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San Martín debe recuperar el alma que se olvidó en los pasillos del TAS

ANÁLISIS CIRUJA

El Santo volvió dejar una imagen pálida en Junín y perdió ante Sarmiento como visitante. El sueño del de ser campeón parece imposible. Sin embargo, en unas semanas arrancará en octavos de final por un segundo ascenso a Primera.





“No encuentra el rumbo”, “no se le cae una idea”, “No tenemos nada”, “No hay actitud”, son algunas de la frases que más se repiten entre los hinchas de San Martín tras largas horas de debates y discusioneS en las que todos coinciden en que el sueño del ascenso que, hace unos meses, parecía tan posible, tan cercano, tan palpable, ahora se desvanece y se escurre entre los dedos.

San Martín juega mal, no hay dudas, San Martín carece de capacidad ofensiva y de eso no solo hablan los contundentes números (un solo gol en cuatro partidos), sino que también lo poco que inquieta a los arqueros rivales, a las que más de una vez no hace falta mencionarlos a lo largo de todo un tiempo.

Desde su llegada, Orsi y Gómez se caracterizaron por conformar un equipo que fue de menor a mayor en el juego, pero siempre acompañado por los buenos resultados. Solo basta recordar el agónico gol de Pons a Dálmine, o el triunfo con Riestra de local sin generar demasiadas situaciones, para concluir que aquel San Martín implacable de las primeras 21 fechas, fue solidificándose sobre los cimientos de los triunfos y que la confianza que se iba ganando a base de buenos resultados, terminó, lógicamente, repercutiendo en el rendimiento colectivo que alcanzó puntos muy altos. 

No hay dudas que aquel plantel, al que a menudo veíamos cantar, bailar y saltar al ritmo de Walter Salinas, gozaba de un estado de ánimo tan positivo que se reflejaba en cada partido, sea de local o de visitante. Ese espiral de buenas vibras empujaba al equipo hacia arriba y todo el Pueblo Ciruja se ilusionaba con un ascenso que de descabellado no tenía nada. 

Ahora, en cambio y a pesar de que muchos jugadores y el cuerpo técnico siguen siendo los mismos, el equipo tiene una actitud diametralmente opuesta. Lejos está de demoler rivales a través de una presión incesante, llega más cansado al final del partido que los contrincantes y parece haber perdido el hambre de gloria.

Es más que evidente que la pandemia, la AFA, el TAS y toda esa novela a la que asistimos durante varios meses golpeó tan fuerte  que el Santo parece estar esperando el final de un torneo  que no quiere ni nunca quiso jugar.

Aquella apuesta quijotesca, loable, digna, hasta conmovedora, de la dirigencia por defender hasta “las últimas consecuencias” los derechos del club, hoy vemos que  trae consecuencias que no son tan últimas y de las que todavía no se puede medir el daño. Es decir, San Martín luchó, como debía, hasta el final por lo que consideró justo, pero en esa guerra sin cuartel se desangró, no le quedó resto para afrontar una segunda batalla y parece, ahora, rendirse.  

No obstante, la historia de los clubes se construyen todos los días, y el TAS y su reverso, no son más que un lunar más entre tantas cicatrices dolorosas, pero superadas de otros años y daños. Es decir, San Martín no puede, ni debe seguir mirando lo que pudo ser y ya nunca será. Al fin y al cabo en apenas cuatro semanas, el Santo jugará octavos de final por el segundo ascenso, en términos estadísticos está a tan solo cuatro fases de ascender, solo debe vencer a cuatro equipos para llegar a Primera, hoy está más cerca de la máxima categoría que antes de la pandemia.

El problema radica en la falta absoluta de autoconvencimiento que hay en estos jugadores que pueden pasarse 70 minutos de un partido clave perdiendo 1 a 0 sin patear al arco ¿Por qué? Tal vez porque salieron derrotados desde antes de jugar, tal vez porque el mensaje desde el cuerpo técnico es poco claro ya desde el armado mismo de la formación inicial y si no ¿Cómo se explica que Agustín Sandona que vino como refuerzo no juegue ni aún con los dos centrales suspendidos?, ¿Tan mal está?, ¿Si está tan mal, por qué lo trajeron?

Para este partido, Gustavo Abregú, que debutó hace cuatro años, fue convocado por primera vez por la dupla en 25 partidos, y fue directamente titular. La semana pasada Abregú estaba en la platea y Sandona en el banco, hoy, Abregú estuvo en la cancha y Sandona siguió en el banco. ¿Estas cosas son culpa de Abregú o de Sandona? Claramente no, supongo que la dupla tendrá sus explicaciones, pero para los de afuera son difíciles de entenderlas. 

¡Ojo! San Martín lejos estuvo de perder por el ingreso de Abregú o la ausencia de Sandona, sólo que esto marca el desconcierto generalizado que hay en un grupo de trabajo que parece haber perdido la brújula. No es lo mismo manejar un grupo en los triunfos con todos cantando cuarteto que manejarlo en las derrotas, con todos cabizbajos y con pocos ánimos. Ahí estará el desafío de Orsi y Gómez que ahora tienen que recuperar a su plantel y encaminarlo para luchar por el segundo ascenso, que disputarán en igualdad de condiciones con otros 16 equipos. 

“No está muerto quien pelea”, reza un dicho popular, el tema es que hoy por hoy el Santo no parece pelearla adentro de la cancha como sí lo hizo afuera. Es tiempo de luchar, de recalcular, de barajar y dar de nuevo, de recuperar la fe, al fin y al cabo son 4 fases para ascender, cuatro rivales más uno, el más difícil, el más importante: vencerse a sí mismo y su propia victimización. San Martín supo salir de situaciones mucho más difíciles. Pero para eso hay que recuperar el alma y volverla a poner en la cancha, esa misma alma que parece haber quedado olvidada en Suiza, en algunos de los pasillos del TAS.