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Mejor que Enzo Pérez: la noche épica de Beraldi en el arco de San Martín

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El futbolista de River se vistió del arquero pero no fue exigido en 90 minutos. En cambio, el ex jugador del Santo se calzó los guantes y le bastaron cinco minutos para hacer historia de verdad. Tres intervenciones memorables y el relato de un partido tan increíble que pareció guionado. VIDEO.





Hay futbolistas que pasan la historia por haber defendido la misma camiseta durante años, por haber sido emblemas de determinados colores durante varias temporadas. Hay otros que se ganan la gloria a base de goles, alguno hacen pocos pero importantes y otros, muchos, en grandes cantidades. Están aquellos a los que les basta una intervención precisa, transcendental, épica, inolvidable, puede ser un gol olímpico en una final, o una palomita memorable  desde mitad de cancha en clásico.

Hay otros, en cambio, que se cuelgan del cielo de la memoria colectiva por una jugada casi fortuita, inédita, extraña, épica. Ese es el caso de Víctor Beraldi que formó parte del San Martín 2011/2012 que militaba en el Federal A.

El cordobés había llegado con buenas credenciales como volante creativo. Habilidoso, encerador y de buena pegada con la zurda, se perfilaba para ser una de las figuras del equipo dirigido por Monzón que buscaba volver al Nacional B lo antes posible.

Nada fue como se esperaba: Monzón se fue antes de lo esperado en dudosas circunstancias, Beraldi se golpeó la cabeza y no participó del tramo final del torneo y el equipo no logró el objetivo de volver, culminando el primero de los largos cinco años en el infierno del fútbol.

Sin embargo, ante del desenlace funesto de aquella olvidable temporada, hubo una noche que marcó a fuego a ese equipo y sobre todo a Beraldi que, desde entonces, es un mito viviente en Ciudadela, al que ayer Enzo Pérez intentó emular en el arco de River, aunque sin la épica del ex jugador del Santo.

Sucedió en Salta, un miércoles a la noche en febrero del 2012. San Martín venía a los tumbos, tratando de asentarse, de conseguir la regularidad que le permita alcanzar los puestos más altos de la tabla.

El Rival era Juventud Antoniana que hacía de local en el estadio Padre Martearena. Varios centenares de Cirujas ocupaban una de las cabeceras y eran testigos de lo que parecía un partido más.

A los siete del complemento, tras un  buen contragolpe, el defensor salteño Barrera se la metía en su propio arco y San Martín se ponía en ventaja casi sin querer.

Era un triunfazo de visitante, pero Diego Gallo, árbitro del partido, no estaba dispuesto a hacerla tan fácil para el Santo,  por eso no sorprendió que ante un forcejeo con un rival, solo saliera expulsado Emmanuel Loeschbor.

Con 10, los de Ciudadela aguantaban como podían, pero Gallo inclinaba cada vez más a la cancha y a los 43 minutos Lucas Hoyos, actual arquero de Velez y por entonces de San Martín, se llevó puesto a un delantero y el referí no dudó en cobrar un penal: “El árbitro estaba esperando esto”, decía en el relato Martín Vega. Hoyos ya estaba amonestado y terminó expulsado.

Así San Martín se quedaba con 9 y tenía un penal en contra a dos minutos del final: “En ese momento no nos dimos cuenta que Lucas estaba expulsado y ya no teníamos cambios. Cuando veo el arco vacío y que todos nos mirábamos, me animé a agarrar los guantes”, recuerda Víctor Beraldi en charla con eltucumano.com.

“A mí siempre me gustó atajar, en los picados con amigos, en las prácticas informales, en los partidos recreativos, cuando se puede aprovecho y voy al arco y por eso ese día me ofrecí, salió improvisado no estaba charlado ni practicado ni nada, salió así”.

“Me acuerdo que Lucas Hoyos me pasó su buzo y los guantos, me dio un abrazo y me brindó confianza. Yo me paré en el arco y sentía a la gente a la espalda mía. No tenía nada que perder y tenía todo para ganar y ser el héroe”, revela.

Víctor se calzó el buzo amarillo, que decía “Secco” en el pecho, le quedaba visiblemente grande por el 1,73 eran poco para el más 1,90 de Hoyos. El arco, inmenso, le sobraba por todos lados, parecía gol seguro, y encima después venía el tiempo adicional en el que Juventud cargaría conto d en busca del triunfo.  

Emanuel Giménez, capitán de los salteños, con la cinco en la espalda agarró la pelota como quien va a realizar un trámite. Miró el arco y fusiló cruzado sin contar con astucia del arquero improvisado que se adelantó todo lo que pudo, que voló con las manos firmen mandando la pelota al corner.

Aunque la tribuna lo festejó como un gol, no hubo tiempo para relajarse, porque un alcanza pelota acomodo rápido la pelota que volvió en forma de centro menos de tres segundos después: “Descolgué ese centro después del penal y ahí ellos la tiran afuera”, comenta.

Ahí sí, Beraldi se fue para atrás del arco a colgarse del alambrado de la visitante del Martearena que se venía abajo.

Había pasado lo peor y se venía lo mejor: “Fue una falta en ataque, ellos estaban lanzados arriba y yo lo vi al Arenero López del otro lado de la cancha y le tiré un cambió de frente de izquierda a derecha, de defensa a ataque. El corrió unos metro le sirvió el gol al Nivi Núñez y así liquidamos el partido. Fue una noche soñada”.  

Beraldi, esa noche, se volvió leyenda de Ciudadela y aun hoy sueña con volver: “Al poco tiempo tuve un golpe en la cabeza muy fuerte que me sacó de lo que quedaba de campeonato y después me fui. Siempre quedé con la espina de que podría haber hecho más en San Martín”.

“Por supuesto que me gustaría volver algún días, cuando San Martín jugó en Río Cuarto contra Atlanta yo fui a ver el partido y estuve charlando con algunos dirigentes que quedan desde esa época, tengo los mejores recuerdos del club y de la ciudad donde me sentí muy cómodo y bien tratado”, confiesa el futbolista que actualmente milita en Estudiantes de Río Cuarto desde el 2016.

La comparación es inevitable, y como buen futbolero, siguió el atípico partido de River en el que Enzo Pérez tuvo que defender el arco ante el brote de COVID que había contagiado a los cuatro arqueros inscriptos: “La situación es muy distinta, atajar desde el comienzo debe haber sido mucho más difícil. Yo no tuve tiempo de pensar y tenía que aguantar unos minutos nomás. Pero me imagino que él, igual que yo, habrá pensado que no hay nada para perder y que si sale bien sos héroe. Además los futbolistas estamos para servir al equipo donde haga falta”.

Victor nunca más tuvo que calzarse el buzo en su carrera aunque no dudaría en volver a hacerlo: Jamás me tocó que expulsen a un arquero compañero de nuevo. Pero si pasa no dudaré en pedir los guantes y volver a atajar”, cierra.