martín y nos pusimos a trabajar. La idea es conformar un Departamento de Historia que se ocupe de recuperar y preservar el patrimonio del club y además de difundir hechos que no son tan conocidos”, explica Ramiro Villa, creador de Historia y Pasión Club Atlético San Martín.

La cita era en la cancha, en la sala de reuniones de la Comisión Directiva, que se encuentra en el primer piso, justo entre las plateas centrales altas y bajas: “Los trofeos estaban desordenados, sin criterio. Entonces lo primero que hicimos fue limpiarlos y tratar de jerarquizarlos, acomodando en el centro la habitación, respaldando el sillón que siempre ocupa el Presidente, con los trofeos más importantes”.

“San Martín tuvo varias mudanzas, en una época los trofeos estaban guardados en una Secretaría que funcionó hasta la década la década del 30 en calle La Rioja. Hubo un conflicto con los dueños que embargaron algunas cosas del club. Ahí quedaron trofeos que todavía existen y se podría recuperar”, relata Ramiro. 

Además, agrega que también se perdieron muchas cosas cuando San Martín desalojó el Solar de los Deportes: “Muchas cosas fueron a parar provisoriamente en casa de diferentes dirigentes porque no había donde guardarlas y algunas cosas nunca fueron devueltas al club por muchos motivos. También tenemos esperanzas de recuperar algo de eso”. 

“Una de las Copas perdidas es la Federación le otorgó a San Martín en 1940, por ser el primer equipo que ganó los tres títulos del año (Honor, Anual y Competencia). En aquellos años, había una sola Copa de la Federación que se le entregaba al campeón del anual que debía devolverla al año siguiente, para ser entregada de nuevo. Cuando San Martín ganó todo en 1940, la Federación homenajeó al club entregándole la Copa de forma permanente. Ojalá algún día aparezca porque tiene mucho valor histórico”.

“El trofeo más antiguo fue uno que data de 1914. Solo dice ‘Ministerio de Gobierno – Tucumán’. Deduzco que puede ser de algún amistoso, porque entre 1911 y 1919 los torneos oficiales carecieron de constancia y seriedad y predominaban los amistosos. Además, San Martín ganó su primer título oficial en 1919, ya organizado por la Federación Tucumana”. 


En 1977, durante el gobierno militar, se decidió disolver la vieja Federación de Fútbol y se creó la vigente Liga Tucumana, de los 8 títulos del club, solo se encontraron dos trofeos: “Uno es el último obtenido, el del 2004 y el otro data de 1981, del resto no se encontró nada”. 

Entre el patrimonio catalogado, se pudo distinguir muchos premiso de categorías juveniles o de otras disciplinas: “Encontramos placas, medallas, y trofeos de básquet, vóley y hasta ciclismo tuvo su época de oro en el club”, indica Ramiro.

Por otro lado, el historiador reconoce que hay muchos premios que no pudieron ser reconocido porque carecía de grabado: “Tenemos que seguir investigando, porque no haya referencia alguno en el trofeo mismo. Para eso buscamos fotos de archivos de diarios y los comparamos con los que están en la sala para ver si los podemos identificar. En algunos casos lo logramos, pero en otros no fue posible. Es una tarea bastante complicada”.

“No pudimos acceder a otro deposito que tiene el club, que sabemos que ahí hay más material, así que quedó pendiente una nueva visita”, cuenta Villa que tiene como objetivo recupera y todo el patrimonio y montar un museo al que todos puedan acceder.

“Creemos que muchas cosas que pueden estar tiradas en cualquier casa, o que algunos heredaron y no quieren entregar por miedo a que no se las cuide como es debido, una vez que vean lo que hacemos se van a ir animando a devolver lo que es del Club”. 

Ahora, los trofeos, custodiados por el busto del General San Martín: “Antes estaba montado en un monolito que tenía una placa de mármol que decía ‘Estadio General San Martín’, que es el nombre oficial, La Ciudadela es una sobrenombre”, afirma Villa. 

“Algunos creen que el nombre es Eva Perón, pero solo la platea se llama así, porque fue ella la que gestionó una donación que permitió que San Martín construya su primera tribuna de cemento”, aclara Ramiro Villa.

Pegadito al busto del General, luce un mástil de Madera tallada, con una banderita roja y blanca de seda que tiene una historia desconocida por la gran mayoría: “En otros tiempos, la Comisión Directiva no tenía donde reunirse, entonces se juntaban en la Biblioteca Sarmiento y a veces, en otros mesones, había reuniones de comisiones de otros clubes. Para identificarse, se ponía ese mástil, en el centro de la mesa, era una forma de decir ‘somo San Martín’. Ese mástil representa a la institución”, cierra Ramiro, quien le dedica buena parte de su vida a contar la historia del Santo, la rica historia del Santo.