Crónica de una eliminación anunciada: de la victimización al derrotismo
ANÁLISIS CIRUJA
San Martín quedó afuera de la lucha por el ascenso casi sin pelearla y preso de su propia conducta pesimista. Es un final injusto para el club por lo que se había hecho antes de la pandemia. Ahora se viene una difícil transición con cambio de gestión incluido. Serán tiempos de cambios y replanteo de rumbo institucional.
No hay dudas de que el partido de la dignidad San Martín le ganó a Atlanta por goleada.
Demasiado se ha escrito en este medio sobre la increíble resolución de AFA que posteriormente fue respaldada por el TAS con argumentos insólitos. Ya todos sabemos que a San Martín le robaron descaradamente 44 puntos que había cosechado en buena ley.
Además, ese buen equipo se desarmó porque se fueron los mejores y quedaron algunos pocos, de los cuales la mayoría eran suplentes o ni siquiera. Está claro que de aquel plantel que iba primero casi no quedó nada y que este era otro San Martín, a todas luces, más débil.
Todo esto generó una victimización exagerada que terminó convirtiéndose en derrotismo anticipado. Lejos que la adversidad motive al plantel e infle el pecho del equipo, San Martín encaró este mamarracho de torneo derrotado desde el minuto 1.
Así arrancó con el Cuco Tigre que mete tanto miedo que quedó eliminado en la primera ronda. Así perdió con Rafaela y Sarmiento sin pelearla. Y así también se lo empataron hoy, porque fue un equipo que jamás creyó en si mismo y por eso, cuando hoy ganaba, era muy previsible el empate.
¿Quiénes son los responsables? Un poco todos: los directivos que hace varios meses que no tiran mensajes positivos y que todavía no se entiende si quieren estar o irse; los jugadores que, salvo algunas honrosas excepciones, los demás fueron absolutamente desalmados; y el cuerpo técnico al que se le quemó los papeles demasiado rápido.
Justamente, Orsi y Gómez no le encontraron nunca la vuelta a este nuevo equipo y terminaron siendo presos de su propias estructuras. De hecho, insistieron con una disposición táctica de 4-5-1 que tan buenos resultados les había dado, pero sin tener en cuenta que las características de los jugadores era otra.
Jugar con un solo delantero requiere de un 9 movedizo, dinámico, con despliegue. Pons cumplía con eso, en cambio Ramiro Costa y Lucas González son mucho más estáticos. Además, las cualidades de Gonzalo Rodríguez, que pudo jugar poco este campeonato, jamás fueron emuladas por otros futbolistas.
De esta forma, el Santo perdió peso en ataque, generó muy pocas situaciones y marcó pocos goles. Tal vez, los técnicos podrían haber buscado alguna alternativa táctica para remendar estos defectos.
En la defensa, los inconvenientes vinieron por la elección de los jugadores. Por empezar se sabía de entrada que había pocos centrales y con poca experiencia, para cubrir el puesto llegaron Joaquín Varela con un puñado de partidos en Primera y Agustín Sandona a quien ningunearon hasta el último día, prefiriendo poner a juveniles o improvisar laterales antes que ponerlo a él ¿Para qué lo trajeron entonces?
Hoy Sandona entró por Orellana y tuvo una presentación más que aceptable, exponiendo a los DT en su caprichosa decisión de no incluirlo nunca, ni con el agua hasta el cuello ¿Por qué no lo ponían?
Si de caprichos hablamos, la presencia de Emiliano Purita en el 11 titular es uno de ellos. Nunca se supo de que jugaba: a veces de lateral, otras de carrilero, por ahí de doble 5. En ningún caso rindió, sin embargo fue una rueda de auxilio (pinchada), permanente. Su actuación contra Atlanta fue flojísima a tal punto que estaba cantadísimo que el empate llegaría tras un desborde por ese costado.
Los técnicos, a dos metros de la línea que Purita no podía cerrar, jamás reaccionaron y como ya había sido anunciado, a los 46 del complemento llegó el gol por ese lado con la displicencia de Gonzalo Rodriguéz para marcar.
Este San Martín fue la antítesis de aquel con espíritu ganador y hambre de gloria. Antes no se lo podía dar muerto nunca. Ahora empezaba los partidos derrotado y sin capacidad de respuesta. Por su puesto que ha jugadores que son la excepción a esta regla, porque incluso hoy, la actuación colectiva fue no fue mala. Ahí podemos mencionar a Arce y su juego con el pie; a Noir con su despliegue y gol importante, a Diarte por su templanza en el penal, con gesto incluido, y entrega en los 90; y por su puesto a Tino Costa que con sacrifico y sabiduría estuvo a la altura de la circunstacias y puso la cara por el equipo y hasta le daba el triunfo con un gol de antología.
En si mismo, como el mismo título de este análisis lo dice, la derrota de hoy era previsible, si no era hoy, era el miércoles, pero fundamentos para ilusionarse con un ascenso no había. Es por eso que tal vez no duela tanto, pero si preocupa, porque el panorama del futuro inmediato es desolador.
Por empezar no hay ningún tipo de información de cómo ni cuándo se disputará el próximo ascenso. Además, tampoco se sabe quiénes tomaran el timón del barco. Roberto Sagra manifestó en repetidas ocasiones que no se presentará a las próximas elecciones que, dicho sea de paso, en situaciones normales debería haberse llevado a cabo hace 8 meses.
Mirkin y De Camilo, por ahora, juegan en silencio, no se postulan, pero no se descartan, ni juntos ni separados. Constanzo siempre está, Adrián Seco es el único candidato firme y toma fuerza Augusto Rodríguez de Modernicemos San Martín que tendría intensiones.
El que sea agarrará un hierro caliente que tendrá que saber dominar en poco tiempo, porque no habrá ni paciencia ni estructuras firmes. La pesada herencia de la pandemia, y los resultados deportivos, serán el primer obstáculo a vencer de la próxima gestión.
Para entonces, habrá que pensar en un San Martín más firme que no se derribado por la primera brisa. Habrá que armar planteles con jugadores que no abandonen a mitad del río y tendrán que buscar un identidad institucional que no dependa de grandes padrinos.








