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Un poco de suerte nunca viene mal: San Martín y un empate para levantar el ánimo

análisis ciruja

El Santo rescató un punto sobre la hora en Caseros gracias a un gol en contra. Hubo pasajes de buen juego y algunos errores repetidos para un resultado que puede servir para ser el despegue definitivo tras 9 fechas sin triunfos.





Hay empates y empates. El del otro día, en La Ciudadela errando mil goles contra un equipo inferior es un empate que no suma uno, sino que resta dos. En cambio, el de hoy, como visitante, sobre la hora, después de ir perdiendo todo el partido y con un gol en contra es un puntazo.

Si ambos partidos dejaron el mismo saldo en la tabla, si ambos sumaron un punto, ¿Por qué dejan sabores tan distintos? ¿Por qué empatar a veces duele, y otras fortalece?

La respuesta es que en el fútbol el estado de ánimo es muy importante, incluso puede llegar a ser lo más importante. En todo partido hay un momento, un punto inflexión donde los jugadores saben si van a poder inclinar la balanza a su favor o, si por el contrario, la taba caerá del lado equivocado.

En todo esto también juega un poco la suerte, porque toda la que faltó el domingo pasado, con el doble tiro en el travesaño, con las atajadas inverosímiles de un arquero del montón, hoy fueron compensada, en parte, solo en parte, por una carambola insólita que terminó en un gol en contra agónico.

No hay que perder de vista que San Martín lleva nueve partidos sin ganar, pero no es menos cierto que este es un torneo nuevo, y que se ve una leve mejoría con respecto al campeonato anterior y en eso también juega la suerte, porque cuando Noir o Ramiro Costa la tiraban afuera no aparecía ningún pecho de un defensor para meterla adentro sin querer.

También es verdad que a la suerte hay que ayudarla y en estos primero dos partidos, se vio un mejor rendimiento, con respecto a los siete anteriores. Algunas apariciones, sobre todo en mitad de cancha, invitan a entusiasmarse, no todavía con un ascenso, porque falta mucho, pero sí con un mejor funcionamiento y de ahí empezar a construir un equipo al que recién se le están cavando las fosas para los cimientos.  

Cuando hablo de esas apariciones me refiero a Daniel González que tiene destelló de calidad, como el sablazo que pegó el ángulo el otro día, como el pase de gol a que Tino Costa desperdicio pegándole al travesaño. También hablo de Emanuel Cuevas, revulsivo, caradura, encarador, todo lo que antes no abundaba, a él parece sobrarle, veremos si tiene regularidad para sostener el nivel.

Que nadie se confunda, no estoy hablando de que hoy el equipo haya jugado bien, ni mucho menos. Simplemente mejoró, un poquito, con respecto a los anteriores partidos de visitantes, pero sigue costando destacar grandes valores individuales, de los colectivos ni hablemos.

Un de las cosas que no mejoran, es el planteo inicial, al que tampoco ayudan mucho los cambios posteriores. La dupla insiste en jugar con un solo delantero y con volantes que lleguen desde atrás, algo que no siempre sucede.

Esta es la tercera vez que la dupla hace el mismo cambio: sale Estigarribia y entra Lucas González. Es cierto que el 9 titular estaba más desaparecido que otras veces, pero hoy lo sacó con el equipo perdiendo. Tal vez deberían haberle sumado a Lucas González y no haber hecho el cambio puesto por puesto. Sobre todo, teniendo en cuenta que terminó entrando Lucas Cano a cumplir funciones parecidas. Entonces, el equipo termina con dos delanteros, pero ninguno es el que se eligió como titular.

En cuanto a lo defensivo, se vio a dos laterales firmes en defensa, a los que les cuesta atacar con precisión, aunque Sansotre terminó soltándose con criterio sobre el final. Los centrales cumplieron, Orellana es el mejor, por lejos. Pellerano tiene una experiencia más que evidente, pero en el gol de Estudiantes se abrió inexplicablemente dejando todo el pasillo libre para que llegue Bolzicco y defina como los dioses, fuera de eso, estuvo bien.

Está claro que a este equipo todavía le falta mucho por mejorar, y que en tres partidos apenas hizo un gol que lo marcó un rival. Pero siempre es mejor empatar que perder y de visitante, sobre la hora y con un gol en contra, le levanta el ánimo a cualquiera. Eso no es despreciables, la próxima… la próxima vemos.